El modelo neoliberal restaurado: saquear, exterminar, colonizar

Linea Formación, Género y luchas populares

Raúl Prada Alcoreza

Hay que reflexionar sobre estrategias y procedimientos del poder y de las dominaciones, que tienen como desenlace la conquista, el saqueo y la colonización, que traen a colación el exterminio, es decir, el genocidio, sin olvidar al ecocidio.

 

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La excusa para que esto haya acaecido, vamos a decirlo de esa manera, tan general, que hemos discutido siempre, es la “defensa del Occidente”, de la historia y cultura occidental, que, además, no es exactamente occidental, desde el punto de vista geográfico, puesto que el occidente está en el continente de Abya Ayala. Entonces la colonización, el saqueo y el exterminio son consecuencia, supuestamente civilizatoria de la conquista y la colonización del continente, que se llamó el Nuevo Mundo.

En Derrames II[1], Gilles Deleuze expone sobre las formas de los aparatos de captura, entre ellos sobresale la forma Estado. En la forma Estado destaca la figura del imperio, tanto arcaico como “evolucionado”. El imperio se basa en el fenómeno mayúsculo de la desterritorialización y la sobrecodificación, además de la erección de lo público, sobre la base de una masa de funcionarios, sin olvidar considerar la moneda, que sirve para pagar el tributo y los impuestos, fuera de viabilizar el comercio exterior, que es monopolio del déspota.

La otra figura es la forma ciudad, que no se basa en el territorio, sino en los circuitos. Se podría decir que es una máquina de captura menor, si la comparamos con la forma Estado, en la figura de imperio. La forma ciudad se opone a la forma Estado, en su figura de imperio, sin embargo, el imperio es capaz de capturar ciudades. Deleuze también habla de otros Estados menores, que corresponden al mar Egeo, donde no había condiciones para forma un imperio, por lo menos, de la magnitud de los llamados imperios orientales. Sin embargo, no hay que olvidar que la extensión Macedonia se da hacia Asia, conformando un gran imperio griego, después de la conquista de Persia. Pero dejando de lado estas observaciones, lo que interesa es rescatar los apuntes sobre la complementariedad externa, entre los metalurgistas y comerciantes del oriente y los Estados de occidente; también, no hay que olvidar la ruta del cobre y quizás después del estaño, desde lo que es la Bretaña francesa hacia los imperios de Oriente. Así mismo, Deleuze habla de complementariedad interna, refiriéndose a los sobrecódigos, que no pueden controlar los flujos de descodificación. En el imperio, la propiedad pública se va a complementar internamente con la presencia incipiente de la propiedad privada, que corresponde a los plebeyos y a los libertos.

Deleuze, exagerando, dice que el Estado antiguo, dado en la geografía Egea, no sabía de otra cosa, en su despliegue, que dar lugar al desenlace del saqueo. En otras palabras, no estaban en condiciones de conquista imperial. Hemos dicho que esto es exagerado, hay ejemplos que contradicen, uno de ellos acabamos de mencionarlo, que corresponde al imperio alejandrino. Por otra parte, no podemos decir que no se dan lugar a saqueos en otras formas de los aparatos de captura, que incluso corresponden a la forma imperio. En todo caso, lo que importa aquí es rescatar la hipótesis de un modelo o un paradigma de saqueo, que aparece plenamente en la colonización moderna o en el inicio de la modernidad, que comienza con la conquista y la colonización de Abya Yala.

Esto, la conquista y colonización modernas, parece darse lugar como acontecimiento demoledor, sin precedentes, puesto que equivale, al arrasamiento de sociedades y culturas nativas. El exterminio se da palpablemente al norte del continente americano y en el extremo sur de este continente; el exterminio sin precedentes de sociedades y pueblos. Es decir, no solamente el saqueo, sino el genocidio y la desaparición de pueblos y de culturas. Que, si bien ha ocurrido, más o menos, lo mismo en el centro del continente y en Sudamérica, por lo tanto, en la Amazonia, ha ocurrido en escala relativamente menor, considerando sus variaciones extensivas e intensivas. Sin embargo, el fenómeno aquí es el de la aculturación, el de las simbiosis y el sincretismo, el de los mestizajes, las mezclas y entrelanzamientos abigarrados. Lo que importa es concentrarse en este paradigma del saqueo, que parece persistir, prolongarse e irradiarse, además de actualizarse, a lo largo de toda la modernidad, contrayendo desenlaces fatales en la actualidad.

