Urbanismo social versus la lucha por el territorio: Entre la ideología y la realidad.

Categoría: Editorial Publicado: Sábado, 08 Febrero 2014

Por: José Fernando Valencia Grajales Kavilando

Desde la conquista hasta nuestros días, el estado ha intentado imponer un orden determinado desde la configuración del espacio social y territorial, fundamentado en la ideología predominante del espacio tiempo (cristiana-ciudad ajedrezada) , liberal -circular-, conservadora –histórica-, comunista –simplista-, o neoliberal) En la actualidad esa realidad está enmarcada en el urbanismo social, que intenta desde el discurso incluir a la ciudadanía como un actor imprescindible que coadyuva e interviene en la transformación del territorio,

en donde el edificio público se convierte en el protagonista que permite la conectividad, movilidad, y la consolidación de centralidades barriales además de el mejoramiento de los barrios marginales para generar con ello la inclusión social y la participación directa de la ciudadanía. Este discurso se ha planteado como estrategia de intervención en la comuna 8, sin embargo en la práctica y ante las disputas territoriales entre lo legal e ilegal se dan dinámicas de control y dominio del territorio. Para lograr una mayor comprensión de las precisiones antes mencionadas, primero se hará un breve recuento histórico de la zona incluyendo las versiones estatales, luego la versión casuística de la realidad, y una breve síntesis de la ideología como fuente de la planificación y finalmente se presentaran las realidades que se dan en el territorio versus el discurso ideológico estatal.

Medellín como eje económico, político y social, se vino a consolidar hace más de 300 años, desde sus inicios su espacio fue configurado con la ideología cristiana que determinaba la construcción alrededor de la iglesia a manera de damero, luego con la expansión de la ciudad el modelo se reproducía en sus inmediaciones, este predominio ideológico se mantuvo hasta la aparición de la modernidad, y con ella la industria, el desarrollo, la libertad y el libre mercado que dio como resultado, la renovación y modernización, esta situación se vino a verificar en los años de 1913 cuando el consejo municipal y la Sociedad de Mejoras Públicas, fruto de un concurso, aprueban el Plano Medellín futuro 1913, desde dicho momento la planeación de la ciudad se torno en algo obsesivo que exigía la creación previa de la ciudad antes de estar ser consolidada. Luego vendrá en los años de 1940 con el apoyo del ministerio de obras publicas el arquitecto Karl Brunner quien asesoraría a Medellín sobre como urbanizar y propuso entre otras la UPB, mas adelante en los 50s el plan de  TOWN PLANNING ASSOCIATES: PAUL LESTER WIENER y JOSE LUIS SERT propondrán un nuevo desarrollo de ciudad acorde a las necesidades del momento.

Desde el plan regulador de WIENER y SERT no se volvió a formulara planes de desarrollo integrales, y solo se vino a tocar el tema luego de 1990 que se realiza un diagnostico por parte de la consejería presidencial para Medellín y su área metropolitana, que considera necesario la creación de planes urbanos, estos se les denomino PRIMED. Programa Integral de Mejoramiento de Barrios Subnormales en Medellín. 1993–2001 que se realizo en dos etapas el primero fue el que va del año1993-1997 y el segundo que va del 1998-2003 en donde se da la reorganización de CORVIDE . En dicho interregno se impone desde el gobierno central la ley 387 de 1997 que impone unos requerimientos de urbanización, entre los cuales se encuentran los planes de ordenamiento territorial.

Pero dichas intervenciones urbanas no terminarían allí y por el contrario se crearían nuevos mecanismos de intervención como lo serían los Planes de Regularización y Legalización Urbanística – PRLU- que nacen en el 2003 y se reactivan en el 2005 (QUICENO, MUÑOZ y MONTOYA, 2008), y que más adelante son retomados con el nombre de PUI, o planes urbano integrales y los -PIMB- programas integrales de mejoramiento barrial (Puerta, 2011). Y finalmente los PUI dirigidos a polígonos específicos como los de COR ALTA o los Macroproyectos como los de Moravia. Todos ellos tenían como propósito la planeación urbana, y los últimos mencionados luego de 1990 tienen como finalidad la integración social, la conectividad, la, movilidad, y la consolidación de centralidades, el mejoramiento de los barrios y la inclusión social y la participación directa de la ciudadanía.

