Los más alevosos y equívocos insultos que aún se oyen en Bogotá, suelen rematarse con una invitación miserable: "no sea indio". El autofágico insulto puede ser proferido muchas veces por alguien de rasgos evidentemente indígenas, por algún muisca de Everfit en trance de blanquearse.

Recuerdo mi encuentro con Fabio Vásquez Castaño, en la Habana, por esta época hace algo más de una década. Lo había estado buscando casi veinte años para que me diera una entrevista en el marco del trabajo de investigación que desarrollaba sobre la Historia del ELN

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