Por Omar Eduardo Rojas Bolaños.
De igual manera como se adoctrina en escuelas de formación de la fuerza pública, críticos a la Colombia Humana buscan hasta por debajo de techos de cartón, hambrientos para que no solamente los acompañen a las urnas sino para que respiren en su cotidianidad odio hacia Gustavo Francisco Petro Urrego.
Al mismo tiempo que ex integrantes de las fuerzas armadas gritan por redes sociales ¡viva mi comandante Carlos Castaño! e izan la bandera de los Estados Unidos al mirar que soldados americanos pisan suelo colombiano en la frontera con la hermana República Bolivariana de Venezuela, en medios de comunicación masivos, de igual manera como se adoctrina en escuelas de formación de la fuerza pública, críticos a la Colombia Humana buscan hasta por debajo de techos de cartón, hambrientos para que no solamente los acompañen a las urnas sino para que respiren en su cotidianidad odio hacia Gustavo Francisco Petro Urrego.
Son conscientes de que no los necesitan puesto que, desde la época de Jorge Eliecer Gaitán, quienes deciden la presidencia del país no son quienes gritan en campaña, o hacen largas filas para sufragar el día electoral, sino quienes cuentan los votos.
El general Gustavo Rojas Pinilla, candidato de la Alianza Nacional Popular ANAPO, vivió, como ningún otro colombiano, el dolor del conteo de votos por parte de la Registraduría Nacional del Estado Civil. No bastó que el pueblo lo eligiera puesto que no tenía el aval de la Registraduría.
Ante los acontecimientos decidió doblegarse y callar para que el país no se viera bañado en sangre. Una sola palabra suya daría un curso diferente a la historia del país. El gobierno de Carlos Alberto Lleras Restrepo no podía aceptar que los sufragantes terminaran con el pacto del Frente Nacional. El silencio de Rojas llevó a la Presidencia de la República al padre de quien ilusionara a los colombianos en el Caguán con la firma de una paz con el movimiento subversivo Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC pero quien, ilusionado con los beneficios del Plan Colombia, desfalleció en su propósito. En la historia de Colombia existen otros eventos dignos a referenciar.
El profesar abiertamente odio hacia Petro conduce a un amor ciego hacia el responsable de la manipulación de las fuerzas armadas para el desarrollo de la estrategia conocida como falsos positivos. La pluma de prestantes columnistas no dejan de incitar odio y revitalizar amor. La cizaña gobierna a una élite de pensadores de centro que, si bien no se han manchado las manos con asesinatos como los de las ejecuciones extrajudiciales o las más de 2.094 víctimas de Hidroituango, según la Jurisdicción Especial para la Paz, gozan de confort. No hay nada más peligroso en una sociedad que los que dicen ser del centro en la medida que en un segundo pueden transitar entre la derecha o la izquierda, dependiendo de los beneficios que alcancen.
Los editoriales en contra de la Colombia Humana solamente reflejan que, quienes cuentan con medios para dar publicar, no piensan en país sino en los beneficios que en el futuro les pueda dar quien llegue a gobernar. Ellos no han empuñado un fusil dado que no prestaron el servicio militar, contaron con la bendición de sus hogares para pagarse la libreta militar.
Entre quienes proclaman odio hacia quien conoce el país, no por haber pertenecido a un movimiento insurgente sino por desgastarse las pestañas estudiando o recorriendo el país para evidenciar elementos para sus acreditados debates, se encuentran excelentes plumas como es el caso del columnista de El Espectador Jorge Gómez Pinilla.
El escritor no es el único puesto que lo acompañan periodistas como los Danieles, o quienes se encuentran agazapados en Caracol o RCN, no entregados a la noble profesión del periodismo sino obedeciendo órdenes de propietarios y administradores quienes son sus jefes, patrones o amos. Al ser cuestionado Jorge Pinilla sobre el trasfondo de sus líneas, no solamente de su última editorial titulada Petro déjese ayudar en la que revive su odio, su respuesta es que tiene ganas de ayudar a una de las cabezas visibles de la Colombia Humana para alcanzar la Presidencia, sin embargo, al ser padre de familia como él, surge el interrogante si para que mis hijas alcancen su plenitud como personas y como profesionales tendré que permanentemente atacarlas con odio.
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