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Más de 450 organizaciones y representantes sociales reclaman a Naciones Unidas que mantenga su respaldo a la implementación integral del Acuerdo de Paz de 2016. Su carta expone una contradicción central, mientras la paz se reconoce formalmente, persisten la violencia contra quienes la defienden, los rezagos institucionales y las transformaciones territoriales pendientes.
El nuevo gobierno colombiano lleva más de dos meses en el poder y ya ha desplegado una matriz mediática obsesiva, guerra, bombardeos, venganza, necropolítica. Pero mientras todos miramos los muertos, la teatralización cotidiana, los verdaderos negocios avanzan en silencio.
La paz en Colombia no se debilita únicamente cuando se rompen los acuerdos, sino también cuando se recortan sus recursos, se desacreditan sus instituciones y se abandonan las comunidades y las personas que apostaron por ella.
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