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Lun, Dic

Independiencia ayer, ¿independencia hoy?

Linea Conflicto Social y Paz

Por: Alfonso Insuasty Rodriguez.*

Durante más de treinta años se forjó, gracias a numerosas rebeliones, como la de los  indígenas y el mismo movimientos comunero de 1781, la gesta de la independencia contra la dominación española; hoy continuamos en resistencia, viviendo nuevas formas de colonización.

escudo colombia

Escudos de Colombia desde 1717 hasta nuestros días.

Artículo publicado en la Revista Kavilando. 2012.** 

Resumen.

Durante más de treinta años se forjó, gracias a numerosas rebeliones, como la de los  indígenas y el mismo movimientos comunero de 1781, la gesta de la independencia contra la dominación española; hoy continuamos en resistencia, viviendo nuevas formas de colonización y dominación, identificamos similares o más agudos problemas que merecen un procesos de cambio hacia condiciones más dignas de vida, que posibiliten la autonomía del os pueblos y la definición de sus devenir en beneficio de Colombia y menos al servicios de los grandes intereses internacionales, es ésta la línea editorial que motiva éste nuevo numero de la revista kavilando, esperando sea un instrumento útil par a la reflexión y el aporte a una mirada critica de nuestra realidad.

Palabras clave: independencia, dependencia, condiciones de vida digna, resistencia, construcción de nueva sociedad.

Esos primeros alzamientos en Simacota, Mogotes y Charalá,  en  Neiva, los mineros y comuneros de Guarne, Sopetrán y Rionegro, en  Tumaco y  Casanare, la liberación de los esclavos indios en las minas de Mariquita, Tolima, y el de los Comuneros del Socorro en 1781, todos en el mismo año, no apuntaban propiamente contra la autoridad real, sino contra la mala administración de virreyes y funcionarios de las colonias, los manejos amañados, corruptos, el clientelismo, el favoritismo, el beneficio a una élite, de ciertos círculos del poder económico, los altos impuestos, los abusos y  el mal gobierno etc., el escenario para que se gestarán los Insurrectos levantamientos de 1810 y 1811

Pero  rebelarse contra la monarquía, contra el poder hegemónico imperante de la época, lograr unidad en la lucha y el separarse de las creencias Religiosas que terminan dominado la conciencia y el actuar de los pobladores, no fue un proceso para nada fácil y cómo era de esperarse, la respuesta contra estos los alzados, contra éstas luchas por mejores condiciones de vida, fue arrasadora  en tanto que a líderes como el capitán comunero José Antonio Galán, se le sometió a tratos crueles y fue posteriormente condenado a muerte y al descuartizamiento como mensaje para los demás amotinados y como advertencia para quienes conspiraban por transformaciones profundas en la sociedad de entonces.

En las grandes transformaciones políticas siempre surgen y se desarrollan tendencias ideológicas contrapuestas o complementarias. Así sucedió en el movimiento de 1810, las propuestas de Nariño y Torres, (la guerra de la mal llamada Patria Boba) planteaba  una diferencia fundamental en torno al carácter de nación unitaria o confederación de pueblos. Se trataba de un punto estratégico para el futuro de lo que sería la sociedad colombiana. Bolívar y Santander, no coincidían, tampoco, con las de Vargas y Caldas.. y esto, como para mencionar los más identificados dirigentes de la revolución de independencia; pero, a pesar de que no se manifestaban en forma organizada coincidían en un ideal común que les permitió alcanzar su plan de liberación.

La lucha revolucionaria de independencia aglutinó cuatro tendencias ideológicas:

1) Los enciclopedistas democráticos, opuestos al control eclesiástico sobre las mentes como a la unidad de religión y estado, con una nueva mentalidad sobre la sociedad y el poder político; entre ellos sobresaldría Pedro Fermín de Vargas.

2) Los liberales democráticos influidos por la Revolución Norteamericana y la Revolución Francesa con su sistema de gobierno democrático del que los estadounidenses fueron vanguardia mundial con su liberación de Inglaterra en 1782 y los franceses contra la monarquía; Nariño y Santander partieron de allí.

3) Los liberales monárquicos, radicales en su lucha contra el colonialismo, no convencidos de la democracia o influidos por regímenes europeos exitosos por entonces, con influencias de los revolucionarios franceses, temerosos de la experiencia gala de excesos y dubitaciones; allí estaría Miranda y se encuadraría también Bolívar con su constitución boliviana y su tentación monárquica con los ingleses.

