Así como en estos días el occidente del país se quema por el verano, el oriente se inunda por las lluvias. Somos de extremos. Como en la época de la Violencia, como en la de las guerras civiles, el país está dividido y, por ahora, enfrentado sin sangre. Pero algo se mueve, acumula, aflora en la caída del prestigio de Santos y en la oposición que acaudilla Uribe. En el fondo —puro fondo— sigue estando el asunto de la tierra y de la guerra.