Santurbán y la crisis del modelo de crecimiento

Linea Territorio y despojo

Por Pablo Leyva. El Espectador

Los páramos y la alta montaña son geoecosistemas sensibles, valiosos por su función en el ciclo del agua y para la conservación de la biodiversidad, entre otras.

 

san turban 1

Su alteración tiene impactos y efectos ambientales de largo alcance en el espacio-tiempo. Por tanto, su conservación es prioritaria y su intervención, para uso campesino, por ejemplo, debe ser mínima, cuidadosa, armoniosa con la naturaleza y sostenible.

La ocupación de la alta montaña tiene una larga historia: sitios sagrados para las comunidades indígenas, tierra para campesinado desplazado, áreas de pastoreo, agricultura y explotación para terratenientes, comerciantes, guaqueros y extracción de flora y fauna, yacimientos para minería y consecuentes asentamientos poblados.

Para conservar la alta montaña se han hecho importantes avances, como la Ley 2 de 1959, la declaración de Parques Nacionales en los años 70, reservas posteriores y la actual delimitación de los páramos. El “conflicto” entre la vocación natural de estas áreas y los intereses de los particulares se ha resuelto, como en Chingaza, donde primó cuidar las fuentes de agua. También ha sido claro que proteger unos pocos ecosistemas sensibles no es suficiente para garantizar el manejo sostenible de socio-geo-eco-sistemas. Para eso existen desde hace años conocimiento, criterios, políticas, normas, estudios y numerosos esfuerzos de ordenación y manejo de cuencas, desbordados hoy por el modelo producción-consumo-desperdicio-contaminación.

El descuidado manejo ambiental de los últimos gobiernos ha motivado pronunciamientos de las cortes, especialmente de la Corte Constitucional, que han obligado a corregir e indicado el rumbo. Se necesitan un Sistema Nacional Ambiental (Sina) consolidado, articulado, con un soporte científico fuerte, sistémico, interdisciplinario e interinstitucional; un Ministerio competente, no politizado, para impulsar procesos de desarrollo sostenible, de acuerdo con los compromisos adquiridos por Colombia ante la ONU. La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) debe replantearse. Sus criterios y estándares son cortos, desarticulados; están obsoletos.

Santurbán evidencia que el modelo de crecimiento llegó al límite para satisfacer las necesidades de la población y usar la naturaleza sin destruir sus componentes ni alterar sus sistemas y ciclos. Es evidente que el área de protección de Santurbán debe ampliarse, articular las cuencas, escuchar a toda la población afectada, adelantar programas serios de transición socioeconómica hacia la sostenibilidad ambiental. Y descartar la minería a gran escala por su macroimpacto social, económico, ecológico y sus enormes pasivos ambientales para los Santanderes y el país.

El presidente Santos cometió un grave error al pensar que Santurbán estaba bien delimitado y podía aceptar una condecoración del Kew Gardens por “su defensa de la biodiversidad” y “estar comprometido con la sostenibilidad ambiental”. Y volar después a los Emiratos a recibir una “donación” para la paz e inversión para la explotación minera a gran escala en Santurbán, que significa un impacto y conflicto ambiental de grandes proporciones. El presidente debe devolver ese dinero, honrar el compromiso de cuidar la naturaleza que les hizo a los mamos en la Sierra Nevada y ejecutar urgentemente una verdadera política de desarrollo sostenible en el territorio promisorio de los Santanderes.

Tomado de: https://www.elespectador.com/opinion/santurban-y-la-crisis-del-modelo-de-crecimiento-columna-724924

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