La paz en Colombia no se debilita únicamente cuando se rompen los acuerdos, sino también cuando se recortan sus recursos, se desacreditan sus instituciones y se abandonan las comunidades y las personas que apostaron por ella.
Palestina desnuda la crisis del orden mundial, mientras el derecho internacional se muestra incapaz de contener la guerra y el genocidio, un suprapoder corporativo, financiero y tecnológico concentra riqueza, información y capacidad de decisión, desbordando a los Estados y amenazando la soberanía y la existencias misma de los pueblos.
El nuevo Gobierno de Colombia refuerza vínculos militares, tecnológicos y de inteligencia con Israel, ampliando una arquitectura de seguridad basada en drones, vigilancia y empresas privadas que puede profundizar la dependencia estratégica.