El honor, la lealtad y la integridad han sido mancillados. Algunos no lo han evidenciado.

Linea Conflicto Social y Paz
Por: Omar Eduardo Rojas Bolaños. 
 
Juráis a Dios y prometéis a la patria por vuestro honor, cumplir la constitución y las leyes de la república. El juramento en Colombia, ha sido violado..
 juramento militar
 
El juramento ha sido violado.
 
El resquebrajamiento no es producto de la guerra en la que estuvimos involucrados, sino fruto de la manipulación de la que fuimos y somos objeto. Mientras se consagra la vida a la patria, y a los y las ciudadanas, los manipuladores, élites gobernantes, promotores de la guerra, religiosos mal intencionados y medios de comunicación a su servicio, se han beneficiado política, social y económicamente. Aquellos y aquellas que ingresamos a las Fuerzas Armadas lo hemos hecho por vocación al servicio, por amor al país y por lealtad hacia él, y nuestro país no se encuentra conformado por un determinado grupo político o un grupo económico, como han querido que lo veamos. 
El país es un todo, como lo consagra la Constitución de 1991, de ahí que soldados y policías le juremos lealtad. La lealtad no es hacía un hombre, un partido, o un grupo de personas. La lealtad es hacia toda la población; de ella hacen parte campesinos, indígenas, obreros, empleados, desempleados, comerciantes, industriales, inversionistas, creyentes, ateos, ricos, pobres, blancos, negros, amarillos, rojos y azules, además de otros y otras. Por encima de la Constitución Política, de nuestra carta magna, solamente se encuentra el Dios a que se reverencia, deidades múltiples y diosas de la esperanza, y él, ellos y ellas, no son los Dioses de la muerte, de la barbarie, sino de la vida, del amor, de la esperanza y de la justicia.  
Gracias a la manipulación, los débiles de espíritu que han jurado cumplir las leyes de la república y defender al ciudadano, abusan del poder, violan los derechos humanos, olvidan sus obligaciones legales y cometen crímenes.
 
Para limpiar la conciencia por la culpa, gritan a todo pulmón, ante los compañeros y la sociedad, que su actuar lo realizan en nombre de la justicia y la democracia, concebida, tanto por los manipuladores como por los manipulados, como una estructura social, política y económica que representa el pensamiento de ultraderecha, muy cercano al pensamiento paramilitar. La manipulación es la responsable de que un manojo de soldados, durante la primera década de este siglo, se prestaran para la realización de “falsos atentados terroristas”, de que otro manojo patrullaran poblaciones de la mano de paramilitares cometiendo masacres como la de El Aro, El Salado, San José de Apartadó, Puerto Patiño, Mapiripán y Santo Domingo, entre otras. La manipulación es la responsable de que integrantes de las fuerzas del orden empuñaran las armas que la sociedad les entregó para proteger la vida y la integridad de las personas, para asesinar a sangre fría, en campos de batalla ficticios, cerca de 10.000 colombianos y colombianas, no combatientes, para mostrar resultados de una política de gobierno. 
De igual manera, como no nos arrodillamos ante criminales y delincuentes, tampoco nos postramos ante quienes han manchado, con su actuar delictivo, el código de ética militar y policial.
 
Los hombres y mujeres en actividad y en uso de buen retiro, íntegros, dignos, transparentes y comprometidos con la vida y la tranquilidad de la comunidad, no nos sentimos representados por quienes, en las redes sociales, cuelgan comentarios y vídeos que atentan contra la humanidad, contra nuestros principios y valores. El ex militar que, alardeando de la profesión militar, se hizo grabar en un vídeo para que se hiciera viral, amenazando con su arma de fuego a las personas, no es digno de nuestra representación, de igual manera quienes vienen incitando a asesinar al candidato presidencial de la Colombia Humana y sus partidarios, a líderes sociales, líderes campesinos, desmovilizados, defensores de los derechos humanos, entre otros. Ningún soldado o policía integro, transparente, honesto, leal a la constitución y a la sociedad, tiene como referencia a quienes han manchado el uniforme, a quienes han deshonrado a la patria cometiendo crímenes de lesa humanidad, infringiendo leyes y reglamentos. Nuestros valores y principios no permiten apología al crimen, al delito, a la corrupción. 
Las dagas y los sables, que la sociedad nos entregó, las portamos con gallardía, para combatir el crimen, para garantizar la seguridad y la salubridad de la sociedad, y de los hombres y de las mujeres que transitan por el territorio colombiano.
 
Por una Colombia Digna.

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