Un Mundo a construír.

Libros

por: Marta Harnecker

Este libro termina de escribirse un mes después de la desaparición física del presidente Hugo Chávez Frías y no podría haberse escrito sin su intervención en la historia de América Latina. Muchas de las ideas que se exponen en este trabajo están relacionadas de una u otra manera al dirigente bolivariano, sea a su pensamiento, sea a sus acciones a nivel interno, o a nivel regional y mundial. Nadie puede dudar que entre la América latina que recibió y la América latina que dejó hay un abismo.

 

Cuando triunfa en soledad, en las elecciones presidenciales de 1998, ya el modelo capitalista neoliberal comenzaba a hacer aguas. El dilema no era entonces otro que refundar ese modelo, evidentemente que con cambios, entre ellos una mayor preocupación por lo social, pero movido por la misma lógica de la búsqueda del lucro; o avanzar en la construcción de otro modelo. Chávez tuvo la audacia de incursionar por este último camino y para denominarlo decidió utilizar la palabra socialismo a pesar de la carga negativa que ella tenía. Especificó que se trataba del socialismo del siglo XXI diferenciándolo así del socialismo soviético implementado durante el siglo XX. No se trataba de “caer en los errores del pasado”: en esa “desviación estalinista” que burocratizó al partido y terminó por eliminar el protagonismo popular.

Pensó —como Mariátegui— que el socialismo del Siglo XXI no podía ser ni calco ni copia, sino “creación heroica” y, por eso, habló de un socialismo bolivariano, cristiano, robinsoniano, indoamericano. De un socialismo imaginado como una nueva existencia colectiva donde reine la igualdad, la libertad, una democracia verdadera y profunda; donde el pueblo llegue a tener el rol protagónico, donde exista un sistema económico centrado en el ser humano y no en la ganancia, una cultura pluralista y anticonsumista en que el ser tenga primacía sobre el tener.

La necesidad del protagonismo popular era una de sus obsesiones y es el elemento que lo distancia de otras propuestas de socialismo democrático. Estaba convencido de que es a través de ese protagonismo que las personas crecen, ganan en auto confianza, es decir, se desarrollan humanamente.

Pero esto hubiese quedado en meras palabras si Chávez no hubiese promovido la creación los espacios en las que estos procesos participativos pudiesen darse plenamente. Por eso ha sido tan importante su iniciativa de crear los consejos comunales (espacios comunitarios autogestionados), los consejos de trabajadores, los consejos estudiantiles, los consejos campesinos, para ir conformando una verdadera construcción colectiva, que debe plasmarse en una nueva forma de

Estado descentralizado cuyas células fundamentales deberían ser las comunas.

Pero el líder venezolano no era un iluso como algunos podrían pensar, sabía que las fuerzas que se oponían a la materialización de este proyecto eran enormemente poderosas. Pero ser realista no significó para él caer en la visión conservadora de la política concebida como el arte de lo posible.

Para Chávez el arte de la política era hacer posible lo imposible, no por simple voluntarismo sino porque, partiendo de la realidad existente buscó crear las condiciones para que ésta cambiara. El entendió muy bien que para hacer posible en el futuro lo que en ese momento aparecía como imposible, era necesario cambiar la correlación de fuerzas tanto en el plano interno de su país como en el terreno internacional. Y durante todo su gobierno trabajó en forma magistral para lograrlo, entendiendo que para construir fuerza política no bastan los acuerdos de cúpula sino que lo principal es construir fuerza social.

Vislumbró muy bien que una sociedad alternativa al capitalismo implicaba, al mismo tiempo, una globalización alternativa a la globalización neoliberal. Nunca pretendió intentar construir el socialismo en un solo país. Tuvo completa lucidez de que esto no era posible y por eso es que se preocupó con tanto ahínco en crear una correlación de fuerzas a nivel de la región y a nivel mundial que facilitara su construcción.

Chávez percibió tempranamente las particularidades de este proceso de transición que se iniciaba en su país y que sería el precursor de procesos semejantes en otros países de América Latina, entre ellas que ese tránsito no se realiza a partir de cero, se realiza partiendo del aparato de Estado, del sistema económico y de la cultura heredados y, por lo tanto, si se ha elegido la vía institucional es necesario cambiar las reglas del juego institucional como primer paso para, desde allí, ir venciendo los inmensos obstáculos que sabía se le irían presentando en el camino.

Entendió también que, para ir caminando hacia una sociedad en que el Estado debía desaparecer como una institución por encima de la sociedad transformándose en un instrumento al servicio de la sociedad y controlado por ella, se requería de un Estado fuerte. Será justamente este Estado fuerte el que irá creando las condiciones internacionales para lograr la soberanía nacional y la integración continental y el que irá impulsando internamente el cambio de las instituciones heredadas por unas instituciones que permitan realmente construir la nueva sociedad (nueva Constitución, nuevo cuerpo de leyes, desarrollo mayor de los poderes locales, etcétera, etcétera). Y lo más importante, será ese Estado heredado —pero poblado ahora de cuadros revolucionarios— el que promoverá la organización y el protagonismo popular a través de los cuales se irá gestando un nuevo Estado desde abajo.

