Todos tenemos que morirnos, Santos, todos. De eso no va a escaparse nadie. Unos de un modo y otros de otro. Unos por una causa y otros por otra. Algunos escogen una muerte heroica, gloriosa, profundamente conmovedora. Otros prefieren morirse de viejos, de un infarto o diabetes, tras una larga enfermedad en una cama o endrogados en medio de un burdel.

Ya había brisas de un resurgir de la lucha popular en Colombia: la batalla en Bucaramanga que dio al traste con la pretensión aniquiladora de entregar el páramo de Santurbán al arsénico y al mercurio de la multinacional canadiense Greystar; el levantamiento de los obreros de las contratistas y subcontratistas de la Pacific Rubiales, justamente encolerizados por la súper explotación; la batalla –silenciada por los monopolios de las comunicaciones- de miles de obreros de la palma en Santander y Cesar; las marchas de los educadores; las protestas del sector de la salud; la resistencia a la expoliación de las regalías; las repetidas protestas de los usuarios en la Costa, entre otras.

El Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SINTRAISS) y Sintraseguridad Social, desde hace muchos años viene trabajando arduamente por la defensa permanente del Sistema General de Seguridad social, a cargo del Estado sin intermediarios, para todos los colombianos y en ese orden de ideas defienden: el derecho a la pensión, el derecho al trabajo en condiciones dignas, el derecho a la Convención Colectiva de Trabajo, el derecho a asociarnos y tomar democrática y libremente las decisiones en beneficio de los trabajadores y de la comunidad en general.

Hace tres años, decenas de miles de indígenas, acompañados ampliamente por diversos sectores de movimientos sociales y de los pueblos que hacen a Colombia, se movilizaron en la Minga de Resistencia Social y Comunitaria que venía avanzando desde el 2001. Esa Minga, en sus pasos del 2008, tras 60 días de resistir ataques a bala de la contra guerrilla de la policía, de enfrentar sicarios encapuchados que disparaban en medio de policías, de enterrar asesinados a bala que fueron, según las falsedades públicas del propio Presidente Uribe, víctimas de explosivos terroristas que ellos mismos cargaban, llegó a Bogotá.

Cuando se trataba de combos delincuenciales en Medellín, la palabra de ‘Don Efra’ era respetada. Tanto así, que la mediación de este hombre fue empleada para lograr el pacto de no agresión entre bandas, que redujo el índice de homicidios durante la celebración de los Juegos Suramericanos de 2010 en la ciudad.
Y tarde o temprano, el que se mueve en ese mundo termina mal y a las 7:30 a.m. de hoy asesinaron a Efraín Maldonado Álvarez, en el barrio Buenos Aires.

El viernes 11 de noviembre de 2011 nos enteramos que hace pocas horas los internos del patio 14, nivel 5, torre F del ERON- Picota de la ciudad de Bogotá se negaron a ser contados por la guardia, como actitud de protesta y solidaridad con el preso JHON JAIRO GARCIA VARGAS con  TD NÚMERO 55974, quien se encuentra en estado de salud critico debido a que es portador de VIH y se esta actualmente en fase terminal.

Washington, D.C., 31 de octubre de 2011 - Altos representantes del Estado de Colombia han realizado en los últimos días declaraciones sobre un presunto fraude por parte de una de las personas identificadas como víctima en la Masacre de Mapiripán, expresando preocupación por la credibilidad del sistema interamericano de derechos humanos. Frente a esta situación, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), se dirige a la opinión pública para expresar lo siguiente.

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