4) Los escolásticos radicales, ceñidos a la fe católica, con fidelidad a la monarquía, unas veces con tendencia a unirse a España como provincia otras empeñados en la separación definitiva, unas inclinados a la construcción nacional otras partidarios de confederación de pueblos y regiones; podrían señalarse a católicos fervorosos como Torres y Caldas partidarios de esta alternativa como resultado de la lucha de 1810.

Tarea bien difícil era la de unir en un sólo movimiento revolucionario tendencias tan disímiles, no resultaba fácil llevarlos a una guerra contra la potencia todavía la más poderosa del mundo, difícil fue aglutinar un ejército sin recursos, sin armamento moderno, sin militares experimentados.

Eso fue lo que logró Bolívar, unió, aglutinó, suavizó las diferencias, perseveró, mantuvo el ánimo guerrero, señaló el objetivo fundamental, aprovechó los recursos del medio, entendió el ánimo del pueblo, dirigió la revolución.

El movimiento de independencia de 1810 a 1819 nos liberó de la dominación colonial de España. Significó un cambio profundo de las instituciones, de la política y de la economía. Fue una auténtica revolución violenta. Fueron ejecutados grandes dirigentes por el dictador Morillo, murieron en el campo de batalla jóvenes promesas de la Nación, cayeron en la lucha miles de campesinos, indígenas y esclavos incorporados al ejército libertador. Nueve años de lucha, de batallas, de cárcel, de sufrimiento y de gloria. Y lo fue también de confrontación interna. No toda la población estaba a favor de la independencia. La alta nobleza criolla pro española, el alto clero, grandes terratenientes de concesiones realengas, se mantuvieron con el dominio español hasta el final. Y entre los grandes dirigentes de la revolución hubo división ideológica, desacuerdos tácticos, hasta guerra civil. Pero triunfó la constancia, el acuerdo, la persistencia y la visión de que había que liberarse de España. En medio del enfrentamiento interno predominó la unidad final que llevó al triunfo de la revolución.

Quienes dirigieron la revolución fueron conscientes de que se imponía una transformación radical de la educación, que sin lograrla no podría reconstituirse un nuevo país, apenas se iniciaba el gobierno independiente, el vicepresidente Santander, que reemplazaba a Bolívar mientras se desarrollaba la campaña del sur, introduce cambios drástico de conepción fundamental en el sistema educativo util para el sieetma dominador Español, por ejemplo, la enseñanza del filósofo positivista Bentham pasa a reemplazar la escolástica, entregarle al Estado el control educativo y así formar los nuevos maestros laicos. Era lógico. Se había logrado el poder político con la derrota de la colonia, pero no se había consolidado el triunfo sobre las mentes del pueblo.

No puede dudarse que se operó un cambio radical de la sociedad neogranadina. Feneció el régimen colonial, acabó la dominación política, se acabó el virreinato, los virreyes y los administradores y los funcionarios que representaban a España tuvieron que salir,  los habitantes de cada nueva nación pudieron escoger sus gobernantes y los pudieron cambiar y los pudieron juzgar, así mismo tuvieron la capacidad de definir su economía, de organizar su producción, de tomar posesión de sus recursos naturales y de su riqueza. Y esto hay que decirlo, cualquiera haya sido su posterior desarrollo. Si no hubiera sido así, hubiera sido imposible poner las bases de un Estado-Nación.

Las divisiones territoriales de la colonia no definían nacionalidad, los límites no tenían carácter de nación. En el momento del grito de independencia surgieron distintas declaraciones y constituciones que denotaban la ausencia de cohesión nacional. Cartagena, Santa Marta, Antioquia, Chocó, Socorro, Casanare, Neiva, Mariquita, Pamplona y Tunja, se dieron juntas de gobierno independientes o constituciones propias, todas en lo que entonces se llamaba Virreinato de la Nueva Granada. No sería fácil unirlas, cohesionarlas, integrarlas en una sola nación, hoy llamada Colombia.

Tomó un siglo la transformación ideológica que significó el derrumbe de la concepción arraigada profundamente en la conciencia popular sobre el origen divino de la autoridad real.

Tuvo que surgir en el mundo la gigantesca obra iconoclasta de la Enciclopedia en Francia, y abrirse paso la revolución protestante en Norteamérica en la mente de los ideólogos y combatientes de la independencia de Estados Unidos, y rugir sobre el mundo las ideas de la Revolución Francesa con sus ideólogos y combatientes, y expandirse por las escuelas la teoría de la licitud del tiranicidio en la conciencia religiosa de la época que se enseñaba en el Colegio de San Bartolomé, para que los dirigentes dirigieran la revolución y el pueblo se atreviera a rebelarse contra el poder político de la monarquía y la jerarquía eclesiástica.