Sin embargo la apreciación histórico estatal aunque lo tiene como una variable, no da cuenta de las versiones ciudadanas del diario vivir, que descubre que durante dicho tiempo lo menos que ha primado o se ha consolidado es la planeación. Ya que la informalidad se ha dado de forma constante, esto justamente desde el inicio de las migraciones del campo a la ciudad que inicialmente se dio a causa de la violencia partidista, luego por la búsqueda de empleo en la ciudad debido al crecimiento industrial, y finalmente ante el desplazamiento forzado. Pero ante todo dicho crecimiento urbano informal va generar un desborde de la ciudad. Inicialmente se va a percibir desde el Plano Medellín futuro 1913, en el cual no se incluía barrios como las Estancias (1906) Majalc (1932) Enciso (1918) entre otros. Y sin embargo planea nuevos barrios y universidades. Dicho asunto se repetirá con el plan de WIENER y SERT en el cual tampoco se incluyen los anteriores barrios, además de los nuevos barrios como la Ladera (1921) o  el Pinal (1944). Luego de dichos periodos se da un disparo en el auge de la urbanización informal, o el crecimiento de la Precariopolis (Hidalgo, 2007) fundamentado principalmente por la búsqueda del empleo, la ola del narcotráfico, la violencia partidista y el desplazamiento forzado. Fenómenos que empujan oleadas de nuevos habitantes de la ciudad con necesidades habitacionales y pocos recursos lo que dispara la construcción informal de barrios con materiales no convencionales.

Durante este periodo el estado no se intereso de la existencia o crecimiento indiscriminado y descontrolado de las periferias. Por el contrario se mantuvo la indiferencia, la incapacidad y ausencia estatal. Sin embargo luego del interés presentado por la consejería presidencial retorna la mirada estatal que busca no controlar la urbanización informal desbordada sino más bien imponer posiciones que se fundan en el control de la ciudadanía, que ha desbordado la capacidad estatal. Es decir que el estado intenta aplicar nuevas formas ideológicas de dominación, ante un fenómeno que desborda sus capacidades. Para clarificar esta precisión a continuación procederemos con la definición sobre la cual nos concentraremos.

Guariglia, en su texto Ideología, verdad y legitimación (1993) realiza una primera aproximación a esta considerando que la ideología tiene dos grandes significados; el primero es el que considera la ideología como un “conjunto ordenado de ideas y valores referente tanto a la acción tanto individual como política compartida por un determinado grupo social” , siendo esta una concepción aparentemente neutra, ya que la misma podría verse desde lo religioso, lo revolucionario o lo mítico , que puede ser tomada por el individuo para entenderse como parte de un todo o desde lo grupal como fenómeno aglutinador que legitima la autoridad o las elites para que ejerza coerción en la masa, y de alguna manera le den identidad a una determinada sociedad o grupo político, social, religioso o incluso revolucionario en torno a una justificación de cambio de ideología o mantenimiento de la misma. Mientras que la segunda es la considerada como “una concepción errónea de la realidad social” , la cual se considera negativa, y de carácter epistemológico. La ideología puede deificar o construir valores como el miedo, la religión, el mito, lo sagrado, lo profano, lo institucional o un sinfín de valores o seudo-valores que se convierten en estables, constantes y duraderos. Esa permanencia en el tiempo y aceptabilidad por la comunidad son los que le permiten a los dirigentes o al pueblo mismo legitimar su dominio sobre los dominados, esta dominación se puede realizar de múltiples formas, como los son la fuerza, la democracia, la veneración o incluso la retorica.

Bobbio y Matteucci definen la ideología en dos sentidos uno fuerte y otro débil, el fuerte es aquel definido por Carl Marx como una serie de teorías o ideas falsas que son impuestas por las clases dominantes, mientras que en su sentido débil la ideología es de carácter neutro y se entiende como el sistema de creencias políticas que se fundan con el fin de guiar los comportamientos colectivos e individuales, siendo esta acepción la utilizada por la sociología y las ciencias políticas. Para Gunder (2010) la planificación urbana es un concepto ideológico neoliberal, el neoliberalismo como ideología revitaliza la concepción liberal de libertad individual, libre mercado, desarrollo, modernización, orden, internacionalización, globalización, limpieza, libre competencia, emprendimiento y la promesa de la felicidad a través del emprendimiento. En donde la planeación urbana desde el discurso ideológico fuerte y de seudo-valor plantea la necesidad de la conectividad, movilidad, la consolidación barrial, el mejoramiento, la inclusión social y la participación directa de la ciudadanía. Sin embargo no deja de ser una forma de intervención con fines de control social y de dominación del espacio que ha perdido el estado, y que se encuentra en manos de una ciudadanía insurgente, que se ha apropiado el espacio, en busca según Miraftab incluirse en la ciudad que lo ha excluido y limitado en sus derechos por la ciudad .