Comparando los conceptos de saqueo, exterminación y colonización, podemos decir que el concepto de colonización contiene a los otros conceptos, los convierte en categorías de su estructura de composición teórica. De alguna manera podemos decir que la colonización supone el saqueo. Además, que la colonización deriva en la exterminación. La colonización moderna es el sustrato del sistema mundo capitalista, es decir, del capitalismo moderno. Si suponemos un ciclo más largo de la historia del capitalismo, quizás desde hace cinco mil años, incluso más antes, teniendo en cuenta la primera ciudad, entonces el primer Estado, la primera moneda, el primer tributo y los primeros funcionarios, escribas y sacerdotes, entonces podemos decir que el capitalismo supone el Estado, que el capital es producto del Estado. No como creen los neoliberales y los liberales radicales, que la economía capitalista puede funcionar sin el Estado. Se equivocan históricamente. En la historia reciente, hemos asistido a la aplicación del ajuste estructural neoliberal a través de gobiernos autoritarios y de una tendencia totalitaria patentizada con el uso del terrorismo de Estado. En la historia reciente, hemos asistido a la aplicación de paquetes neoliberales, de ajuste estructural neoliberal, obsesionados y orientados por la utopía conservadora del equilibrio económico, implementada a través de gobiernos autoritarios y de una inclinación totalitaria del Estado represor, que conculca derechos y se encamina al Estado de excepción. Como dice Gilles Deleuze, el Estado mínimo es, en realidad el Estado totalitario. Esta es la paradoja neoliberal y de liberalismo radical.

 En Derrames II, Aparatos de Estado y axiomático capitalista, Gilles Deleuze, en la clase siete, Capitalismo, aparato de Estado y axiomática, escribe:

 ” ¿Qué es el Estado mínimo? Se los recuerdo, es por eso por lo que encuentro muy buena esa fórmula Virilio. Desde siempre, es lo que se llama el Estado totalitario. El Estado totalitario no es, en absoluto, un Estado máximo, es un Estado mínimo. A saber: En efecto, es el mínimo de Estado el que permite a los flujos descodificados del capital y del trabajo abstracto operar su conjugación como automática. Tomo este ejemplo: Para efectuar la liberación de los precios, es decir, para dejar que los precios varíen libremente, hace falta un aparato de Estado. Es el Estado mínimo. Ahora bien, asegurar la liberación de los precios tocaría uno de los polos, el Estado totalitario. Por lo tanto, mientras que a menudo la gente pasa como resbalando de la fórmula del Estado mínimo a, en última instancia, nada de Estado, me parece que nosotros, por el contrario, debemos hacer la gran diferencia entre las dos fórmulas: Nada de Estado, fórmula que sería sostenida por algunos anarquistas, y la fórmula del capitalismo, en muchos casos, Estado mínimo, sobreentendiendo, ellos no lo dicen, un Estado totalitario[2]. “

 El Estado mínimo es el Estado totalitario; parece una paradoja. Lo es, es en la paradoja donde se devela la verdad del Estado moderno. Ya no es un Estado territorial, propiamente dicho, puesto que la desterritorialización ha llegado al máximo con la axiomatización capitalista. Sin embargo, la desterritorialización no puede llegar a ser un espacio liso, donde fluyan los flujos descodificados. Esto implicaría no solamente la desaparición del Estado, sino la desaparición del mismo capitalismo, puesto que no podría ser posible la valorización del valor, tampoco el control de los medios de producción y sobretodo del trabajo, además del control sobre las reservas de los recursos naturales. El Estado moderno impide que la descodificación llegue al infinito o, dicho de otra manera, sobrepase el límite, a partir del cual ingresa a otros agenciamientos, más allá de la valorización, más allá del capital y más allá de la modernidad.

