Por: Las2Orillas
Veinte años después de su asesinato, el recuerdo de la religiosa abanderada de la restitución de tierras en Nariño sigue vivo en quienes la conocieron en vida

La familia de Yolanda Cerón no tenía idea de las amenazas que casi diariamente llegaban al despacho de la religiosa meses antes de su asesinato en septiembre de 1998 en Tumaco, a manos del bloque Central Bolívar de las AUC. Ella sólo le había contado a sus hermanas de la misión sobre los panfletos y las llamadas queriéndola intimidar. Precisamente porque no estaba asustada, Cerón decidió reservarse dicha situación.
La Hermana Yolanda Cerón nació en Berruecos, Nariño, creció en el seno de una familia humilde de la que juró sacar adelante por el camino del trabajo y la caridad. Estudió Ciencias de la Educación y Religión en la Universidad Mariana de Pasto y, en 1992, ingresó a la Compañía de María Nuestra señora teniendo 24 años de edad.
Su trabajo en terreno inició poco tiempo después, a mediados de los años 80, con las comunidades Afro de su departamento en calidad de docente. Sola llegó a presidir la Escuela de Salahonda, en el selvático municipio de Francisco Pizarro, al norte de Tumaco, en épocas de fuerte violencia armada. Desde allí empezó a conocer la realidad Afro y se propuso luchar en contra de la pobreza y en especial en el tema de la falta de tierras encargándose del emboyo administrativo en la titulación de 550 mil hectáreas extendidas en una zona geoestratégica para las rutas de narcotráfico por estar enclavada en las entrañas del pacifico nariñense.
Se volvió entonces una experta profesora en la comprensión e interpretación de los derechos fundamentales, el uso de Derechos de Petición y de Tutela para la defensa de ellos y sobre todo por el arraigo cultural de miles de personas que la conocían. La Hermana Yolanda logró reunir a las comunidades y agruparlas en una sola organización defendiendo sus territorios y costumbres, permitiendo la titulación de tierras baldías como territorios comunitarios en la Constitución Política de 1991.

Yolanda Cerón en una intervención, 1997. Foto: Archivo
Y, en dicho territorio disputado prácticamente por todos los actores, formales e informales, del conflicto armado, Yolanda fue una voz firme, contundente y persistente a la hora de denunciar los abusos y violaciones de derechos humanos cometidas sistemáticamente contra la población de Tumaco, acciones que también eran cometidas por agentes del Estado y por fuerzas paramilitares. Pronto se volvió una piedra en el zapato para muchos en la economía de la guerra.
“Nos dijo: ‘a mí me van a matar, pero si a mí me matan por defender a mi gente, que lo necesita, estoy dispuesta a recibir las muertes que sean, porque hice un juramento, un compromiso ante Dios y ante mi pueblo’”, recordó María Valeria Mina, una de las lideresas de Tumaco que trabajó junto a la hermana Yolanda.

Hermana Yolanda (a la derecha). Foto: Archivo
Las investigaciones del caso indicaron inicialmente que fue el paramilitar Guillermo Pérez Alzate, alias “Pablo Sevillano” del Bloque Central Bolívar de las AUC, quien ordenó matar a la Hermana Yolanda Cerón después de leer las denuncias y acusarla de ser guerrillera del ELN. Sin embargo, luego de casi veinte años, exintegrantes del Bloque Libertadores del Sur de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) reconocieron su responsabilidad en su homicidio ante la Comisión de la Verdad. Un entregado trabajo del equipo liderado por el Padre Francisco de Roux en este caso permitió esclarecer que en realidad el homicidio la hermana Yolanda lo determinó Carlos Mario Jiménez Naranjo alias ‘Macaco’, quien ha reconocido más de 162 crímenes en contra de cerca de 250 víctimas.
NOTAS














