Es evidente que pertenece a uno de los combos que se disputan el barrio, no importa que traiga el uniforme del colegio como es debido: camisa por dentro, correa que combina con los zapatos, un peinado aplacado. No importa que en el recreo sea muy popular y que todos lo llamen por el nombre. Cuando dijo que él y sus amigos tienen una pelea con los muchachos del barrio de abajo, todo quedó claro. Son las diez de la mañana y hablamos en una banca. El colegio se inunda de gritos, los adolescentes juegan fútbol en la pequeña cancha, un muchacho le coquetea a una chica rubia mientras le muerde la oreja, un profesor les da órdenes a las parejitas amorosas, a los hombrecitos que se corretean con los puños furiosos por los aires.