Mengele Zoo, o las víctimas del desarrollo

Linea Formación, Género y luchas populares

Por: Fredy Cante. Profesor En Universidad Del Rosario

Con un manojo de reflexiones, en esta columna, se mezclan vivencias del autor como una breve estadía en Mompós, una visita al Museo Nazi de Nuremberg, la participación como académico invitado al Primer Encuentro de Víctimas del Desarrollo, y la lectura de la novela "Mengele Zoo".

 

05.4

Este fin de año me dejó tres bonitos regalos, los cuales comparto con el público de la Silla Vacía. Una breve visita a Mompós en Noviembre; en la primera semana de Diciembre, en la Universidad San Buenaventura de Medellín, mi participación como académico invitado al Primer Encuentro de Víctimas del Desarrollo; y para colmarme de dicha, por esos mismos días un estudiante del Doctorado en Ciencia Política de la Universidad del Rosario me obsequió un ejemplar de la exquisita novela Mengele Zoo, del noruego Gert Nygårdshaug.

Viajar a Mompós es experimentar la pureza de un hermoso pueblo, que gracias a su aislamiento, mantiene arquitecturas intactas que dan cuenta de nuestra historia. Es aventurarse en lancha por el río Magdalena. Al llegar uno encuentra gente amable y encantadora; calles todavía destinadas para el caminante y para los niños que pueden correr y jugar. Es una lástima que la locomotora de la infraestructura pronto llevará los ruidos y los vicios de eso que llaman progreso, a través de un largo puente que conectará a este pueblo con Magangué; y también es triste que la voracidad de turismo a gran escala tenga listas sus garras para depredar la belleza natural y cultural de Mompós.

Gracias a la iniciativa de unos profesores y activistas del grupo Kavilando y al esfuerzo propio de los participantes del Primer Encuentro de Víctimas del Desarrollo, comprobamos una vez más, de viva voz de las comunidades, cómo es que eso que los pedantes economistas convencionales denominan "desarrollo" y "progreso", tiene demasiadas dimensiones oscuras y deja a su paso muchas víctimas.

Los indicadores de opulencia (PIB, inversión, rentabilidad, empleo, etc.) y las imágenes publicitarias del sector público y privado muestran imponentes obras de desarrollo como autopistas, tranvías, turismo, represas, y diversas formas de minería, y de la extracción de petróleo que ahora se comienza a hacer con la técnica nociva del fracking. Los tecnócratas e inversionistas, y las distantes hordas de consumidores citadinos, no ven o no quieren ver, y no sufren los daños sociales y ecológicos que deja tanto despliegue de la “destrucción creativa” del progreso.

Como lo afirman los organizadores del mencionado evento: “…Actualmente, el país enfrenta una compleja realidad trazada por una arremetida de multinacionales y grandes empresas nacionales empeñadas en el desarrollo a todo costa, de grandes proyectos mineros, de hidrocarburos, hidroeléctricos, embalses, infraestructura, agro-industria a gran escala, todo, articulado a un modelo económico que impacta negativamente la vida de las comunidades.”

La novela Mengele Zoo, muestra los sufrimientos y, en especial, la resistencia —quizás discutible por lo presuntamente violenta— que lleva a cabo el protagonista de esta historia, que es una de las millones de víctimas del desarrollo a su paso por las selvas de América Latina, en particular de la extensa y fascinante región amazónica. Leer este texto me ha dejado varias reflexiones y sensaciones que comparto con el público.

La narrativa de Gert Nygårdshaug es pura energía psicológica, imposible dormirse cuando los hechos suceden tan rápido y tan sorpresivamente que uno se siente viendo una película de Emir Kusturica, por ejemplo, Gato negro, gato blanco.

El título del texto, alusivo al peligroso científico Nazi, Josef Mengele, se entiende fácilmente cuando en la narración del noruego Gert se muestra la historia de una selva plural y diversa, que va siendo talada, deforestada y potrerizada para dar paso al imperio de la uniformidad y, en particular, de la productividad de los proyectos de desarrollo a gran escala como: represas, monocultivos (no sólo de café, banano y cacao para endulzar el comedor de europeos, gringos y asiáticos opulentos; sino también de palma y caña para biocombustibles), y la horrible depredación que deja la minería y la extracción de combustibles fósiles. La novela fue publicada en 1989, y quizás por eso no podía dar cuenta de los transgénicos, las semillas certificadas y, además, de la fabricación de especímenes humanos en laboratorios tétricos y pavorosos, como en el documental La teoría sueca del amor: el triunfo del Estado del bienestar, o La utopía de un mundo feliz del visionario Aldous Huxley. 

El profesor Michael Mann, en su extensa investigación El lado oscuro de la democracia, ha mostrado que los grandes procesos democráticos, en particular el de Estados Unidos, han implicado el exterminio sistemático de etnias diferentes (y supuestamente opuestas al progreso). La novela Mengele Zoo, más allá, como anticipándose a la carta del Papa Francisco, Laudato si (encíclica sobre el cambio climático y la desigualdad), muestra el lado oscuro y fascista del desarrollo económico: acabar con todos los seres vivientes para garantizar la cómoda sobrevivencia y la excesiva reproducción de la raza humana. Si acaso uno va de visita al Museo Nazi de Nuremberg, no puede evitar sonreír con sorna, al ver la megalomanía de Hitler comparada con los monumentos al progreso hoy existentes como, por ejemplo, los gigantescos rascacielos y las anchas autopistas.

El héroe de la novela comienza siendo un niño tierno que apenas caza y colecciona mariposas, y termina siendo un temible terrorista (para los grandes empresarios, banqueros, y ejércitos de tecnócratas y militares del mundo desarrollado) y un héroe romántico para los sinceros ecologistas y, en particular, para las víctimas del desarrollo de la región amazónica y de otras selvas del mundo. Su lucha, más que militar es mediática, y busca que las selvas sean mantenidas como reservas de vida y fábricas de aire puro.

El lector taxativo y amante de las estadísticas podrá constatar que las víctimas del terrorífico grupo mariposa alcanzaron a unos pocos cientos de sujetos calificados de malévolos y ambiciosos;  un experto en seguridad, para nada heterodoxo, como el profesor Todd Sandler, ha mostrado en sus estudios que las víctimas por accidentes de tránsito (peatones atropellados en las autopistas de Estados Unidos) se cuentan por decenas de miles, las víctimas por atentados terroristas se contabilizan en algunos centenares.

El novelista plasma sus temores y fobias, en especial, un planeta asfaltado y saturado de autos, y la multiplicación de gente obesa en Estados Unidos. Hoy se han extendido endemoniadamente carros y autopistas, y la población obesa inunda a países como Colombia. Lo peor es que el calentamiento global es una de las violentas reacciones de la naturaleza, la fiebre de la tierra, ante el maltrato y la codicia humana.

tomado de: http://lasillavacia.com/silla-llena/red-verde/historia/mengele-zoo-o-las-victimas-del-desarrollo-64033

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