Ofensiva popular por la dignidad: La Cumbre Nacional Popular convoca al Paro Nacional por una Reforma Urbana Integral.

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Tras reunirse en Bogotá, miles de delegados urbanos, populares e internacionales declararon la lucha permanente por la vivienda, el agua y el territorio, haciendo un llamado a la organización y al Paro Nacional convocado en noviembre.

 

 

Ciudades en Llamas de Dignidad: pueblo a la ofensiva popular

26 DE OCTUBRE DE 2026

Somos la Cumbre Nacional Popular «¿La ciudad para quién?». Somos la Cumbre de Niñas, Niños y Adolescentes. Somos miles de luchadores y luchadoras de más de 12 ciudades de Colombia e internacionalistas con quienes hermanamos nuestros caminos. Nos encontramos el 24, 25 y 26 de octubre en Bogotá, en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, para juntar nuestras fuerzas por una Reforma Urbana Integral y Popular. ¡Venimos de las calles y los barrios que se levantan con dignidad, y con la certeza de que el pueblo organizado tiene la fuerza para transformar la ciudad y cambiar la historia!

En un mundo incendiado por las guerras imperialistas, mientras avanzan las nuevas derechas autoritarias que persiguen a la juventud popular, censuran la cultura y restrinja derechos para imponer los intereses del capital, los pueblos enfrentamos el hambre, el despojo y el encarecimiento de la vida. ¡No aceptamos que nos condemne a la miseria ni que la guerra del capital derrame sangre de los pueblos!

 

 

 

La crisis que golpea nuestras ciudades tiene raíces comunes. La falta de vivienda, la precarización del trabajo, el saqueo del agua y la violencia contra nuestros barrios hacen parte de un modelo que convierte la tierra, los derechos y la vida en mercancía. Lo vivimos en los desalojos y la gentrificación que nos expulsan de los territorios construidos con nuestras propias manos; en la tercerización que encarece el pasaje; en los barrios autoconstruidos que el Estado se niega a legalizar; y en las economías populares asfixiadas por la «vacuna» y el «gota a gota».

El terremoto del 10 de agosto dejó esta desigualdad al desnudo: en el Chocó, en Risaralda y en el Valle, la tierra no tembló igual para todos. Las casas se derrumbaron en las laderas y las riberas habitadas por los sectores populares, que hoy siguen sosteniendo con sus propias fuerzas buena parte de la atención a la emergencia.

Este modelo se sostiene con la estigmatización y violencia racista en nuestros barrios, la persecución y el asesinato de liderazgos sociales, sindicales y defensores del agua, la violencia policial contra la juventud popular, las trabajadoras sexuales y quienes se movilizan, todo resultado de la alianza entre fuerza pública y paramilitarismo que controla nuestros territorios. Esta violencia recae con mayor fuerza sobre las mujeres, las niñeces, juventudes, y los pueblos indígenas y negros que construyen poder popular en todas las ciudades del país.

Nos declaramos en lucha permanente por ciudades y territorios libres de violencias patriarcales y racistas, donde las mujeres, las niñas y niños, y las diversidades de sexo y género, puedan habitar, transitar y decidir sobre sus vidas sin miedo. Exigimos la declaración de la emergencia nacional por feminicidios, acompañada de medidas urgentes de prevención, protección, y rutas de atención que garanticen justicia y reparación sin revictimización. Reclamamos políticas construidas con las organizaciones populares, el fortalecimiento de redes comunitarias de cuidado, el reconocimiento y la redistribución de los trabajos que sostienen la vida.

Denunciamos la brutalidad policial y el racismo que atraviesan nuestros barrios. Nos unimos al reclamo de las familias y comunidades por verdad, justicia, reparación integral y garantías de no repetición. En coherencia con nuestra apuesta por una seguridad alternativa y popular, exigimos transformar la doctrina y las prácticas que tratan a las comunidades como enemigas.

