No es una guerra contra las drogas, es una guerra por el control geopolítico de Nuestra América. La militarización del Caribe, como teatro de operaciones, ve desarrollarse una nueva fase de la disputa imperial por los territorios, corredores estratégicos, bienes comunes y la soberanía de los pueblos frente al avance del mundo multipolar.

El fallo de segunda instancia sobre el caso Dilan Cruz constituye un precedente para el derecho a la protesta y el control del uso de la fuerza, reconoce la responsabilidad del Estado, cuestiona el uso letal de la fuerza contra la protesta y obliga al Estado a revisar doctrinas, protocolos y prácticas que pusieron en riesgo la vida de la ciudadanía.

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