Ella

Linea Conflicto Social y Paz

Por: Daniela Barrera*. 

Parece que toda una vida de maltrato, de violencia física, psicológica y sexual no resultan suficientes, Ella está tan sola como supone y el sueño de una realidad distinta es tan solo una fantasía que se desvanece.

 

MUJER AL

Esa mirada dulce y ese atisbo de esperanza que aún proyectan sus ojos despistarían a cualquiera. Nadie creería que detrás de tanta luz y calidez, de tanta cercanía, se esconde una realidad dura y descarnada, la realidad que Ella debe vivir todos los días, la misma que se hace visible en los moretones de su cuerpo y en la laceraciones de su alma. Lleva una herida mal cicatrizada que ha sido su historia y se ha encargado de enseñarle una dura lección: que es vulnerable y que esto a la sociedad y al Estado les importa poco o nada.

Me pregunto cuántos mensajes por las redes sociales y medios masivos de comunicación se difundirían expresando una gran indignación si Ella perdiera su vida de manera violenta a manos de su pareja, cuánto ruido se escucharía si finalmente Él lograra reducirla al punto de desaparecer y apagar esa luz que sobrevive en su mirada. Tal vez muchos expresarían una gran pena y pesar por esa "pobre mujer".

Sin embargo: ¿cuántos estarían dispuestos a hacer algo para evitar que ello sucediera?.

En esta sociedad indolente, morbosa y lacrimógena, Ella no sería más que una cifra que engrosa las estadística y un encabezado de prensa que se olvida al instante. Probablemente esto sea lo más doloroso de la historia de Ella, que solo sus hijos llorarían sinceramente su pérdida, pues parece que el ser víctima de violencia por parte de su padre, otros familiares y su pareja es solo problema suyo y como mucho de sus hijos, pero no de todos. Se nos ha olvidado que Ella podría ser nuestra hermana, nuestra madre, nuestra tía, que podría ser yo misma, pues por cualquier azar del destino alguna de nosotras pudo nacer en su lugar y quedar condenada a una vida que no la dignifica.

Desde muy pequeña le enseñaron que no era más que un objeto que podía ser utilizado, maltratado y vulnerado. Este aprendizaje la ha llevado a encontrarse con Él, quien no la ve de manera distinta, que cada día se esmera en recordarle su supuesta inferioridad, en dejarla sola, llena de dolor y sumergida en la zozobra, pues para Ella estar en casa y en cama no le causa más que miedo frente a la amenaza de morir ahorcada mientras sueña con su libertad.

A pesar de ello, no ha dejado de soñar y hoy, más que nunca Ella quiere una vida diferente, pues reconoce todo su valor, se dio cuenta que no han podido despojarla de su dignidad, que sus hijos merecen algo mejor y que su hija no puede repetir su historia. Sin embargo, esto no es un punto final para la historia de dolor, buscar ayuda parece más difícil que encontrar problemas.

El Estado le ofrece opciones precarias, sus rutas de atención no fluyen, son inútiles, nunca hay presupuesto, los profesionales de dichas instancias se encargan de señalar las limitaciones, sin abrir posibilidades.

Me pregunto por aquellos discursos que darán el día que Ella no pueda luchar más, palabras vacías que expresarán un compromiso falaz; no reconocerán que la dejaron sola, que no encontró quien la respaldara en realidad, no solo en rutas inútiles de atención bien definidas; estas no son ayudas, es pura propaganda.

Cuanto quisiera que esta historia, llena de generalidades y sin los detalles que la harían todavía más dura, no fuera más que una invención mía; pero no, es un caso real, tal vez son miles de casos reales. Desearía que la impotencia que hoy me mueve contagiara a alguno o a alguna, que la compasión frente al sufrimiento de Ella inundara nuestras almas y que exigiéramos soluciones reales.

Reconocer el valor de la mujer no es regalarle flores o chocolates, es el de generar un cambio cultural, social, comprometerse para que historias como la de Ella, no sigan repitiéndose.

*Psicologa Universidad de San Buenaventura, joven investigadora Colciencias, integrante del Grupo GIDPAD, integrante del Grupo de Investigación y Editorial Kavilando, integrante de la REd Interuniversitaria por la Paz -REDIPAZ-

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