Por: Maria Victoria Fallon
En esta guerra sí hay ganadores y no reconocerlo nos puede llevar a la impunidad perpetua: han ganado los despojadores de tierras que incrementaron exponencialmente su patrimonio con lo que le robaron a millones de desplazados y están impunes
Medellín, febrero 1 de 2022
Señor
Francisco J. De Roux (S.J.)
Presidente
Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición CEV
Bogotá.
Respetado padre De Roux,
He leído el mensaje que hoy ha dirigido a las víctimas de violaciones de derechos humanos y a las organizaciones que las acompañamos en la búsqueda de reparación integral, de la cual la verdad es un componente esencial. Fui parte de las y los defensores que públicamente rechazamos las palabras que pronunció en el Foro de la revista Semana y por eso quiero enviarle esta carta.
Saludo su comunicación y considero que las aclaraciones eran necesarias: dar contexto y explicar qué quisieron significar sus palabras ayuda a reconocer en ellas al trabajador por la paz que tiene la enorme responsabilidad de dirigir uno de los componentes esenciales para la reparación de las víctimas. Pero de nuevo padre De Roux sus palabras desconciertan, afirmar que en esta guerra no hubo ganadores ni perdedores es desconocer los efectos de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado de Colombia, reduciendo el conflicto a un asunto militar.
En esta guerra sí hay ganadores y no reconocerlo nos puede llevar a la impunidad perpetua: han ganado los despojadores de tierras que incrementaron exponencialmente su patrimonio con lo que le robaron a millones de desplazados y están impunes; han ganado los narco-parapolíticos que legislaron y gobernaron para enriquecerse robando a la educación, a la salud, a las vías de comunicaciones y están impunes; han ganado los militares con condecoraciones y primas por ejecutar 6402 jóvenes indefensos e inocentes y están impunes. Esta guerra no fue una confrontación militar de iguales que quedó en tablas, fue la guerra de un Estado de extrema derecha tomado por la mafia contra millones de colombianos sin que se haya hecho justicia.
El día que esos masacradores, despojadores y mafiosos reconozcan sus crímenes y reparen a las víctimas, devuelvan las tierras y los billones de dólares robados, entonces quizás ese día podremos decir que años de guerra no dejó nada a nadie.
La tarea que usted aceptó padre De Roux de dirigir los trabajos hacia la búsqueda de una verdad que de alguna manera haga justicia a las víctimas produce un efecto inmediato: todo su actuar es consustancial a la Comisión de la Verdad, no es posible diferenciar hoy al sacerdote jesuita del presidente de la Comisión.
De ahí que sus manifestaciones públicas, sus encuentros y sus silencios, generan en las víctimas y defensoras y defensores de derechos humanos una legítima preocupación acerca del enfoque que puede darse al Informe final de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad.
En ese sentido padre De Roux me permito reiterar un mensaje que he enviado en múltiples oportunidades a través de la regional en Medellín: las defensoras y defensores de derechos humanos también tenemos una historia qué contar y unas memorias que rescatar, es necesario que se propicie un espacio para ello.
Con respeto y consideración,
María Victoria Fallon M. Grupo Interdisciplinario GIDH
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