El camaleón de la impunidad. Del realismo mágico a la segunda patria boba

Linea Conflicto Social y Paz

Por: Omar Eduardo Rojas Bolaños

El “patrón” tiene plena conciencia que esa justicia, construida por sus enemigos, es el blindaje para evitar la Corte Penal Internacional.

 

 

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La estrategia del camaleón, del que cambia de la noche a la mañana de color de las ideas, del que dice y a la hora niega, del que tira la piedra escondiendo la mano, del que mueve hilos detrás del telón, del que pone títeres y dice el que debe ser, del que compra conciencias como también lealtades, dará resultados. El oponerse a todo lo democrático, a todo lo que dicen sus contradictores, simplemente es distracción, es una cortina de humo, es confusión, es engaño, es mentira, es su método, es su estrategia, es su estilo de vida.

La estrategia es tan simple que pasa desapercibida, sólo él, y sus más cercanos, son conscientes de ella. Cuando decida darla a conocer porque gritará que es su juez natural, defensores de los derechos humanos, abogados y víctimas, entre otros, recibirán una gran bofetada, también aquellos que creen ciegamente en la justicia institucional o en la justicia divina. Defensores, y sobre todo las víctimas, apretarán los labios hasta hacerlos sangrar, cerrarán los ojos, sollozarán abiertamente y madrearán incansablemente, mañana, tarde y noche, puesto que a falta de verdad y justicia no han podido superar el duelo. El tiempo transcurrido desde la desaparición, el exilio o el asesinato del ser amado, del compañero o del amigo no les ha permitido conciliar el sueño como tampoco sonreír. Los rostros de quienes partieron, definitivamente o de manera temporal, se apoderarán de sus memorias y el llanto tratará de opacar el ruido de la motosierra, de la metralla, del fusil o del puñal utilizados para el crimen. Los que quedaron vivos, por perdón o por desgracia, después de la tortura, la violación y la mordaza, revivirán los hechos con el dolor del alma. El llanto no les permitirá cavilar si su pariente fue víctima de una ejecución extrajudicial, de un “falso positivo”, de un “error militar” o del exterminio por pensar diferente o poseer la tierra, su pequeño terruño, que anhelaban para el desarrollo de operaciones legales o ilegales. En aquel momento, solemne y de dolor para las víctimas, estas se negarán en ver la fisionomía del soldado, del policía, del funcionario, del civil o del paramilitar, que empuñó el arma para asesinar en nombre del innombrable. El rostro del victimario tomará un único semblante el del “patrón”, como todavía lo llaman sus secuaces, sus iguales.

La sociedad tendrá un colapso que rápidamente superará, durará algunos días, algunos meses, pero no toda la vida. Los medios de comunicación serán quienes asumirán un papel de mitigantes del dolor, de la rabia o de la felicidad, puesto que se encuentran endeudados tanto con la sociedad y las víctimas, como con los victimarios. La sangre que recorrió ciudades y campos, también es de su responsabilidad, unos por tomar partido, otros por guardar silencio y otros por mirar la paja ajena en el ojo del vecino y no la viga en el ojo propio. Es de la misma sangre, de aquella que los generales pedían que se midiera en litros para mostrarle al mundo que se estaba ganando la guerra, esa guerra que hoy en día intentan ocultar, que intentan olvidar quemando libros, creando textos, asesinando memorias, borrando recuerdos. Para los suyos será un acto noble, sincero, de honor, de justicia, de arrepentimiento divino porque lo hizo por la patria, por la patria boba de siglos anteriores, por la patria boba del hoy, por la patria boba producto del realismo mágico que a veces viene a la memoria, que a veces grita, pero también llora. Todos los crímenes cometidos se hicieron por salvar la patria del castro chavismo, del comunismo, de los terroristas. Tanto él como los suyos, hoy son más abiertos y sin ningún temor encasillan como devastadores del país al defensor de los derechos humanos, a los líderes sociales, a los que luchan por la restitución de tierra, al sindicalista, al profesor o al estudiante, entre otros, de ahí que muchos de estos también fueron, y seguirán siendo, asesinados en nombre de la “democracia”. El rostro pálido, y con gesto angelical, ocupará las primeras páginas de los medios de comunicación del mundo, también de las redes sociales. Algunos titulares mencionarán que después de largos años se ha hecho justicia, que el arrepentimiento ha llegado y que la justicia ha operado. No se atreverán a mencionar que la sociedad continuara el devenir que él, y los suyos, han impuesto.

De igual manera como los perpetradores de crímenes cometidos antes del 1 de diciembre del 2016 buscan ansiosamente la Jurisdicción Especial para la Paz para eludir la cárcel, así tengan que ser como el camaleón cambiando rostros de placer por rostros de dolor, el “patrón” se acogerá a ella. El Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición, lo recibirá, como recibirá a sus generales, como ha venido recibiendo a coroneles, mayores, capitanes, tenientes, suboficiales, policías, soldados y guerrilleros victimarios. La Jurisdicción Especial para la Paz fue creada para satisfacer los derechos de las víctimas a la justicia, ofrecerles verdad y contribuir a su reparación, con el propósito de construir una paz estable y duradera.

El “patrón” tiene plena conciencia que esa justicia, construida por sus enemigos, es el blindaje para evitar la Corte Penal Internacional. Preferirá la patria por cárcel que una celda en el viejo continente: preferirá retractarse ante jueces y víctimas en la patria boba que verse perseguido por la interpol: preferirá la justicia macondiana, de la patria boba, antes que un tribunal internacional. Dura lex, sed lex.

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