La independencia nacional es soberanía. Y la soberanía democrática es la libre determinación de una nación para definir el carácter del Estado en sus constituciones y para escoger su sistema de gobierno sin interferencia extranjera. El movimiento de 1810 inició una larga lucha de nueve años en Colombia y de casi quince en el resto de América Latina para lograrla y consolidarla. Después de dos siglos ese objetivo de la lucha de 1810 sigue vigente. En una lucha dos veces centenaria Colombia ha sufrido dos atentados directos contra su soberanía, el robo de Panamá de 1903 y la entrega de la bases militares que acaba de hacer el gobierno de Uribe a Estados Unidos. No importa cómo se disfracen. Hoy como hace dos siglos la lucha por la soberanía es objetivo prioritario de la construcción y solidificación de la Nación.

Ni la globalización ni el intercambio ni las comunicaciones pueden desvirtuar la independencia y la soberanía de las naciones para que la dominación y la protección disfrazada de unos países sobre otros mantengan la pobreza y el hambre sobre el mundo.

Hoy 200 años después, la sociedad cuenta con condiciones de vida propias de la época anterior al levantamiento por la independencia,  de acuerdo con los datos proporcionados por Dane publicados el 22 de este mes, la población colombiana por debajo del nivel de la pobreza ascendió al 66,3 por ciento.

Estos indicadores de pobreza se presentan más preocupantes si se tiene en cuenta que se han acelerado en estos últimos 6 años con relación a la medición anterior. En 1980 registró 50 por ciento, en 1997 55 por ciento con un crecimiento medio anual del 0,6 por ciento. Entre 1997 y 2003 el crecimiento anual medio ha sido del 3,2 por ciento (cinco veces mayor).

Pobreza que cubre al 60% de sus habitantes, Colombia está entre los once países con peor distribución del ingreso, el coeficiente de Gini, que mide estas desigualdades, no se modificó en estos diez años y permanece en 0,59. Uno de cada dos colombianos es pobre y uno de cada cinco es indigente, excepto en el sector rural, donde la miseria permaneció inalterada en cerca del 33%, uno de cada tres, entre 2002 y 2008.

Teniendo tierras de sobra dependemos cada vez más de la comida importada, van dos décadas de cierres de industrias mientras las nuevas brillan por su ausencia y la economía se desnacionaliza y tiende a especializarse en la minería de las trasnacionales. ¡A especializarse en minería! ¡Y extranjera! ¡Como en la colonia española! como lo asegura Suárez Aurelio (2010),

Hoy las perspectivas para la democracia, el progreso, la superación de la pobreza, disminuir sustancialmente el desempleo, eliminar la corrupción, la búsqueda de una salida negociada del conflicto armado, sancionar ejemplarmente  los crímenes de estado, la búsqueda de la verdad,  la justicia y la reparación, impedir todo  TLC neoliberal, el afianzamiento de la Soberanía Nacional, la normalización de las relaciones con los países hermanos; no son esperanzadoras.

Mientras la economía creció por el 40% en los recientes años de precios altos para bienes básicos y materias primas, el desempleo apenas se redujo en el 5% y se mantiene por encima de dos dígitos; es un injusto modo de repartir los beneficios de las políticas de un gobierno que beneficia a ciertos sectores.

La “cohesión social”, como “Familias en Acción”, que ya cubren a 3 millones de familias, más de una cuarta parte de la población colombiana se trata con subsidios que no permiten la superación de la pobreza por el contrario promociona una cultura de dependencia y dada a la mendicidad.

La participación en la producción de los sectores de mayores posibilidades de acumulación nacional -como la industria y la agricultura moderna- ha decaído y en su reemplazo predomina la explotación de minas e hidrocarburos y el sector financiero, utilizando con tal objetivo la sustitución del ahorro interno por el externo. En 2002, la inversión extranjera total era de 22 mil millones de dólares y al ahora pasa de 75 mil, por poco se cuadruplica.

Hoy, con la instalación de las bases militares, se comparte el monopolio de la fuerza con el ejército estadounidense, degradándose la soberanía nacional, hacia la recolonización plena; en tanto, a la par, la democracia se ha vuelto una caricatura.

