.. Y dejaron morir al “Niche”

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Desde el 16 de agosto, hace una semana, el Preso Político Alexander Martínez Palacios, o el “Niche” –como lo conocían sus compañeros de reclusión-, empezó a sentir fuertes dolores de cabeza, a notar  fiebre y que su saliva y su orina presentaba sangre.

Por eso Alexander empezó a bajar al centro de sanidad de la cárcel bellavista, en búsqueda de al menos un dictamen médico esperanzador, que diera con la causa de su dolencia y que apelara al humanismo para emprender lo que fuera necesario para calmar su dolor; tal vez nunca imagino que esos síntomas serían una premonición de su muerte.

 

Pero como ya es una tradición dolorosa en las prisiones colombianas, Alexander solo encontró la displicencia de unos médicos que apenas le otorgaba una dipirona para bajar su fiebre, pero nada más allá de eso. La fiebre bajaba por un rato, pero los demás síntomas seguían siendo constantes,
cada vez más fuertes y pronunciados, por lo que Alexander regresó en dos ocasiones más al centro de sanidad, en búsqueda del dictamen y el tratamiento que calmara su dolencia, encontrando siempre la dipirona que con pretensiones milagrosas le daban los funcionarios del centro de sanidad de Bellavista.

Al notar que su situación era cada vez peor, sus compañeros de reclusión volvieron a insistir en la atención médica para Alexander, y esta vez, el miércoles 22 de agosto, a las 9 de la mañana, Alexander regresó al centro de sanidad de Bellavista, para que nuevamente los funcionarios insistieran en aplicar dipirona; sin embargo, ante la insistencia de sus compañeros de reclusión, el médico decidió ordenar que se le practicaran unos exámenes.

A las 10 de la mañana del jueves 23 de agosto, llegaron a Bellavista los resultados del examen que le fue practicado a Alexander, ante su gravedad, al medio día del mismo jueves, el médico decidió ordenar que fuera trasladado hacia un centro médico fuera de la prisión de manera urgente, pero el preso solo recibió la aplicación intravenosa de 2 dipironas y su retorno al patio 2, lugar en que estaba recluido.

Hacia la medianoche del jueves, Alexander no soportó más el dolor y se tiró al piso en un gesto de desespero, fueron sus compañeros quienes tuvieron que bajarlo hacia el centro de sanidad de Bellavista hacia las 12 y 10 de la noche; y ya estando allí, Alexander al parecer sufrió un paro cardio-respiratorio, se llevaron infructuosas maniobras de reanimación y apenas se llamaba a una ambulancia para ser trasladado hacia un centro médico, siendo ya tarde, a las 2 y 45 de la mañana del viernes,

Alexander murió.

El 25 de agosto Alexander cumplía 26 meses de presidio, a sus 35 años, en su sonrisa, sus razonamientos, sus ganas por aprender a escribir, el nacimiento de la última de sus 4 hijitos, nunca se imaginó ni dejo ver siquiera algún asomo de la muerte; cuando fue condenado a 51 meses de encierro; nunca imaginó que su pelea contra la muerte en la calle arrojaría un round a favor de esta y en su propia contra en la prisión.

Alexander nunca imaginó que los entramados burocráticos del estado en el que no creía, la tercerización de CAPRECOM sobre METROSALUD, la reducción de 34 a 15 funcionarios en el centro de sanidad de Bellavista, las 300 órdenes de remisión a exámenes médicos represadas en el mismo centro, que la negligencia y la desidia estatal serían la causa de su muerte.

Alexander nunca supo que algunos han creído que la prisión se justifica para la protección de los mismos presos ante venganzas privadas, nunca tuvo en mente que el sufrimiento del encierro y el dolor de su enfermedad, eran los costos que pagaba por un supuesto diálogo entre el estado y sus ciudadanos, en que las afirmaciones del primero son reafirmados mediante la pena, en su caso, hasta la muerte.

Alexander nunca fue consciente de que la cohesión social, la retribución para la sociedad y las víctimas, la resocialización, entre otras tantas, han sido las excusas históricamente inventadas y adoptadas en Colombia, para una triunfante prisión que cumple hasta la muerte, si así es necesario, su misión de excluir e infligir dolor contra quienes ya eran excluidos y osan gritar su desacuerdo contra
la injusticia o contra quienes, simplemente, se tornan poco funcionales al orden de
cosas que impera.

Alexander nunca creyó que sería un número estadístico que alimentaría los más de 50 presos muertos en los últimos 4 años, solo en Bellavista.

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