Del Malestar a la Cura: En búsqueda del sentido. Medicina popular y medicina tradicional en Jongovito (Libro)

Observatorio K.

Por: Editorial Kavilando

En Colombia, las culturas ancestrales (indígenas y afros) tienen un fortín de saberes con los cuales promueven la salud. Estos saberes tienen sentido al interior de sus comunidades, son codependientes de su cosmovisión y cosmogonía. Es el caso jongoviteño, vestigios de una cultura milenaria: los Quillacingas (Colombia).

 

 

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La Organización Mundial de la Salud –OMS– (1949) entiende la salud como “el completo estado de bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad”. Este concepto universal, con algunas modificaciones en los últimos tiempos, deja por fuera cualquier otro que se tenga en alguna sociedad en el mundo.

En un país diverso como Colombia, por ejemplo, esto necesita una especial atención, debido a sus condiciones sociales, culturales e históricas. Sin embargo, tal parece ser que en el sistema de salud colombiano prevalece el concepto derivado de la implementación del modelo biomédico, que tiene gran influencia de un sistema económico administrativo centralista y excluyente, donde ha primado lo orgánico en sus intervenciones. Para este modelo, la enfermedad está en el área física y estratificada de los “pacientes”, y es a esa zona a la que se debe dedicar mayor atención, dejando en segundo
plano las dimensiones psicológica, espiritual y social: 

El modelo biomédico de la enfermedad no es una realidad científica racional que resulte internamente consistente; más bien está abierto a diferentes interpretaciones, incluso entre los profesionales de la salud. Las enfermedades, lejos de ser homogéneas, son definiciones que varían de acuerdo con la
especialidad del médico, el contexto, la audiencia, el tipo de condición, y también las características personales del médico y su posición en la jerarquía profesional (Helman, 1985, pp. 293-294, citado por Lupton, 2003).

Germán Zuluaga (2006, p. 13) expone que cuando la OMS propone llevar la medicina moderna a todos los lugares del planeta, no hace ninguna consideración sobre las diversidades ambientales, sociales y culturales en las que se instala. Sin pretenderlo, de manera explícita exige que la cultura se acomode a la ciencia médica y al modelo económico y jamás ofrece la posibilidad de otra cosa.

Esta cuestión es delicada y todo indica que no se puede detener lo que la medicina moderna puede ignorar en su conquista. El desencanto del mundo ha llevado a pensar que la “ciencia occidental” es la única que puede dar respuesta a los malestares sociales, más aún cuando se trata de la salud. De allí que se haya dejado a las ciencias de la salud (ciencias naturales) tal estudio. Y éstas, en su tarea, se han enfocado en la enfermedad, y no en el padecimiento o dolencia, como lo expresa Lupton (2003) en referencia a Kleinman (1988) Posner (1991) y Turner (1996): “la dolencia se refiere a la experiencia social, experimentada de síntomas y sufrimientos, y es humana por naturaleza” (p. 108).

En cambio, la enfermedad “no se limita a los seres humanos: los animales o las plantas pueden enfermar” pues tal condición “denota una falla técnica
o una desviación de la norma biológica” (p. 108). A propósito, desde la perspectiva del construccionismo social, la enfermedad está supeditada al “influjo del contexto social, histórico y político” (Lupton, 2003), al igual que la dolencia. 

Incluso, para el caso de los trastornos mentales, como lo menciona Chacravorty (citado por Marcella & Yamada, 2007), el DSM no ha logrado considerar las diferencias culturales al momento de definirlos:

Un patrón central (occidental) de los trastornos se identifica y es tomado como norma por la cual otros (locales) patrones son vistos como variaciones menores. Tal construcción implica una cierta insuficiencia por parte de aquellos pacientes que no llegan a un “estándar”. Aunque pocas personas estarían de acuerdo con tales declaraciones, hay evidencia del sesgo, basada en valores, y corrientes a menudo racistas en psiquiatría. Los psiquiatras en el mundo en desarrollo han aceptado un marco de diagnóstico llevado a cabo por la medicina occidental, pero que no parece tener en cuenta la diversidad de patrones de comportamiento que ellos encontraron (p. 799).

