Cuatro décadas de la fundación de un proyecto sui-géneris que se ahogó por falta de dinero y roces con varios poderes.

Categoría: Linea Historia de las organizaciones sociales Publicado: Viernes, 18 Abril 2014

Por: Steven Navarrete Cardona

 

“Estoy comprometido hasta el tuétano con el periodismo político”, afirmó Gabriel García Márquez durante una de las pocas entrevistas que el Nobel de Literatura colombiano concedió a la revista Alternativa, y que apareció en el número 29 de 1975. 

 

La misma coincidía con una restructuración interna y externa de la publicación, que buscaba modificar la carátula, el logotipo y las secciones con el objetivo de plasmar en un lenguaje periodístico los problemas de la sociedad, posicionándolos en la agenda informativa del país, un propósito que además quedó consignado en su lema: 'Atreverse a pensar es empezar a luchar'.

 

alternativa gabo

Ese fue precisamente el mérito de la revista Alternativa: poner las contradicciones sociales a disposición del público de a pie, al profano, eludiendo el estilo de los comunicados de los partidos de la izquierda, repletos de un lenguaje abstracto, súper especializado y panfletario.

 

La revista, que comenzó en 1974 como un experimento de incursión en el periodismo político por parte de la mayoría de sus miembros fundadores, se constituyó en un proyecto sui géneris dentro del universo de las publicaciones editoriales y periodísticas en Colombia, no sólo por el número de personalidades que congregó, sino por la calidad investigativa, visual y periodística de la misma.

 

Como lo ha manifestado Enrique Santos Calderón en varios de sus artículos, Alternativa surgió luego de que se conociera con García Márquez, y nació en pro de la creación del primer comité de derechos humanos colombiano. El proyecto, que se emprendió bajo varias miradas escépticas, resultó en la apuesta política más clara del nobel colombiano.

 

“El trabajo al interior de la misma era dispendioso, los consejos editoriales eran larguísimos, se debatía todo, desde la portada y sus frases, hasta los encabezados de los artículos, todos. Debía existir un consenso que era difícil, pero era sabroso”, aseguró a El Espectador uno de los integrantes del equipo de trabajo de la revista.

 

Alternativa fue uno de los medios donde diversas personalidades pudieron ejercer una militancia política desde lo que sabían hacer: escribir, reportear, investigar, dibujar o diseñar. Así fue como el proyecto vio desfilar, a través de su historia, en la sala de redacción, no solo a personajes de la talla de Gabriel García Márquez, sino también a Daniel Samper Pizano, Jorge Restrepo, Enrique Santos Calderón, Antonio Caballero, Roberto Pombo, Carlos Duplat, Roberto Araújo, Orlando Fals Borda, entre muchos otros.

 

La revista sufrió un proceso de metamorfosis que la llevó a dividirse en dos: la primera generación de Alternativa era una apuesta para combinar los conocimientos periodísticos de Gabo, Enrique Santos Calderón y Jorge Restrepo con los resultados investigativos del grupo “La Rosca”, del sociólogo Orlando Fals Borda. Poco después de haber publicado los primeros números, el grupo partió cobijas por sus diferencias sobre cómo orientar políticamente la revista, y las tensiones ideológicas de cada uno de los miembros.

 

Así que surgió una segunda revista con el mismo diseño y el mismo nombre (que aún sigue confundiendo a quienes la catalogan en las bibliotecas), pero con un eslogan distinto. Una era dirigida por García Márquez; la otra, por Orlando Fals Borda. La del sociólogo sólo alcanzó a circular unos pocos números, mientras que la de Gabo vivió seis años. “El estilo periodístico fue clave para su supervivencia”, aclara Carlos Duplat.

 

Desconocer qué es un ‘lead’, cómo atrapar al lector desde el primer párrafo y en general la caja de herramientas de los periodistas o los secretos de la ‘tribu’, como llama Miguel Basteiner, además de la ausencia de una figura que le daba un revuelo internacional al proyecto, le costó al grupo de Fals Borda la continuidad de su revista.

 

Para suplir el vacío del grupo de investigación “La Rosca”, la revista del grupo de Gabo se abrió a un número de colaboradores como el del periodista y escritor Daniel Samper, quien tenía una columna desde donde lanzaba duras críticas a la realidad nacional. Samper cuenta cómo llegó y por qué se unió a la revista:

“Me uní a Alternativa porque me entusiasmaba la idea de una revista que publicara lo que el resto de la prensa callaba o disminuía. Además, conocía, respetaba y admiraba a Enrique Santos Calderón y a Antonio Caballero desde tiempo atrás. Cuando nació Alternativa rondábamos los 25 años o un poco más. Los tres (Enrique Santos, Toño y yo) somos de 1945”.

 

Otros de los renombrados colaboradores fueron el historiador y economista Jesús Antonio Bejarano, “Chucho” (quien fuera asesinado al interior de la Universidad Nacional de Colombia en 1999); Eduardo Umaña Luna, uno de los profesores más recordados del departamento de sociología de la Universidad Nacional y co-autor con Fals Borda del libro “La Violencia en Colombia”; el filósofo y también profesor de la U. Nacional Ramón Pérez Mantilla; el reconocido economista Álvaro Tirado Mejía; el actor y crítico de cine Diego León Hoyos; el reconocido actor Pepe Sánchez, y también Beatriz de Vieco, Alejandro Brand, el historiador Jorge Orlando Melo, el mítico Gerardo Molina y María Luisa Mejía.

