Acuerdo Nacional como horizonte de democracia y soberanía.

Linea Conflicto Social y Paz

Por: Alfonso Insuasty Rodríguez. REDIPAZ // En medio de la escalada bélica global y la crisis política interna, el ELN vuelve a poner sobre la mesa un Acuerdo Nacional. Más allá de adhesiones o rechazos, el debate revela una contante categórica, sin cumplir lo ya pactado ni una participación real, la paz en Colombia seguirá siendo una promesa vacía.

 

 

El comunicado del Comando Central del Ejército de Liberación Nacional (ELN), fechado el 11 de enero de 2026, constituye una interpelación política de fondo al Estado colombiano y a la sociedad en su conjunto, en un momento de alta tensión interna y de acelerada reconfiguración del orden geopolítico global.

La propuesta de un Acuerdo Nacional para enfrentar la crisis estructural, política, social y armada que atraviesa Colombia desde hace más de siete décadas se inscribe en un contexto internacional marcado por el recrudecimiento del imperialismo estadounidense, el reposicionamiento explícito de la Doctrina Monroe y una estrategia de seguridad que vuelve a concebir a América Latina como territorio de subordinación y control. Este marco condiciona de manera decisiva los márgenes reales de cualquier proceso de paz en el país.

En un mundo atravesado por la guerra, la militarización y la normalización de la violencia como política de Estado, la insistencia del ELN en soberanía, justicia social y democracia expresa una lectura geopolítica que articula la violencia interna con las lógicas globales de despojo, extractivismo y control territorial, de las cuales Colombia ha sido históricamente un laboratorio.

Sin embargo, cualquier análisis riguroso del comunicado exige recordar un punto ineludible, los acuerdos 6, 9 y 28 ya firmados entre el Gobierno nacional y el ELN en el marco de la Mesa de Diálogos hoy suspendida. Estos compromisos, centrados en la participación de la sociedad, las transformaciones territoriales y el desescalamiento del conflicto, constituyen un piso mínimo de confianza política. Sin el cumplimiento efectivo de lo pactado, hablar de paz se convierte en un ejercicio vacío, cuando no cínico. La experiencia colombiana demuestra que el incumplimiento sistemático del Estado ha sido uno de los principales factores de erosión de los procesos de negociación.

El llamado a convertir el Acuerdo Nacional en mandato constitucional y en un Proceso Constituyente Popular reabre una discusión de fondo, la imposibilidad de construir una paz estable y duradera sin transformaciones estructurales del modelo político, económico y militar. La paz real pasa por redefinir las reglas del poder, el papel de las Fuerzas Armadas, el diseño económico orientado al capital transnacional y la relación entre Estado, territorios y comunidades.

El comunicado interpela además el escenario electoral colombiano, planteando que la campaña no se reduzca al marketing político, sino que se convierta en un debate nacional sobre soberanía, pobreza, paramilitarismo, corrupción, transición energética y superación del narcotráfico con participación comunitaria. Esta propuesta tensiona el modelo liberal-representativo tradicional y cuestiona la práctica de administrar la guerra mientras se promete la paz.

No puede ignorarse, asimismo, la reingeniería actual del paramilitarismo, articulada al narcotráfico, a economías extractivas y a intereses geopolíticos externos. En este contexto, la exigencia de unas Fuerzas Armadas que protejan a la población y garanticen la diversidad política no es una consigna abstracta, sino una condición material para cualquier horizonte democrático, ya reconocida en el Acuerdo de Paz firmado con las FARC-EP en 2016. Sin desmontaje real del paramilitarismo y sin ruptura de sus alianzas con sectores del poder político y económico, la paz seguirá siendo una promesa incumplida.

El planteamiento del ELN puede y debe ser debatido críticamente, pero ese debate debe partir de una premisa básica “cumplir lo ya acordado”. Sin ese gesto político elemental no hay confianza posible, ni mesa viable, ni narrativa de paz que resista la prueba de la realidad.

