Hidroituango y los Nutabes

Linea Territorio y despojo

 Por: Jorge Eliécer David Higuita

Fue así como Orobajo, caserío descendiente de la línea directa de aquellos nutabes del siglo XVI y XVII, se mantuvo hasta mayo del 2018, cuando la inundación precipitada por Hidroituango inundó sus tierras ancestrales.

 

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Comunidad Nutabe de Orobajo en 2011

 nutabe 2018

Comunidad Nutabe de Orobajo en Mayo 3 de 2018, a punto de ser inundada por Hidroituango

Desde que el proyecto hidroeléctrico más grande de Colombia iniciara su gran crisis al final del mes de abril del 2018, mucho se ha hablado de las afectaciones a comunidades y ecosistemas aguas abajo de la presa de Hidroituango, esto es, en las zonas conocidas como el Bajo Cauca antioqueño y la depresión de La Mojana (antiguo territorio de la etnia senú). Y resulta paradójico que ésto ocurra, precisamente porque los dueños de Hidroituango y su constructor, el Grupo EPM, habían negado tajantemente que dicho proyecto tuviese impactos aguas abajo de la presa, o de tenerlos, serían tan mínimos que no requerían concertación con comunidades e instituciones de las zonas mencionadas. No obstante estas posturas de EPM, los pescadores y barequeros del Bajo Cauca, basados en su sentido común y en su conocimiento ancestral de la cuenca del Cauca, argumentaban que era imposible no tener impactos en el río y en sus vegas, una vez se construyera un muro de más de 220 metros de altura. Se preguntaban cómo diablos iban a hacer los peces para su tránsito natural en toda la cuenca, y cómo el oro seguiría fluyendo con tremendo muro de concreto. EPM siempre dijo, de la mano de sus “expertos”, y con la complacencia de las autoridades ambientales (La ANLA, CORANTIOQUIA y El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible), que no se preocuparan por los impactos de la represa, que aguas abajo todo sería normal, y que no estaba previsto ningún desastre a futuro.

Hoy vemos como los famosos “expertos” se han equivocado, y como aquellos personajes humildes del sentido común, tenían toda la razón. Hoy, a 50 días de haberse iniciado aquella “contingencia”, el Bajo Cauca vive un desastre ambiental y social sin precedentes en el último siglo, que se extiende hasta la desembocadura del río Cauca en el Magdalena, afectando los departamentos de Antioquia, Córdoba, Sucre y Bolívar.

Pero de aguas arriba de la presa poco se habla, y nada se ha dicho de los nutabes, el pueblo indígena originario del Cañón del río Cauca, que allí ha pervivido de manera continua por más de 2000 años. A excepción de algunos comentarios en redes sociales y a una columna del escritor Héctor Abad Faciolince publicada en el diario El Espectador el 27 de mayo de 2018, titulada Hidroituango y el Bredunco” (https://www.elespectador.com/opinion/hidroituango-y-el-bredunco-columna-790942), poco se ha dicho de esta etnia, lo que demuestra la poca profundidad en investigación que tienen nuestros periodistas regionales y nacionales, quienes con la crisis de Hidroituango, pocas veces van más allá de los informes oficiales de EPM y el Puesto de Mando Unificado PMU, y quienes han tratado la emergencia ambiental y social provocada por dicho proyecto como un reality más: es gracioso y vergonzoso ver aquellas crónicas noticiosas de los cumpleaños de quinceañeras en los atestados albergues con sus edecanes militares, o aquellos bomberos rescatando animales domésticos en la pueblo fantasma de Puerto Valdivia, mientras la angustia de miles de desplazados no tiene manera de expresarse ni de calmar sus condiciones indignas a las que han sido sometidos por Hidroituango.

Los nutabes aportaron desde el siglo XVI a la construcción de lo que hoy es Antioquia como departamento, precisamente desde un territorio rico en recursos auríferos e hídricos que tenía como eje central al río Cauca, donde practicaron el barequeo (extracción artesanal de oro de los lechos fluviales), la pesca, la caza, la agricultura y el comercio, entre otras actividades de aquella época. Tenían dominio de las márgenes derecha e izquierda en la zona conocida como el Cañón del río Cauca, cerca del sitio de presa de Hidroituango, donde hasta el 3 de mayo del 2018 estaba el famoso puente de “Pescadero”, quien se hundió en sus aguas desde este desafortunado día. Para dicho dominio habían construido, unos metros más arriba de “Pescadero”, un puente de bejucos y madera llamado “El Bredunco”, nombre también dado al río Cauca en lengua nutabe, y al que alude Héctor Abad en el artículo arriba citado. Dichos puentes son muy emblemáticos en la historia regional de la zona, pues se construyeron precisamente en uno de los puntos más angostos del Cañón del Cauca, situación geográfica que también aprovechó Hidroituango, pues permitía construir una gran presa en esta garganta enorme que aprovecharía el caudal del río Cauca, supuestamente a muy bajos costos.