 

Durante su primer período la revista tenía algunas secciones que resaltaban en pleno como la denominada “El Zancudo, el único contra quien el gringo nada pudo”, donde se analizaban las relaciones entre Estados Unidos y Colombia, junto a “¿Y qué hay de nuevo en Macondo?”, donde se reflexionaba sobre algún suceso de la política colombiana.

 

En su restructuración aparecerían secciones como el “noticiero cultural”, donde se podía encontrar crítica de cine y de libros, sección realizada por Diego León Hoyos, que se complementaba con las extraordinarias entrevistas con diversas personalidades del mundo cultural como Salvador Dalí y Nicos Poulantzas, que en su mayoría hacía Álvaro Tirado Mejía, entre las cuales sobresale una charla con Julio Cortázar en la que habla sobre su exilio. La revista también abría un espacio para los lectores a través de su sección cartas del lector.

 

La revista fue a su vez el espacio para el inicio de muchos periodistas, entre ellos Antonio Caballero, que pasó de ser colaborador internacional, pues vivía en España, a ser jefe de redacción. Por otro lado, Roberto Pombo inició su vida periodística en la revista como colaborador y corresponsal desde Brasil.

 

Dentro del diseño informativo y periodístico en la revista se le dio un espacio importante a la caricatura política, teniendo en cuenta que en un medio de rápido consumo, literalmente todo entra por los ojos, y nada mejor si se hace reír a los lectores para que continúen leyendo. Dicha apuesta hace parte, por supuesto, de iniciativas como las de Carlos Duplat, quien desde un principio, siendo director de artes gráficas de la revista, antes de su división, impulsó una apuesta visual que se mantendría y se profundizaría con el tiempo. “Fue un momento muy agitado, pero también muy libre para crear y nos arriesgábamos, peleábamos para que fuera predominantemente visual”, anota Duplat.

 

Por la revista pasaron talentosos caricaturistas que hacían uso de seudónimos, como el de “Chinche”. Otros colaboradores anónimos aparecieron con secciones como la ‘Alternatira’, que plasmaba protestas campesinas y estudiantiles al mejor estilo de un cómic norteamericano. Otros dibujantes fueron Joe Broderick y por supuesto Antonio Caballero, quien incursionó con la serie de tiras cómicas ´El Señor Agente´, que retrataba la realidad social vista desde la idiosincrasia de un policía.

 

Otra de las dimensiones por rescatar de la revista fue la apuesta investigativa, el manejo de las fuentes, el equipo de trabajo y la presencia de García Márquez, que para ese entonces participaba activamente en el Tribunal Russell, que le dieron a la revista un gran renombre. Era fácil que lo que se escribiera en contra de las dictaduras militares del Cono Sur o de algún político en el exterior llegara a sus oídos, y que contestaran de forma inmediata a través de la prensa local.

Aunque no se firmaba nada, al mejor estilo de muchas revistas norteamericanas, en Alternativa se podían encontrar diversos reportajes sobre las difíciles situaciones sociales del país y el cubrimiento de eventos internacionales de gran envergadura, como los primeros roces internacionales limítrofes con Nicaragua en 1980, donde hacen una entrevista con el canciller nicaragüense Miguel D’Escoto. Sumadas a espectaculares entrevistas de Gabo con agentes retirados de la CIA, políticos y líderes mundiales, reportajes sobre Portugal, Nicaragua, el Salvador y Vietnam, que siempre se anticipaban a la prensa nacional gracias a la información que la inteligencia cubana le proporcionaba a Gabo.

 

La seriedad de la revista les llevó a conseguir información exclusiva, como una entrevista con los líderes del M-19 y algunos de los embajadores secuestrados en la toma de la embajada, y este es tan sólo un botón para la muestra.

 

La ausencia de pauta, los enemigos que generaron los resultados de las investigaciones que emprendieron en la revista y la constante intimidación a los miembros y colaboradores por parte del F-2, hicieron que la revista pasara por momentos difíciles.

Fue víctima de dos atentados. El primero tuvo lugar en una madrugada en las instalaciones donde se producía: “fue un aviso, porque no había nadie, pero la segunda fue a matar”, dice una fuente consultada que prefiere guardar su nombre en secreto. Y se refiere a la bomba que le pusieron a Enrique Santos en su casa, salvándose de milagro él y su familia.

Para 1977, a falta de presupuesto, la revista sufrió un cese de actividades que duraría cuatro meses, pero serviría para su restructuración y su paso de publicación mensual a semanario. 

 

Aunque seguía manteniéndose el problema del dinero, al respecto Gabo decía: “hacemos una revista para pobres que muchos pobres no pueden comprar. Tratamos de crear una conciencia popular, pero a nuestra clientela más accesible no le interesa tanto la justicia social como las vacaciones en Miami”.

A la revista también le llegaría el fin. Vería su última versión en 1980, tras 257 números publicados, un centenar de entrevistas, investigaciones y reportajes. El último número contiene un balance de la revista, sentidas columnas de Daniel Samper y Gabo sobre la libertad de prensa y la dificultad para mantener un medio independiente. La revista también culminaba luego del impulso del movimiento político FIRMES, como una forma de unificar a los grupos de izquierda, que no logró tener el impacto que se deseaba, aunque posicionó a Gerardo Molina como concejal.

 

Al final la revista se elevaba con una calidad que asombra para la época: la rigurosidad de sus fuentes, el diseño visual que también incluía a dos reporteros gráficos, reporteros en todo el país y el uso de las agencias internacionales para complementar la información, le daban un gran renombre entre las publicaciones impresas del país.

Su estilo sería una base para revistas como Semana (en su segunda fase), y la revista Cambio, lamentablemente desaparecida en la era Uribe, donde muchos colaboradores de Alternativa participarían de manera activa.