Por: Alfonso Insuasty Rodriguez* Desinformemonos / En este siglo se ha consolidado un patrón de uso unilateral de la fuerza, coerción económica y apoyo militar con fuerte impacto en población civil. Ante la inacción del sistema multilateral, los tribunales de conciencia resurgen como espacios éticos de denuncia. El Tribunal Permanente de los Pueblos retoma ese legado para juzgar moralmente lo que el poder deja impune.