La reciente entrega al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) del cuerpo del soldado profesional Ídel José Torres Herrera, realizada por una estructura disidente de las FARC-EP para facilitar su devolución a sus familiares, vuelve a poner en el centro una cuestión elemental que la prolongación de la guerra suele hacer olvidar, incluso en medio de la confrontación armada, la vida humana y la dignidad de quienes mueren deben ser respetadas.

La Sierra Nevada vuelve a sentir los efectos de la confrontación armada. Para los pueblos Arhuaco, Kogui y Wiwa, defender la vida exige superar una seguridad reducida a fusiles y garantizar territorio, autonomía, dignidad y paz.

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