Jesús Balbín: un defensor de derechos humanos que le tenía el pulso al país

Categoría: Linea Historia de las organizaciones sociales Publicado: Martes, 26 Agosto 2014

Por María Soledad Betancur. IPC

Desde el 13 de agosto del año 2011 no está con nosotros Chucho Balbín, un defensor de Derechos Humanos quien no solo dedicaba su agudeza a denunciar y entender causas y consecuencias de la violación de derechos humanos en el país, sino que al lado de cada denuncia tenía una propuesta sobre la cual transformar la realidad denunciada,

por eso su capacidad de seguirle el pulso al país y de entender con agudeza cada momento y sus retos. Durante más de tres décadas fue un destacado líder de la construcción del movimiento de paz, derechos humanos y justicia comunitaria en Medellín y Antioquia.

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En su agudeza política, durante su ultima década, insistió en que el tema de la seguridad era un tema calve en la construcción de una sociedad democrática y respetuosa de los derechos humanos y que desafortunadamente la Derecha se había apropiado del tema, por tanto la  Seguridad era una necesidad en el programa de la Izquierda para aprender a gobernar. Afirmaba a propósito en el año 2007 que:

“En estos 16 años de la Constitución de 1991 la reflexión ha estado de un lado en la realización de los derechos humanos, la búsqueda de la paz y la convivencia y en los últimos años se inicia una  reflexión académica y política sobre el tema de la seguridad y la convivencia siendo un campo nuevo para el movimiento social y para la izquierda”.

Afirmaba que “la izquierda debe dejar claro su concepto de seguridad ciudadana (tranquilidad frente hechos delictivos y posibilidad de disfrutar de los derechos y beneficioso del desarrollo y del bienestar social) y seguridad de Estado, diferenciándose de los conceptos y doctrinas de seguridad nacional y seguridad democrática como la expresa en la actualidad. Las políticas de seguridad no pueden plantearse por su eficacia en un marco restrictivo de los derechos humanos específicamente los civiles y políticos, porque esto es lo que está en el fondo del conflicto, la democracia”. En tal sentido consideraba en las propuestas que construía, con el colectivo del IPC y con el movimiento de derechos humanos, que era necesaria una “depuración del aparato coercitivo colombiano (Fuerzas militares, Das, Policía)”; tolerancia cero con la corrupción, la violación de los derechos humanos y la relación con grupos al margen de la ley (paramilitares, narcotráfico) y discutir desde la sociedad y la institucionalidad que tipo de institución policial es la que necesitamos, convencido de que debía ser mas civil y ciudadana y debía ayudar a quebrar esa expansión de la seguridad privada como sistema imperante. Se requiere, afirmaba, lograr una reconversión del gasto militar  hacia un mayor gasto social y cambios profundos en los esquemas de la inteligencia militar.

Todo estos lineamientos deberían ser el antídoto  a esa cultura que se a instalado en Medellín de legitimación de la “auto-defensa”, naturalizada, como si fuera un “mal” menor, que se expande legitimando el autoritarismo y que simultáneamente deja territorios marcados, criminalizados, estigmatizados y dominados por el miedo. Afirmaba textualmente que en Medellín se da una “Administración de territorios por concesión a grupos irregulares. Crecimiento de la red de cooperantes con visión contrainsurgente, de presencia de Convivir en el centro, y de la seguridad privada”.

En los últimos proyectos que coordinó y participó, los temas de verdad, memoria, justicia y reparación para las victimas del conflicto, y para la sociedad en su conjunto, fueron parte de los ámbitos en que venía construyendo propuestas con el equipo. Dentro de las propuestas estaban la construcción de comisiones municipales de la verdad, con la idea de ambientar la importancia de mirar las causas, los responsables y los hechos que han sucedido en un territorio específico. Al respecto afirmaba que:

“Plantearse avanzar en construir comisiones locales de verdad tiene diversos obstáculos: la continuidad del conflicto armado, el que poco se hable de manera concreta de los responsables, poco se les nombra todavía, una cultura política centrada más en el favor y la clientela que en el ejercicio y reclamo de los derechos, etc. En varios municipios se cuenta con organizaciones de víctimas con tradición y organización.”

Fue construyendo también con los equipos una estrategia metodológica de documentación de casos, muchos de ellos se convirtieron a formato digital en un formato televisivo que facilitó su conocimiento por la sociedad, en particular construyó la documentación de nuestro propio caso como IPC, que en estos años ha sido una de las bases para los documentos de contextualización del IPC como sujeto de reparación colectiva.

Parte del legado de su producción está en nuestras publicaciones, pero especialmente en el movimiento de paz y derechos humanos en el país. Esta es apenas una aproximación breve para recordarlo y decirle, Chucho, te extrañamos. No solo estás en nuestra memora, sino que has aportado mucho a la memoria de esta sociedad.