Para conducir a las megalópolis como Bogotá se necesitan líderes con unas cualidades particulares y Petro las tiene y las está descubriendo.
A Mockus y Petro los escuché en carne y hueso en la capilla de la Cárcel Nacional Modelo de Bogotá a finales de los 90. Mockus trataba de persuadir a los ladrones callejeros de no seguir en sus andanzas. Petro invitaba a los guerrilleros presos a dejar la vía de las armas y optar por lucha legal.
Cada uno a su manera empleaba la pedagogía para llegar hasta los recalcitrantes. A otros políticos también los vi en las prisiones ofreciéndole sus conciencias al diablo o pagando condena por sus diabluras. Otros iban a las cárceles a pedirle plata a los narcos. Mientras Mockus y Petro visionaban la ciudad y el país, los otros pensaban en sus puñeteros bolsillos.