En tiempos de barbarie global, cuando la guerra vuelve a presentarse como destino inevitable, insistir en la palabra, el acuerdo y la soberanía constituye una forma de resistencia política.
Colombia no podrá sustraerse a las disputas del mundo multipolar ni a las presiones imperiales, pero sí puede decidir si profundiza su guerra interna o si apuesta, con coherencia y responsabilidad histórica, por una paz transformadora, construida desde abajo, con participación real y compromisos verificables.

El Acuerdo Nacional propuesto no introduce una demanda nueva; reitera una exigencia histórica un planteamiento esencial del grupo insurgente.

La pregunta, una vez más, no es solo qué plantea la insurgencia, sino qué está dispuesto a cumplir el Estado y qué está dispuesta a exigir la sociedad.

 

Relacionamos comunicado completo:

 

POR UN ACUERDO NACIONAL
COMANDO CENTRAL DEL EJÉRCITO DE LIBERACIÓN NACIONAL - ELN 

El Ejército de Liberación Nacional (ELN) propone un Acuerdo Nacional para resolver la crisis política, social y armada de Colombia, con el objetivo de lograr la soberanía, equidad y justicia social. En un contexto de agresiones imperialistas contra América Latina, el ELN insiste en que este acuerdo debe convertirse en mandato constitucional, construido con la participación popular, para garantizar la democracia y superar el narcotráfico, la pobreza y el paramilitarismo.

El mundo entero se encuentra convulsionado, frente a las agresiones del imperialismo norteamericano, tratando de recuperar su maltrecha hegemonía y para intentar mantener su dominio global, que primero se presenta como la ideología Maga (hacer que USA vuelva a ser grande) y ahora se formula como la nueva estrategia de seguridad nacional para usa 2025, donde se prioriza un mayor sometimiento para América latina, según la actualización de la doctrina Monroe.

Pero la historia mundial sigue su marcha inexorable, con la conformación de nuevos bloques de países que logran mayores innovaciones tecnológicas, economías con productividades más altas y nuevas disputas de mercados, sistemas de defensa militar más eficaces, acompañada con una mayor decisión por hacer respetar la dignidad y la soberanía de sus pueblos, así como también por unas relaciones fundamentadas en la cooperación y favorezcan un mundo multipolar.

El 2026 inicia con una mayor agresión imperialista en el continente, especialmente con la operación militar contra Venezuela y el secuestro de su Presidente, amenazas que se han extendido a México, Cuba, Nicaragua y Colombia, y que avizoran propagarse a otras latitudes.

En Colombia, se agudiza la confrontación política, frente al proceso electoral en el primer semestre, que elegirá nuevo parlamento y presidente de la república.

El Ejército de Liberación Nacional le propone al país, a las fuerzas políticas y sociales, construir un Acuerdo Nacional para superar la crisis estructural y el conflicto social, político y armado de más de 7 décadas, que le permita a Colombia construir su futuro en democracia, soberanía, equidad y justicia social para bien de las mayorías.

Consideramos la actual campaña electoral como una oportunidad para debatir esta propuesta, de tal manera que iniciando el próximo gobierno abordemos la construcción de dicho Acuerdo Nacional, que tendría como propósitos esenciales: consensuar una verdadera política de soberanía nacional y popular; erradicar la pobreza, la persecución política, la corrupción y el paramilitarismo; construir un nuevo diseño económico para atender las necesidades de la población y las comunidades; protección a los ecosistemas y transición hacia energías limpias y un plan para superar el narcotráfico con la participación de las comunidades. Se requieren unas Fuerzas Armadas que protejan a la población, que permitan la diversidad política, no la repriman, que sean garantes de la democracia y la soberanía nacional.

Este Acuerdo Nacional debe construirse con la participación protagónica de la sociedad y se convierta en mandato constitucional, donde los futuros gobiernos venideros, independientemente de la fuerza política que gobierne, lo respete y ejecute. Un Acuerdo de esta naturaleza crearía una nueva manera de gobernar al país y estaría legitimado como un Proceso Constituyente Popular.

En este contexto es viable y posible superar la crisis del país y el conflicto social, político y armado, para enrumbar a Colombia de manera soberana por la democracia, la equidad y la justicia social.

¡Colombia... para los trabajadores!

¡Ni un paso atrás... liberación o muerte!

 Dirección Nacional

 Ejército de Liberación Nacional

 Enero 11 de 2026

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