 En el libro citado y en el capítulo mencionado, Deleuze escribe sobre el rol de un aparato de Estado en una formación y en un régimen capitalista. Dice que, si se acepta la definición del capitalismo como conjugación generalizada de los flujos descodificados, la tarea es impedir que los flujos se descodifiquen al infinito; no sería posible. ¿Por qué? Dice que es preciso que haya mecanismos reguladores. El Estado es precisamente ese mecanismo regulador fundamental. Dice que el Estado va a operar las reterritorializaciones, acciones necesarias para impedir que los flujos de capital se descodifiquen demasiado rápido o demasiado radicalmente. Hará falta todo tipo de aparatos de regulación en ese sistema de automatismo. Aparece claramente la necesidad de una forma Estado[3].

 ¿Cuándo aparece el Estado mínimo? Obviamente, no solamente en el discurso neoliberal, que es más o menos reciente, si no por así, decirlo, como hecho, inclusive podemos llegar a proyectar como a acontecimiento. Respuesta: Se puede decir que el Estado mínimo se conforma cuando el Estado se hace sociedad, cuando el Estado ha construido la sociedad a su imagen y semejanza, cuando la sociedad es producto del Estado. Es decir, cuando el Estado se ha realizado en instituciones sociales, por ejemplo, en las instituciones escolares y educativas y también en las universidades. Resumiendo, podemos decir cuando el Estado se ha institucionalizado socialmente. Entonces, el Estado tiene la apariencia de ser Estado mínimo, cuando, más bien, en efecto, es totalitario, porque lo abarca todo, tiende a controlarlo todo, de una manera mimetizada, por ejemplo, como cuando aparecer el fantasma de la mano invisible del mercado. Vuelve a aparecer la paradoja liberal, que pretende hacer desaparecer hasta su condición mínima al Estado. Justo cuando el Estado ya se ha realizado en la sociedad, en el mercado, se encuentra en el mercado, no solamente con la moneda, sellada por el Estado, y el papel dinerario, impreso por el Estado, sino también por la presencia activa de conjuntos de mecanismos y engranajes de regulación.

 Hoy en día ha vuelto de discurso que habla del Estado mínimo, por cierto, hay que anotarlo, no se habla de la desaparición completa del Estado, como lo hace el anarquismo. Si no, de una manera hipócrita, se busca mantener el Estado supuestamente en su condición mínima, cuando lo hacen efectivamente en su condición máxima, simulada como minimalismo. Usan al Estado para imponer totalitaria, represiva y violentamente, el ajuste estructural, el modelo del equilibrio económico, a costa, del desequilibrio y del costo social.

 Se notan no solamente una inocencia, sino una puerilidad, en el discurso de un neoliberalismo restaurado, que se pretende radical, incluso usurpando el término de “libertario”, que corresponde al anarquismo. Esta inconsecuencia nos muestra las debilidades, las vulnerabilidades conceptuales, teóricas y el vacío del neoliberalismo actualizado. Requiere de usurpaciones semánticas, de plagios, de mezcolanzas discursivas, de lecturas excesivamente esquemáticas de sus propias fuentes teóricas económicas, por ejemplo, de la escuela austriaca y la escuela de Friburgo, más recientemente de la escuela de Chicago. En consecuencia, estos escolares, en sentido amplio, del liberalismo y de la economía, repetidores de fuentes teóricas, que no necesariamente las logran metabolizar, digerir, comprender y entender, salvo difundir de una manera panfletaria, lo que hacen es mostrar su desesperación en pleno espectáculo de las comunicaciones y destilando diatribas por todos lados.

 ¿Cuál es el contexto histórico, político y cultural del momento cuando se emite el discurso del Estado mínimo? ¿Qué ocurre en el ahora que puede explicar este discurso o retorno al discurso del Estado mínimo, en plena crisis de la modernidad tardía? Hipótesis: Ocurre que asistimos a un nuevo desplazamiento de la crisis orgánica y estructural del ciclo vigente del capitalismo. Una crisis que no solamente puede evidenciarse por el cumplimiento de la fase financiera del ciclo vigente del capitalismo, sino también por otros síntomas, no solamente alarmantes como la crisis ecológica, sino por las propias crisis que llamaremos de reproducción del capitalismo. Llama a la atención que esto ocurra justo cuando se da una nueva revolución tecnológica científica, cibernética y de la biología molecular, así como de la nanotecnología. ¿Cómo explicar este contraste que se da, sin precedentes, entre una revolución científica tecnológica ininterrumpida, por un lado, y por otro, asistimos a la irradiación y expansión de la crisis orgánica y estructural del capitalismo, respondiendo a su intermitencia y sus ritmos de descomposición?