¡No aceptamos que las ciudades sigan siendo un negocio para unos pocos mientras se convierte en una condena para las mayorías! Tenemos la historia, la experiencia y la capacidad organizativa de quienes han construido ciudad desde abajo. Por eso, a través de la Reforma Urbana Integral y Popular disputamos un modelo de ciudad, orientado a la vida digna, los derechos colectivos y el poder popular. Luchamos por democratizar la tierra y fortalecer la capacidad de las comunidades para decidir sobre sus territorios. También, proponemos un horizonte compartido con las luchas agrarias, reconociendo la relación entre las necesidades y luchas del campo y la ciudad.

Exigimos y disputamos:

  • La recuperación y democratización de tierra urbana y suburbana.
  • Un modelo de vivienda y hábitat basado en la autoconstrucción comunitaria, la propiedad colectiva, las alianzas público-populares y la protección frente a desalojos y desplazamientos.
  • El fortalecimiento de las economías populares y de empresas de gestión popular que participen en la administración de bienes y servicios colectivos.
  • Un sistema de transporte público, integral, asequible y orientado al bien común, no a la rentabilidad privada.

Estos ejes se fortalecen con esquemas comunitarios de cuidado, soberanía energética, alimentaria y ambiental, mejoramiento integral de barrios y adaptación a la crisis climática desde la justicia ambiental; así haremos de las comunidades protagonistas de la planificación y gestión territorial: ninguna decisión sobre nosotras, sin nosotras.

En los territorios golpeados por el sismo y la crisis ambiental, la emergencia no puede servir de excusa para reubicar a la fuerza, desalojar en nombre del riesgo ni entregar la reconstrucción a los mismos negocios que nos siguen despojando; después de más de dos meses los afectados siguen viviendo en carpas al sol y al agua. La cumbre exige a Abelardo de la Espriella y a Ana Lucía Pineda que aparezcan los recursos de los fondos de atención al desastre y que sean los sectores populares los directamente beneficiados en toda la ruta de reconstrucción. Solo el pueblo salva al pueblo y volveremos por lo que nos han robado para continuar construyendo vida digna en todos nuestros barrios.

La Cumbre Nacional Popular es hoy mucho más que una suma de procesos colectivos: es el latido visible de un nuevo ciclo de organización, articulación y movilización de los sectores populares urbanos, que despertaron con fuerza tras el levantamiento popular de 2021, cuando las ciudades se convirtieron en el escenario protagónico de la dignidad. Ese auge que hoy recorre nuestro país se entrelaza con las luchas del movimiento por la vivienda en España y su valiente convocatoria a la huelga general; con la rebeldía del movimiento estudiantil, los sindicatos y las organizaciones populares en Francia, Italia, Albania, Bélgica y Grecia frente al alto costo de vida y el recorte de derechos sociales; y con la resistencia frente al avance de la derecha fascista y el imperialismo en México, Chile, Argentina y en Brasil.

Estamos convencidas de que no existe una salida local a la crisis que atraviesa el mundo: la única salida será global. Por eso es tan importante seguir tejiendo redes de conocimiento, lucha y organización; reivindicar las apuestas emancipatorias y revolucionarias que van más allá de los límites del progresismo; y asumir nuestra lucha como parte de una lucha global contra el capitalismo. Porque ninguna trinchera es demasiado pequeña cuando la causa es de todas y todos, y porque la esperanza también se organiza.

La Cumbre Nacional Popular sabe con claridad cuál es su bando. Por eso llama y asume la labor política de prepararse con organización y contundencia hacia el paro nacional convocado en noviembre, como un paso inicial para seguir disputando la Reforma Urbana Integral y Popular. No nos quedaremos atrás de nuestros hermanos y hermanas que luchan alrededor del mundo. No esperaremos a que los cálculos electorales dosifiquen la fuerza de un pueblo que confía en su histórica capacidad para hacerle frente a los poderosos.

¡Vamos, pueblo, a la ofensiva popular!

¡Vamos, pueblo, al Paro Nacional!

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