La psiquiatría colombiana tampoco se salva de tal sesgo. Por ejemplo, el Estudio Nacional de Salud Mental de Colombia (Ministerio de Protección Social, 2003) y la Encuesta Nacional de Salud Mental (Ministerio de Salud y Protección Social, 2015) se concentran en establecer estadísticamente la prevalencia de ciertos trastornos mentales, dejando por fuera aquellos síndromes dependientes de la cultura (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM-IV, 1994, 2000) o como en el DSM-V (2013) los denominan Conceptos culturales del malestar o síndromes culturales, que, a diferencia de la anterior versión, estos fueron reducidos de 25 a 9, y en el manual aún perduran seis: Ataque de nervios (América del Sur), nervios y susto (Latinoamérica); shenjing shuairuo (Asia y China), dhat o síndrome Dhat (India), y Hikikomori (Japón) (Gil, 2015). Y es, precisamente, a partir de estas encuestas que se trazan las políticas publicas, planes y programas en materia de salud mental, con la pretensión de disminuir las incidencias estadísticas.

El cuestionamiento de este tipo de estudios, sumado a las vivencias personales, me llevaron a buscar, en la cotidianidad de las personas, la forma en que ellas definen salud, enfermedad, y los tratamientos utilizados, que en muchos casos, como otros estudios lo indican, están por fuera de las estrategias que el Estado estipula para atender la salud y contrarrestar la enfermedad, formas distintas a la perspectiva biomédica (Kleinman, 1980; Gutiérrez de Pineda, 1985; Rozin, 1992; Pinzón & Suarez, 1992; Clarac de Briceño, 1996; Pinzón, Garay & Suárez, 2003; Beneduce, 2006; Nupan, 2011).

Por otra parte, las “medicinas tradicionales” como tratamiento para curar dolencias de diversos tipos, según el Estado colombiano, sólo pueden ser usadas en las comunidades étnicas; en el resto de la población, se aplica la medicina científica. Se evidencia que hay una ceguera de los antecedentes culturales que tiene el país, desconociendo que en los pueblos y ciudades perviven sistemas de curación tradicional, que son el legado de otras medicinas: indígenas, africanas e hispánicas, como consecuencia de la yuxtaposición política, religiosa, cultural y económica, producto de la conquista y colonización española. 

En Colombia, las culturas ancestrales (indígenas y afros) tienen un fortín de saberes con los cuales promueven la salud. Estos saberes curativos tienen sentido al interior de sus comunidades, pues son codependientes de la forma como ven el mundo, es decir de su cosmovisión, y aún más, de la relación con sus cosmogonías. Ahora bien, en el caso de las comunidades campesinas como Jongovito, dichos saberes (prácticas) han sido objeto de ocultamiento, pues el Estado ha impuesto la medicina alopática. Y menciono ocultamiento, porque el uso de las medicinas populares y tradicionales se sigue conservando, quizá no en la misma proporción que en otras épocas, en forma velada. Entonces no es extraño encontrar en una comunidad campesina el uso de plantas curativas, la presencia de sobanderos, y la asistencia que las personas solicita de los curanderos y chamanes.

Como detallaremos más adelante, en sus prácticas y en las trayectorias que realizan para buscar la cura frente a sus dolencias se puede observar en los jongoviteños vestigios de una cultura milenaria: los Quillacingas.

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Título:DEL MALESTAR A LA CURA: EN BÚSQUEDA DEL SENTIDO. Medicina popular y medicina tradicional en Jongovito

ISBN Obra Independiente: 978-958-52967-1-8

Sello Editorial: Grupo de Investigación y Editorial Kavilando (958-59647). Kavilando: www. kavilando.org Web-Editorial Kavilando: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. Medellín –Colombia. 2022

Autor e investigador: Heiman Nupan-Criollo Corrección de estilo: Juliana Jurado - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Grupos de investigación: Grupo de Investigación y Editorial Kavilando (958-59647), Red Interuniversitaria por la Paz REDIPAZ.

Imagen de portada: “LA RUEDA DE LA MEDICINA", de la serie Tejidos de la Tierra. Técnica: ensamblaje. Dimensiones: 70 cm x 50 cm. Fecha: 2017. Autor: Mtr. Javier Ignacio Lasso Mejia. Docente Facultad de Artes. Universidad de Nariño.

Diseño y diagramación: Agencia Fénec / Piermont SAS Primera edición: 2022

Aviso legal: Los autores son responsables del contenido de la presente obra.

Licencia Creative Commons Atribución-No Comercial-SinDerivar 4.0 Internacional (CCBY-NC-ND 4.0) https:// creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es DEPÓSITO LEGAL: Se da cumplimiento a lo estipulado en la ley 44 de 1993decreto 460 de 1995 y decreto 358 de 2000.

 

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