 ¿Se puede sugerir rescatar la tesis marxista de la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción? ¿Estaríamos asistiendo a la clausura de toda la genealogía de los ciclos del capitalismo, cuando las fuerzas productivas superan, sobrepasan, a las relaciones de producción, que hacen de camisas de fuerza, constriñendo a las propias relaciones de producción? Puede ser. Sin embargo, no podemos adelantarnos, salvo analizar detalladamente los síntomas de la crisis estructural y orgánica del capitalismo en la modernidad tardía.

Otro síntoma alarmante tiene que ver con la guerra, la invención constante y permanente de la guerra, en distintas regiones del mundo. Actualmente en Europa del sudeste, así como en el medio oriente, adquiriendo niveles, no solamente dramáticos, sino trágicos, con el genocidio perpetrado en Gaza, después de una incursión de destacamentos preparados para la matanza en el sur de Israel, donde se encuentran los Kibutz, llegando por ambos o ambos bandos, para decirlo de ese modo, a un extrema in-humanización, cosificación y cuantificación administrativa desmesurada de la muerte. Sobre esto, hemos hablado en otros ensayos y en otras exposiciones. Lo que ahora nos interesa es el síntoma mismo de la guerra, cuando las potencias tienen en sus manos arsenales de armas de destrucción masiva, llamadas nucleares, que pueden desencadenar tal cataclismo donde desaparezca la humanidad y gran parte de la vida en el planeta. En ese sentido, el capitalismo, el sistema mundo capitalista se ha convertido en una amenaza evidente para la sobrevivencia de la humanidad.

Obviamente, no son conscientes los voceros del neoliberalismo, restaurado y actualizado en sus propias vulnerabilidades y vacíos, además de sinsentidos. Sin embargo, tampoco son conscientes las otras versiones políticas e ideológicas. Los neopopulismos que juegan a la interpretación banal de la política “revolucionaria”, en un teatro político grotesco, donde se invisten de “revolucionarios de pacotilla”. Llama a la atención que le izquierda marxista tampoco sea consciente de la situación, puesto que hasta ahora no se han hecho una autocrítica estructural y radical de las derrotas sufridas por los proyectos socialistas, no solamente del socialismo real, de los Estados socialistas de la Europa oriental. En otras palabras, todos parecen desplazarse como marchas fúnebres, que se encaminan a la muerte, sin ser conscientes de a dónde van. No parecen ser conscientes de que en una tercera guerra mundial todos pierden, nadie gana. Lo peor, que se habría vivido en vano, a lo largo de toda la genealogía de las civilizaciones, más aún de todas las trayectorias de la humanización y, antes, de la hominización, pues todo este pasado podría desaparecer de un sopetón.

Aunque parezca repetitivo, podemos decir que los desenvolvimientos de esa decadencia nos muestran, evidente y palpablemente, que asistimos a los despliegues despavoridos de una decadencia cada vez más insólita de la civilización moderna. Se hace más patético cuando escuchamos a voceros políticos estridentes y estrafalarios hablar de “libertad” y del retorno al desarrollo, cuando estas versiones triviales y pueriles del liberalismo decadente llegan al poder.

En consecuencia, la discusión no es entre un Estado mínimo y un Estado máximo, como pretenden los voceros del progresismo, incluso los voceros de la izquierda, si no la discusión es entre defensa de la vida, liberación de la potencia creativa de la vida, o muerte, muerte del planeta, muerte de la humanidad, que es llevada a cabo por las monstruoss heurísticas de las máquinas de captura o las máquinas militares las máquinas económicas del capitalismo, llevado al desenfreno la compulsió por el control planetario y de la vida, de una manera panóptica y oligopólica.

tomado de: https://movilizaciongeneral.blogspot.com/2024/03/el-modelo-neoliberal-restaurado-saquear.html?spref=tw

 

 

 

 

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