Para Zambrano (2001) ha existido poblamiento en territorios denominados “indómitos”  o de conflicto, se han catalogado así en razón de que dichos lugares han tenido una aparente vocación de ser escenarios de poco o nulo control, político, económico y social, de guerras civiles, de destino de los forajidos, negros libertos, fugitivos y ante todo de pobres y excluidos. Además de ser lugares en donde la justicia, la religión, el estado, la política y el control social no han llegado de forma certera. Y en donde el mismo fenómeno de exclusión ha impedido una real inclusión dentro de los diferentes modelos de sociedad que han transcurrido en el territorio colombiano. Esta visión se puede observar en las periferias de la ciudad en donde los excluidos se han apropiado del territorio y han logrado desde lo informal urbanizar, crear barrios y generar soluciones habitacionales ante las diferentes necesidades que presentaba cada uno de ellos, además de lograr mantener un orden social. Que puede explicar la naturaleza de los conflictos, fundados en asuntos de apropiación y de interacción social micro y que puede crear diferencias en asuntos mundanos o simples, (Kalyvas, 2004) aunque obedezcan por momentos a lógicas políticas o de guerra, (Blair, et all, 2009) es más un asunto de apropiación del espacio que se contradice entre lo público y privado (Alessandri, 2004.) y que no obedece a lo legal o formal.

Es por ello que según Torres (et all, 2009) existen varios procesos (la mayoría de las veces de carácter estructural) a través de los cuales las condiciones de pobreza que sufren los habitantes urbanos, se traducen en la aparición y desarrollo de asentamientos informales de condiciones precarias de habitabilidad. Esto se asocia con la satisfacción y acceso de los moradores a bienes y servicios ofertados no solamente por el mercado, sino también por el Estado, en tanto la situación de pobreza y su condición humana demandan básicos vitales para vivir. La condición material de vida de las comunidades urbanas asentadas en espacios autoproducidos ha sido caracterizada como de ilegalidad e informalidad, de desarrollo incompleto, lo que ha llevado a que sea criminalizada la mayoría de las veces. 

Es por ello que el neoliberalismo en su lógica globalizante se ha convertido en hegemónico y a permeado la planeación urbana. Exigiéndole al Estado fijar las políticas y condiciones del mercado inmobiliario, y proveedor de la producción de los espacios sociales, para luego entregársela a los particulares que bajo la lógica del mercado definen o incitan al estado a tomar determinaciones que finalmente solo benefician al mercado mismo de los inmobiliarios que hay detrás de los planificadores que creyéndose portadores de un oficio liberal terminan por realizar copias u homogenizar proyectos idénticos a nivel mundial que se vende como únicos. Tal y como se puede observar con los proyectos de intervención, con parques bibliotecas, construcción de transportes masivos, centros comerciales, centralidades, escuelas y amueblamientos urbanos, que en última instancia lo único que pretenden es incluir el espacio informal a lo formal, y de esta manera darle valor comercial de uso, y a su vez aumentar el valor inmobiliario de aquello que no tenía valor dentro del esquema neoliberal y se entendía como marginal.

Esta situación nos lleva a observar como las inclusiones sociales no son de carácter ciudadano, de eliminación de las marginalizaciones, de apropiación, son por el contrario de control ciudadano, porque al crear zonas espaciosas y limpias s vigila mejor, se controla la ciudadanía, se le obliga a comportarse de la forma deseada y se le invita a consumir el espacio limpio que antes no concebía como necesario, se le llena de nuevas necesidades como el de querer andenes, espacios abiertos o construcciones en altura, o de renovación de sus viviendas. Sin embargo dichas intervenciones que van en pro de mejorar la calidad de vida terminan solo creando nuevas exclusiones que se dan en cosas simples como la ocurrida en pajarito, en donde la población fue reubicada de las zonas marginales, y al llegar allí encuentran que deben extender sus ropas de forma clandestina, porque ya no se puede extender afuera (a pesar de que lo hagan de forma irregular) o lo que ocurre cuando la motobomba del agua que irriga al edificio se daña y hay que pagar su arreglo de algo que están costoso que la mayoría de inquilinos no tienen con qué pagarlo, o cuando el uso del transporte integrado no le permite viajar con los corotos que antes le permitía el bus, o el simple aumento de la distancia del hogar de aquellos que han sido reubicados.

Pero a esto se suma el aumento del valor del predial de los terrenos intervenidos que poco a poco va expropiándole la capacidad de pago a los primeros pobladores y los obliga a emigrar y ser nuevamente excluidos, en razón de un simple aumento o cambio de extracto socio-económico. Es por ello que la construcción de ciudadanías insurgentes, de urbanizaciones insurgentes en contextos de exclusión se justifican y finalmente terminan generando nuevos significados de urbanización social, dentro de una privatopolis que los asfixia y que no aprecia ni las diferencias, las necesidades étnicas, el tipo de poblador o los fines y usos que le son inherentes al ser humano para su propia subsistencia ante la imposibilidad de cumplir con sus necesidades mínimas.

Los 10 principios de Ascher

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