El reciente viraje de la estrategia de Defensa de Estados Unidos, que hace hincapié en el enemigo interior y en la militarización de las sociedades y las relaciones internacionales, parece ser la respuesta tanto al irresistible ascenso de China como el modo de estirar la decadencia imperial. El mundo que sueñan las elites del Norte sólo puede ser sostenido con violencia extrema.