Por: Sven DaSilva. // Al iniciar mi trabajo de campo, ocurrió algo que he contado a muchas personas cuando me preguntan: ¿Cómo fue tu experiencia en Medellín? Mientras estuve allí, alquilé un apartamento en un barrio de clase media alta (estrato 5). Aunque el alquiler era más caro de lo que suelo pagar, no puedo quejarme, especialmente porque el apartamento tenía una lavadora de doble función: lavadora y secadora al mismo tiempo. ¡Yo ni siquiera sabía que existía!
Al iniciar mi trabajo de campo, ocurrió algo que he contado a muchas personas cuando me preguntan: ¿Cómo fue tu experiencia en Medellín? Mientras estuve allí, alquilé un apartamento en un barrio de clase media alta (estrato 5). Aunque el alquiler era más caro de lo que suelo pagar, no puedo quejarme, especialmente porque el apartamento tenía una lavadora de doble función: lavadora y secadora al mismo tiempo. ¡Yo ni siquiera sabía que existía!
Me pregunté: "¿Por qué debería usar dos horas y media de electricidad para secar la ropa cuando puedo simplemente colgarla al sol?" Después de que la nueva máquina terminó su ciclo de lavado rápido, colgué algunas camisas y pantalones en un tendedero en el balcón. No pensé que estuviera molestando a nadie, pero estaba equivocado.
Después de 15 minutos, sonó el citófono.
__Buenos días.
__ Buenos días. Soy el portero. Perdón, señor, ¿podría, por favor, entrar su ropa?
__uhhh.
__Algunos vecinos llamaron y dicen que están incómodos con la ropa afuera, porque se viola el reglamento del edificio.
__Oh, está bien.
__Lo siento, señor, las reglas establecen que no se puede secar la ropa en el balcón.
__Está bien, las pongo de nuevo adentro.
Sorprendido, busqué el reglamento de convivencia y lo encontré guardado en un cajón. Tras hojear unas páginas, descubrí la regla específica que estaba violando. Secar la ropa afuera se consideraba "contaminación visual". "¿Cómo pueden una camiseta blanca y unos jeans de uso diario ser un problema tan grande? ¿Y para quién?" le pregunté a mi esposa colombiana. "Es por clasismo, colgar la ropa afuera es considerado algo que solo hacen los pobres", me explicó. Bienvenido al mundo pretencioso de la clase media. Y desde entonces no me he sentido cómodo, o mejor, "en casa". Siempre tuve la sensación de que me estaban observando y juzgando por alguna persona invisible.
Al terminar mi trabajo de campo, la ropa volvió a aparecer de forma inesperada. Arnulfo, un líder comunitario reconocido, me invitó a participar en una de las actividades que realiza en las tardes, que organiza con frecuencia para la comunidad, junto con un grupo de otros voluntarios, con el fin de promover formas alternativas de convivir. Con el propósito de querer dejar atrás una historia violenta, emprende un proyecto de huerta comunitaria enfocado en los niños como actividad lúdica después del colegio y para conectar con los demás habitantes y con su entorno.
Esa tarde, la actividad giró en torno a los sueños y deseos de los niños sobre qué querían cultivar en la huerta. Comenzamos la actividad con cada uno escogiendo el sabor favorito de la paleta que quería disfrutar. Después, los adultos presentes tuvimos que presentarnos ante los niños: nuestros nombres. ¿De dónde venimos? ¿Por qué estamos ahí? Para mí no era fácil explicar en qué consiste mi trabajo, porque nunca lo había puesto en palabras sencillas para explicárselo a niños. Además, mi presencia allí tampoco tenía poco que ver con mi proyecto de investigación. Mi visita estaba orientada a conocer un poco mejor a Arnulfo, por curiosidad, sobre lo que me había contado semanas antes cuando lo conocí en un evento universitario.
Cuando me tocó, dudé brevemente antes de decir: "Me llamo Sven, como el reno de Frozen. Soy de Holanda, un país que queda muy lejos, en Europa. Estoy aquí para estudiar cómo viven las personas que no tienen mucho dinero, que viven aquí en las montañas, en la periferia. Yo miro las cosas que hacen parte de adentro y afuera de las casas." Sentí y sonó extraño decir todo esto, pero ¿cómo explicarles a los niños que yo "estudio las viviendas como una forma de entender las relaciones entre el Estado y los residentes"?
La interacción fue amena, ya que Arnulfo preguntó a los niños, sentados en círculo en el suelo: "¿Qué tienen ustedes en las casas?" "¡Agua!", contestó un niño. "¡Electricidad!", respondió otro. "¿Qué más?", preguntó Arnulfo.
Luego, una niña respondió: "¡Ropa!" Los niños continuaron con una tarea de manualidades, para hacer un collage de lo que les gustaría sembrar en el futuro, pero yo seguía pensando en la respuesta de esa niña. ¿No había dado una definición interesante de hogar? El hogar es donde está tu ropa.
Al regresar al que se suponía que era mi verdadero hogar, tuve otra revelación: que no teníamos un armario lo suficientemente grande para toda nuestra ropa. Así que nos hicimos una "casa" grande para la ropa (armario), que tomó una semana construir. Dos meses después, el armario está casi vacío otra vez y la mayoría de la ropa ha vuelto a las maletas, donde ha estado durante años. Estamos en movimiento otra vez.
¿Dónde está realmente mi hogar? Como premio de consuelo, al menos puedo colgar mi ropa afuera otra vez, sin preocupaciones. Bueno, con el frío y la lluvia aquí, es imposible secar la ropa afuera. Pero no contamos con la tecnología de una lavadora y una secadora en un solo aparato.
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