Cerca del puente “El Bredunco”, junto al sitio el Valle de Toledo (que hoy sirve para el funcionamiento de los campamentos de la hidroeléctrica), los nutabes ajusticiaron al primer gobernador que tuvo la Provincia de Antioquia en 1574, el español Andrés Valdivia, quien fue vengado posteriormente con una saña increíble por el “pacificador” Gaspar de Rodas desde la señorial Santa Fe de Antioquia (que dista sólo unos 80 kms desde “Pescadero”).

Desde entonces, y tras la matanza comandada por Rodas, los nutabes empezaron a menguar, a pesar de haber habitado todo el centro de Antioquia, dominando vastos territorios en las cordilleras Central y Occidental. En 1622 fueron agrupados en un resguardo indígena llamado “San Pedro de Sabanalarga”, quien tuvo una duración aproximada de dos siglos, siendo disuelto con la llegada de los republicanos al poder en la década de 1830. Desde entonces se repartieron las tierras comunales del resguardo y empezó un proceso de mestizaje mucho mayor que antes, entre indígenas nutabes, afros y europeos, que fue conformando la población actual que habita en el Cañón.

Por tal razón se consideró que los nutabes habían desaparecido al disolverse el resguardo, y porque la reivindicación social y organizativa como indígenas había desaparecido, no obstante que sus prácticas culturales seguían intactas: extracción de oro de las playas del río Cauca, pesca, agricultura y comercio con los vecinos de las montañas altas y con los centros urbanos próximos de Sabanalarga, Toledo, El Valle e Ituango.

Fue así como Orobajo, caserío descendiente de la línea directa de aquellos nutabes del siglo XVI y XVII, se mantuvo hasta mayo del 2018, cuando la inundación precipitada por Hidroituango inundó sus tierras ancestrales.

Orobajo no es la única comunidad nutabe que ha sobrevivido en la zona del Cañón del río Cauca, dado que otras comunidades como La Aurora o Cañaona, Remartín, Membrillal y Barbacoas, también tienen ascendencia indígena. Sin embargo, Orobajo en la actualidad, es la única comunidad en todo Colombia registrada ante el Ministerio del Interior como parte del pueblo nutabe, resultado de un largo proceso de autorreconocimiento y de exigencia jurídica de sus derechos étnico territoriales, que han obligado a Hidroituango y su grupo EPM a la realización de una Consulta Previa, la cual inició el pasado 11 de mayo de 2018, a pesar de haber sido solicitada desde el año 2012, vulnerando los derechos fundamentales de esta comunidad indígena, que hoy se halla desintegrada y por fuera de su territorio biocultural.

Oh! Paradoja. Una de las razones por las cuales se consideraba un gran negocio a Hidroituango, era la situación particular de poblamiento escaso existente en la zona del Cañón del río Cauca, cuyas condiciones extremas y desérticas por ser zona de bosque seco tropical contenía solamente dos comunidades por reubicar (Orobajo en Sabanalarga y Barbacoas en el municipio de Peque), más unas cuantas familias dispersas a lo largo del Cañón, que en todo caso no superaban el millar. Aguas abajo en cambio, el número de afectados actualmente supera las 200.000 personas, lo que hace suponer que los costos por reparación y reubicación obligatorias serán enormes, que incluye la necesaria reubicación de caseríos, pueblos y ciudades intermedias como Caucasia.

Héctor Abad Faciolince, en otra columna publicada en el mismo diario El Espectador el 3 de junio de 2018, titulada “Una pirámide en el Cauca” (https://www.elespectador.com/opinion/una-piramide-en-el-cauca-columna-792165), compara la obra de ingeniería de Hidroituango con una gran catedral, haciendo reverencia a la magnitud técnica de la megaobra y a lo descomunal de sus pretensiones, concluyendo que tal vez se haya llegado al momento en que no sea necesario ni deseable construir mega presas en Colombia, como tampoco es el tiempo de las grandes catedrales ni de las pirámides. Es verdad que su tiempo ha pasado. Sin embargo, Héctor Abad no ha entendido que la catedral para los nutabes ha estado allí desde siempre en el Cañón del río Cauca, que sus columnas son sus inmensas y filosas montañas, tatuadas por los dioses del tiempo y el río, y que como expresiones sagradas y eternas, siempre estarán cobijando a los nutabes en aquel templo natural orquestado por guacamayas.

Al parecer, y esto no lo admite Héctor Abad, los dioses amerindios han triunfado, al menos por esta vez, y el proyecto Hidroituango y EPM tendrán que aceptar que fueron derrotados, al menos parcialmente, por las montañas que caminan y la furia del “Patrón Mono” (el río Cauca nombrado así por los cañoneros de la zona), así como el gobernador Andrés Valdivia fue vencido por el cacique Quimé en 1574.

Vale decir nuevamente, que quien no conoce la historia está condenado a repetirla.

JORGE ELIÉCER DAVID HIGUITA

Antropólogo

Cañón del Río Cauca – Antioquia

Junio 12 de 2018

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