A pesar de los altos precios internacionales de los minerales, el mejor negocio de la minería en Colombia no es explotar una mina, sino adquirir un título minero para luego venderlo.

 

El Coordinador Nacional Agrario (CNA) Nariño está llevando a cabo un plan de acción con el objetivo de informar, aclarar y responder a inquietudes que presenten las comunidades de algunos municipios del departamento de Nariño como San Lorenzo, Colón, Arboleda, Guachavés y Samaniego con respecto al desarrollo de proyectos de gran minería.

El plan de acción del CNA incluye una gira de apoyo de la Federación Agrominera del Sur de Bolívar (Fedeagromisbol) y el desarrollo de foros mineros zonales en las regiones mencionadas anteriormente, previos al foro minero que tendrá lugar en San Juan de Pasto los días 18, 19 y 20 de julio de 2011.
Aprovechando la estancia en Nariño del tesorero de Fedeagromisbol, Narciso Beleño Velaides, hablamos con él sobre los efectos de la gran minería.

Empresas mineras como la AngloGold Ashanti y Mazamorra Gold planean explotaciones en estos municipios, lo cual es sólo una parte de las 110 concesiones mineras aprobadas según los registros de INGEOMINAS de un total de 261 solicitudes.

viernes, 24 de junio de 2011

El Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado expresa su profundo rechazo frente a las reiteradas amenazas proferidas contra varios integrantes del MOVICE. Con ésta son cinco las amenazas que el MOVICE, y en particular su Capítulo Sucre, ha recibido desde el 9 de junio. La agudización de la sistemática y generalizada persecución contra el Capítulo Sucre del MOVICE constituye un claro intento de silenciar las voces de las víctimas en este departamento.

El  miércoles 29 de junio de 2011 diferentes organizaciones de derechos humanos realizaron un plantón sobre las 10 de la mañana en las afueras del Palacio de Justicia de la ciudad de Medellín con motivo del Día Internacional de las Naciones Unidas en Apoyo de las Víctimas de la Tortura.

Así  se desprende del documental que será estrenado esta semana en el Ecuador, en el audiovisual se   afirma que Colombia negoció la liberación de Íngrid Betancourt,   “por la cual dos guerrilleros de las Farc pidieron 100 millones de dólares”, según lo ha manifestado Gonzalo Guillén, realizador del documental.

 

Álvaro González Uribe

Abogado, columnista y escritor - Miembro Centro de Investigaciones en Gobierno y Públicas, Universidad del Magdalena, Santa Marta - http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

“indignación. 1 f. Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos” (Diccionario de la lengua española). Muchos pensaron que el movimiento de “Los indignados” o 15-M nacido formalmente el pasado 15 de mayo en España se iría diluyendo. Sin embargo, pese a ciertos amagos de dispersión el movimiento ha recobrado fuerza. Ya sin el supuesto señuelo de unas elecciones inminentes, los indignados de España se fortalecen y crecen, pues cada vez se destapan más ciudadanos auto reprimidos o inducidos en un letargo mental colectivo de varios años que ahora sale a la luz pública.

Incluso, crece la cantidad de países donde este fenómeno se replica, ya sea con características similares a las de España o con otras propias de cada pueblo, pero siempre con la misma esencia: la indignación por la persistencia de un estado de cosas que poco a poco ha ido asfixiando los espíritus, succionándole al ciudadano su humanismo y la razón de su existencia.

En el fondo subyace esa especie de angustia existencial individual y colectiva, cuya desesperanza nace de un statu quo atornillado en beneficio de quienes se tomaron al mundo con simple ánimo de lucro, carentes de alma y por tanto de ideologías o creencias para llenarlas. Por eso los indignados no tienen banderas partidistas ni religiosas y solo flamean la bandera del humanismo, exigen poder ser nuevamente humanos, tratados como tales y tener un mundo viable.

En Colombia estamos empantanados desde hace más de 200 años cuando ni siquiera éramos Colombia. Hoy se percibe un cansancio de gobiernos si se quiere más absurdos que ineficientes o corruptos, donde ya ni vale la pena señalar a alguno en específico. Es una hartera general con una dirigencia histórica que gobierna en círculos como el tiempo de Macondo, donde unos nutren su favor popular de los errores de sus antecesores y éstos de aquellos sucesiva y al parecer infinitamente si no rompemos esa inercia.

En Colombia son 200 años de indignación pero con una diferencia respecto a otros países: sin indignados que se manifiesten de una manera inteligente y efectiva; sin indignados que no busquen simplemente reemplazar a los indignantes de turno para hacer lo mismo que éstos; sin indignados que no tengan ambiciones de poder por poder o cobrar vindictas personales. Por eso no pueden ser indignados la guerrilla, ni la oposición del momento, ni quienes buscan refundar la patria o vengarse.

El actual momento nacional puede ser histórico si los colombianos queremos. Hoy las cosas están puestas en bandeja para iniciar un gran movimiento de naturaleza y objetivos muy diferentes a los surgidos antes, involucrado en la dinámica del efecto dominó español, árabe y de otros países. Ya están los ingredientes maduros: la avalancha arrasadora de perversidades que se están destapando, sumados al hastío por una histórica violencia de todo tipo y color, por una delincuencia vestida de narcotráfico hoy, de contrabando antes y de cuello blanco siempre, por los atropellos oficiales y privados, por la injusticia, la pobreza y las desatenciones del Estado.

En Colombia estamos indignados, tenemos mayores motivos para estarlo que los españoles. No nos leemos en los partidos, ni en los grupos guerrilleros, ni en la inacción de las religiones, ni de los abstencionistas, ni apáticos porque además la indignación es también contra ellos, contra sus métodos y su inoperancia.

Tenemos “enojo, ira, enfado vehemente” contra tanta inmundicia junta y sin vergüenza, parapetada cobardemente en las brumas de las selvas y montañas de Colombia, y tras los escritorios en guaridas públicas y privadas.

Articulito: Santa Marta y el departamento del Magdalena son los territorios de Colombia que más indignación causan. En la más inmensa desfachatez y con la mayor sinvergüencería aquí la parapolítica y el narcotráfico elegirán de nuevo sus fichas en las próximas elecciones, a no ser que se actúe ya en todos los niveles. Este pueblo y las pocas instituciones que aún quedan indemnes y limpias claman con urgencia una solidaridad nacional activa que rompa más de 200 años del peor feudalismo posible.

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