Un país en retroceso, expresado en despotismo y guerras además de hambre, pobreza, desempleo e indigencia para la mayoría, incluyendo ya a millones de personas en New York, Madrid o Tokio, el mundo caerá indefectiblemente en una situación explosiva. De ella no lo salvarán ni la manipulación de la conciencia colectiva, ni remedios paliativos, ni tampoco las acciones agresivas de todo orden que se adelanten para acallar demandas y dolencias de más del 80% de la humanidad. El planeta y el país exigen un viraje completo, andar en lugar de seguir desandando. Las distintas contradicciones están cada vez más acentuadas; ¿Será que en 2019 se habrá aproximado el desenlace?

El “libre comercio” podrán servirles de taparrabos ideológico a las medidas que se toman en Washington para beneficiar a las trasnacionales y a unos cuantos criollos, pero no sacarán al país de la encrucijada en que se encuentra.

¿Está Colombia, entonces, condenada a ser una plutocracia empobrecida, corrupta y violenta? Por supuesto que no. El país posee los dos recursos claves para la prosperidad de las naciones: enormes riquezas naturales y un pueblo inteligente, creativo y trabajador como el que más, según se reconoce en los países donde tantos colombianos han tenido que irse a trabajar porque en su patria esa posibilidad elemental les es negada por un régimen que distribuye la riqueza de la peor manera y, peor aún, entraba la posibilidad de crearla. Colombia empezará a resolver sus problemas cuando desde la dirección del Estado se impulse un proyecto de unidad nacional que tenga como propósito supremo el progreso de toda la nación y no solo el de los pocos que logren separar su suerte personal de la de sus compatriotas, de manera que a ellos les vaya bien mientras que al resto de país le va mal.

Para ese proyecto deberá defenderse, primero, la producción industrial y agropecuaria, desde la pequeña hasta la del empresariado, pues de ella depende el avance de un país como el nuestro. Segundo, las mejores condiciones de vida y de trabajo de los colombianos, porque estas deben ser el objetivo de toda política económica y porque sin ellas la nación no puede prosperar como un todo. Tercero, alcanzar la democracia, pero la auténtica, es decir, la que responde a la idea de gobernar para la inmensa mayoría y mediante criterios democráticos, concepción que incluye rechazar la lucha armada en Colombia como manera de tramitar las diferencias sociales y políticas, según lo hemos planteado desde hace décadas. Y cuarto, lo principal: la soberanía, que significa que debemos relacionarnos con todos los países del mundo, incluido Estados Unidos, pero no con relaciones de mula y jinete, sino con intercambios de respeto mutuo y beneficio recíproco.

En lo político, hay que construir una unidad tan amplia como amplia es la unidad social que se propone, que va desde los obreros y los campesinos hasta los empresarios no monopolistas, pasando por las capas medias de todos los sectores. El Polo Democrático Alternativo constituye una buena base, porque se trata de un proyecto unitario, de puertas abiertas. Pero habrá que unir todavía más: a todo el espectro político que considere que el país está demasiado mal, pero que puede salir adelante y que para lograrlo se requiere organizar un gran proyecto de unidad y progreso nacional como el esbozado.

La sangre derramada por los Comuneros, abono el camino de la Independencia,  que  en su primera fase, fue rematada en Boyacá por Bolívar y sus soldados en 1819.  la idea es que como sociedad, continemos en la lucha por la dignidad y la soberanía, evitando toda muestra de dominación , tan criminal como aquella.

No somos libres aún.

Referencias bibliografías

Arrazola, Roberto. (1970). Palenque, primer pueblo libre en América. Ediciones Hernández. Cartagena.

Arciniegas, Germán (2009). La libertad, el destino de América. Planeta. Bogotá.

De Friedman, Nina, (1979). Guerreros y ganaderos en Palenque. Carlos Valencia Editores, Bogotá.

Ocampo T José Fernando (Mayo de 2010) Conmemoración del Bicentenario (III): 1810: La lucha política.

Bogotá. www.moir.org Robledo Jorge Enrique. (2010) El Empresariado y un proyecto de unidad Nacional, Bogotá. En: www.moir.org

Suárez Montoya Aurelio (2010). 2000- 2009. Una década de retroceso. Bogotá. www.moir.org

Vallejo Duque, Y., & Insuasty Rodriguez, A. (2009). ¿Independencia? Revista Kavilando, 1(2), 11-16. Obtenido de http://kavilando.org/revista/index.php/kavilando/article/view/10/2

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*Autor: Alfonso Insuasty Rodriguez. Docente Investigador Universidad de San Buenaventura Medellin, integrante del grupo Autonomo de investigacion y Editorial Kavilando y Red Interuniversitaria por la Paz (REDIPAZ)

**Artículo publicado en la Revista Kavilando 2012, http://kavilando.org/revista/index.php/kavilando/index

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