UNA SALIDA NEGOCIADA AL CONFLICTO ARMADO UNA NECESIDAD O ¿UNA NECEDAD?

Linea Conflicto Social y Paz

Para empezar, es necesario partir de dos ideas: - Los conflictos son un elemento propio e inherente a las sociedades y - Colombia lleva un conflicto con fuerte componente violento armado, al punto que todas las generaciones hoy, han nacido y crecido en un momento especifico de dicho conflicto.

 

 

Colombia vive tal vez el conflicto armado más largo del mundo, con unos grados de complejidad importante al punto que: - hoy existen varios países con ejércitos que en número, son inferiores a la fuerza en hombres, armas y poder destructivo que tienen las guerrillas, quienes además, en Colombia ya se han enfrentado a por lo menos a 10 gobiernos diferentes, pero que también han iniciados diálogos que posibiliten una real negociación (aún, intentos fallidos), lo cierto es que hoy, estos grupos siguen resistiendo y a la fecha ya cuentan con nuevo poder letal fruto de su adaptación a la nueva estrategia militar contrainsurgente, - el paramilitarismo pervive, - existen y perviven ejércitos poderosos de narcotraficantes llamadas bandas criminales las cuales se multiplican, - las lógicas urbanas de guerra se complejizan e hibridan, - la fuerza pública se ve permanentemente relacionada con hechos violentos violatorios de los derechos humanos y el DIH, etc., se trata por lo dicho, de un contexto complejo que requiere de miradas diversas y acciones más allá de las meramente policivas.

Ahora bien, hoy el proyectos militar que el Estado adelanta contra la insurgencia, llamado: “Yunque y Martillo”, que buscaba por todos los medios golpear permanentemente a la insurgencia, no reconocerle estatus, negarle toda posibilidad de diálogo aplicándole la teorías del enemigo absoluto, replegarle hacia los límites fronterizos (lo que trajo momentos de crisis con los países vecinos) y los limites biológicos, ha ido fracturándose, en tanto las fuerza insurgente se ha adaptado superando poco a poco la letalidad de la aviación y la inteligencia militar, tanto así que el accionar de la insurgencia hoy, ya no es de retirada y repliegue estratégico, retomando movimiento e iniciativa de combate como lo demuestra el aumento de sus eventos bélicos por todo el territorio nacional, dando muestra de un avance estratégico de recuperación de territorios; es claro que toda ésta dinámica tiene unos costos humanos muy altos y hacen pensar nuevamente en que la sola estrategia militar y la negación de las causas que alimentan de fondo este conflicto armado no serán suficientes y por el contrario, prolongarán una violencia endémica con alto poder destructivo.

Hoy el ejercito sabe que debe en algún momento, darse una negociación, pero esta es una idea que tiene múltiples contradictores y obstáculos, incluyendo el interés del complejo entramado de negocios de quienes se lucran del jugoso negocio que gira en torno a la guerra, de la riqueza que genera para ciertos sectores sociales y el poder y riqueza que representa para los bandos en confrontación. Este sector militar sabe que al darse una negociación, se requerirá antes, infringir el mayor daño posible al enemigo al punto que hoy buscan, con desespero, causar un daño que resulte letal y altamente simbólico como lo sería lograr la baja de Alfonso Cano; pero es éstas lógica la que termina imposibilitando el  apreciar y entender otras rutas para la superación de esta endémica confrontación armada.

También teme el ejército, su papel en una eventual negociación, en tanto allí, al hablar de Verdad, Justicia y la Reparación para la no repetición, por parte de los Ejércitos legales e ilegales en confrontación, también a ellos, llamados ejército legal, se les pedirá (como otro actor más de ésta guerra), pagar por sus excesos, violaciones al DIH a los derechos humanos al igual que a quienes ellos llaman “sus enemigos”, pero teniendo una responsabilidad mayor por su condición de ejército legal.

El narcotráfico es otro factor que dinamiza la confrontación, también deberá ser tenido en cuenta y en primer orden en estos posibles procesos de acuerdos para la paz.

Pero en esta posible negociación es claro que el papel central lo tiene la sociedad, pues el conflicto eminentemente bélico lo han de resolver los actores buscando transformarse en sujetos políticos y la forma como se les aplicará justicia.

Hoy, la guerra tiene más impacto mediático y publicitariamente vende más que las acciones y escenarios de paz, por ello nos urge como país, establecer escenarios de permanente construcción de cultura de paz,. Hoy habrá que abordar el tema desde amplios sectores de la sociedad, la iglesia hoy ha propuesto 8 mínimos para hablar de paz y de negociación política para superar el conflicto armado, Gustavo Petro habla de implementar la asfixia democrática, mas democracia real para asfixiar la guerra, diversos sectores locales han elevado sus propuestas de paz, se habla hoy del dialogo diverso, entre otras muchas apuestas, pero a estos múltiples esfuerzos no se les hace publicidad por ejemplo; estudiar los procesos de paz pasados, discutirlos con seriedad y desde una mirada académica con realismo, más allá de la emotividad que deforma la realidad, encontrar y unir aliados para la paz, hoy UNASUR le apuesta a una salida negociada al largo conflicto armado de Colombia, abrir espacios de paz, construir oportunidades de encuentro, escucha y dialogo activo.

En este punto vale señalar como ejemplo, el Caguan, proceso en el que se recogieron más de 60 mil propuestas e iniciativas de transformación y todas dadas desde la misma población, igualmente allí se acordó una agenda de 12 puntos concretos, pero, estas iniciativas no fueron tenidas en cuenta, ni publicitadas por una cultura de la guerra, siendo así que la propuesta para hacer frente al conflicto armado se tradujo en más guerra; de esa época a la fecha la intensidad y letalidad de la lucha sigue generando fuertes daños.

Por su parte, la insurgencia habla de abrir espacios de diálogo, recientemente lo han hecho tanto las FARC como el ELN, construir metodologías para elaborar agendas básicas en las que se discuta un país para todos, una construcción desde abajo y es aquí donde la sociedad juega un papel determinante pues el conflicto en Colombia tiene razones estructurales de exclusión e inequidad, por ello es un asunto para resolver como sociedad,  discutir y acordar allí temas como el ingreso, la distribución de la riqueza, la falta de oportunidades, el acceso a los servicios básicos, la reforma agraria, entre otros múltiples temas que no pueden ser satanizados ni criminalizados para alcanzar mínimos para la paz.

Con lo dicho, también es necesario, encontrar rutas para transformar paulatinamente una cultura de la violencia por una cultura de paz, pero ésta última no podrá ser entendida como el solo silenciamiento de los fusiles, más allá, se trata de un trabajo sostenido, un procesos que  consolide una forma de relacionarnos “no violenta”, pero esto pasa por todos los ámbitos de la vida diaria, la manera como interactuamos, lo roles y patrones que los medios de comunicación incentivan a través del lenguaje en ellos transmitido, el manejo de la información, formas de inclusión,  etc.

El tema queda abierto y como cierre de éste importante conversatorio para la reflexión y generación de propuestas, se acordó darle continuidad a esta iniciativa de intercambio de ideas y propuestas sobre la paz, así como insistir en una Cultura de Paz que trasgrede una sociedad armada y estimulada para la guerra y ahonda la exclusión, la injusticia y la desigualdad.

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