Muchas de las ideas que acabo de exponer serán desarrolladas ampliamente en este libro que es una actualización, ampliación y profundización de los temas abordados en mi libro: Inventando para no errar. El socialismo del siglo XXI1 publicado en 2010. En él he incorporado párrafos completos de mis más recientes artículos y de trabajos anteriores relacionados con los temas abordados. Me pareció que no era necesario autocitarme, que bastaba poner a pie de página las fuentes que han inspirado esas ideas para que el lector pueda recurrir a ellas si así lo estima conveniente.

El libro consta de tres partes.

La primera parte: América Latina avanza, se refiere a un breve recuento de lo que ha sucedido en América latina en estas últimas décadas, a la modificación del mapa político que va ocurriendo, a las movilizaciones sociales que explican mucho estos cambios, a los hechos que nos indican que ha habido un cambio en la correlación de fuerzas entre los Estados Unidos y nuestra región, y en los intentos de recolonización y disciplinamiento que la primera potencia imperial está realizando en nuestro subcontinente. Esta parte termina con una tipología que agrupa a los distintos gobiernos a modo de información, porque yo pienso que más que encuadrar gobiernos en una determinada clasificación, lo que tenemos que tratar de hacer no es quedarnos en sus declaraciones sino evaluar su desempeño teniendo siempre en cuenta, no tanto el ritmo con que avanzan, sino la orientación en la que se encauzan, las medidas que adoptan, ya que el ritmo dependerá en gran medida de los obstáculos que vayan encontrando en su camino.

La segunda parte: Hacia dónde avanzar: El socialismo del siglo XXI procura hacer comprender al lector por qué hablar de socialismo si esa palabra tiene una carga tan negativa, qué cosas hay que rescatar del pensamiento original de los clásicos del marxismo, qué nuevas reflexiones han surgido a partir de la práctica en algunos gobiernos de América Latina, cuál es la característica de la transición que estamos viviendo, qué pueden hacer estos gobiernos a pesar de las grandes limitaciones en las que se encuentran insertos, y finalmente, qué criterios debemos tener en cuenta para hacernos un juicio del desempeño de cada uno de ellos. Todos elementos que nos pueden servir —pienso— para orientar nuestro caminar.

La tercera parte: El instrumento político para construir una nueva hegemonía aborda el tema de cómo lograr la correlación de fuerzas necesaria que nos permita ir venciendo los obstáculos e ir avanzando en la construcción de la nueva sociedad, y la relación que ello tiene con el tema de la hegemonía. Sostengo que en muchos lugares del mundo la hegemonía cultural de la burguesía ha comenzado a resquebrajarse, pero que ello no significa que se haya consolidado una nueva hegemonía popular y que, para que eso ocurra, no bastan las grandes movilizaciones populares de rechazo al sistema, sino que se requiere la intervención de una instancia política. Consciente del amplio rechazo existente a la política y los políticos, explico que no se trata de los partidos tradicionales de izquierda del pasado, sino de la nueva instancia que no manipule a los movimientos sociales sino que se ponga a su servicio. Explico por qué la existencia de un instrumento político es necesaria para la construcción del socialismo del siglo XXI, cuáles deberían ser sus principales tareas, qué tipo de militante y de cultura política necesitamos hoy, sostengo que es fundamental combatir el burocratismo en el que suelen caer dirigentes de los partidos y del gobierno y termino defendiendo la necesidad de la crítica pública para salvar al instrumento político y al gobierno.

Mis lectores deben saber que lo esencial de este libro no se elaboró a partir de lecturas —aunque evidentemente muchas han sido las ideas que he obtenido de valiosos esfuerzos intelectuales de muchos investigadores—. Este trabajo no habría sido posible sin las luchas y las experiencias prácticas que se han ido dando en diversos países de Nuestra América y que he tenido la posibilidad de estudiar en el terreno mismo. Son muchas las colaboraciones anónimas que aquí se hayan plasmadas. Quisiera hacer una mención especial a mi compañero Michael Lebowitz, muchas de cuyas ideas han sido incorporadas en él, y a Ximena de la Barra quien lo leyó en su última etapa de elaboración e hizo valiosos aportes y sugerencias. Agradezco a todas y todos los que con pasión revolucionaria y prácticas coherentes a esa pasión —tanto en el terreno de la investigación como de la acción— han hecho posible este resultado. Mi gran esperanza es que este esfuerzo contribuya a aportar un granito de arena a hacer posible en un futuro ya no tan lejano lo que hace un cuarto de siglo atrás parecía imposible.

Marta Harnecker 5 de mayo 2013

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