Por: Clodovaldo Hernández / Laiguana.tv. // Como era de esperarse, la reforma a la Ley Orgánica de Hidrocarburos desató oleadas de controversias. “El debate siempre es saludable —decía mi amigo, el Profesor de Historia— aunque algunas de las opiniones enfermen”.

Vamos a tratar de resumir las corrientes que entrechocan en los foros políticos, en las conversaciones de casa, calle y oficina y, por supuesto, en las redes sociales, que es donde en este tiempo se libran los combates más camorreros.
Soberanistas
Por un lado tenemos a los soberanistas. Son personas que leyeron el texto de la reforma o se informaron grosso modo de su contenido y arribaron a la conclusión de que es un retroceso en materia de soberanía petrolera.
Algunas de esas opiniones son muy respetables, aunque parece obvio que sus promotores no han incluido en la ecuación la aberrada naturaleza del momento histórico que nos está correspondiendo atravesar, desdichadamente en el rol de víctimas de un poder imperial que se ha salido de todo cauce.
En jerga de catecismo marxista a los que sostienen este punto de vista podríamos acusarlos de estar haciendo una interpretación mecanicista por aferrarse a un concepto teórico, sin tener en consideración un contexto mundial caracterizado por cambios brutales y regresiones históricas.
Soberanistas estratégicos.En defensa de la reforma surgió una renovada visión de la soberanía petrolera. Es la que han esbozado diversos voceros del gobierno, el Parlamento, el Partido Socialista Unido de Venezuela, algunos empresarios y analistas privados. Tal vez luego se le puede encontrar un mejor nombre, pero de momento vamos a llamarles soberanistas estratégicos o teleosoberanistas.
¿Qué plantea esta corriente? Pues, que para defender la soberanía como fin último, como horizonte estratégico, es válido (y, además, inevitable) hacer concesiones en el plano táctico. Lo importante es preservar el sistema político bolivariano, pues perderlo significaría una renuncia definitiva a toda forma de soberanía popular, independencia económica y autodeterminación política.
Este punto de vista —al que, individualmente, me adscribo, dicho sea de paso— sostiene que Venezuela tiene la ventaja de disponer de una fabulosa riqueza petrolera potencial y eso le permite, en las actuales muy críticas circunstancias, emplear una porción de ella como factor apaciguador de la agresiva y descontrolada fiera herida estadounidense, con el propósito, no exento de idealismo, de preservar el control en el largo plazo y esperar una favorable evolución de los acontecimientos geopolíticos.
Ceder soberanía en el presente resulta doloroso, pero puede ser un precio conveniente a pagar si sirve para capear la tormenta de un mundo deliberadamente caotizado, pero que eventualmente tendrá que reencontrar un equilibrio. La apuesta es que, cuando fragüe el nuevo orden mundial, suponiendo que será multicéntrico y pluripolar, resultará posible reconquistar espacios de soberanía, incluso con mucha más solidez que los intentos realizados hasta ahora, que —necesario es reconocerlo— han sido más retóricos que reales.
Soberanólogos a diez por dólar. Siempre ha sido así, pero las redes sociales han intensificado el fenómeno hasta niveles delirantes: cuando algún tema asciende al primer plano del debate público, los expertos en el asunto proliferan como verdolaga en playa.
La mayoría de esos peritos no son tales, sino personas que se ha formado una opinión de las más diversas y curiosas maneras, no pocas veces guiadas por otros falsos gurúes.
Algunos de estos individuos padecen lo que se denomina Efecto Dunning-Kruger, que consiste en creerse dueños de verdades absolutas en torno a temas que ignoran totalmente. En criollo se les conoce como habladores de pistoladas. En tiempos pasados había que calárselos en el trabajo, en el transporte público, en reuniones familiares ocasionales o en la barra de la tasca (con el síndrome potenciado por la ingesta alcohólica). Ahora, gracias a Facebook, Twitter-X y demás artilugios por el estilo, están en todas partes y en todo momento, como suele decirse de dios.
Por fortuna, estos personajes de repentina maestría tienen una característica que los hace menos perniciosos e, incluso, bastante cómicos: cambian de tema como quien lo hace de calzoncillos o pantaletas, según sea el caso. Los investigadores que le dieron nombre a esa conducta, Dunning y Kruger, explican que se trata de gente sin conciencia acerca de sus propias limitaciones cognitivas (no saben que no saben un carrizo), así que en lo que va de enero han disertado ya no sólo sobre soberanía, sino también sobre misiles AGM-154 Joint Standoff Weapon, procesos legales en cortes de Estados Unidos, historia de Groenlandia y significado de la comandancia en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
En las últimas horas se han transfigurado en jurisconsultos especializados en amnistías generales. Pero es previsible que tal maestría temática no les pase del fin de semana.
Soberanos hipócritas. Mientras los soberanólogos autoproclamados tornan divertida la controversia, otros la vuelven muy amarga. Se trata de los soberanos hipócritas, esos que han dedicado su vida entera a vender la Patria y, de pronto, se disfrazan de defensores acérrimos de la integridad territorial y la propiedad de la República sobre los recursos naturales.
Hay casos verdaderamente patéticos de impostura. Por ejemplo, el de la gente que, a principios de siglo, llegó a propiciar un golpe de Estado y paralizar la industria petrolera, siguiendo un típico guion de la CIA, y que ahora andan escandalizados porque la reforma a la LOH desnacionaliza el petróleo.
Esos individuos y sus organizaciones políticas actuaron de esa manera en respuesta a la primera modificación de la normativa legal sobre petróleo que se hizo en tiempos de Revolución, a finales de 2001. Pusieron a danzar a sus peores demonios porque la reforma promovida por el comandante Hugo Chávez les pareció demasiado estatizante. Ahora se dan golpes de pecho porque esta nueva reforma cede en materia de control público.
Se trata, casi con exactitud, de los mismos personajes y grupos que han pasado un cuarto de siglo conspirando para derrocar al gobierno y restaurar el neoliberalismo más salvaje, pero en el actual trance les conviene hacerse pasar por defensores de los principios bolivarianos de propiedad pública del subsuelo. Y no es que hayan recapacitado, ¡qué va!, sino que allí donde el chavismo diga blanco, ellos dirán negro, y a la visconversa.
El aspecto más retorcido de esta mutación corre por cuenta de los que han pasado todo este tiempo clamando por las medidas coercitivas unilaterales, el bloqueo y la agresión militar estadounidense. Una vez que ya se ha ejecutado toda la receta injerencista, pretenden pasar como defensores de los intereses patrióticos. Y lo peor es que hay gente que, de buena fe, les cree.
Bonus track: los fanáticos de la inmolación (de los otros, claro)
Respecto al debate de la soberanía, merecen un pequeño apartado esos que se ubican a la izquierda de la izquierda, los ultramascaclavos para quienes la única respuesta posible a las pretensiones del poder imperial es inmolarse en defensa de la Patria.
Claro que cuando proponen tal inmolación no están hablando de ellos mismos, sino de los demás, pero ¿quién se va a poner a reparar en esos pequeños detalles?
Este sector expone sus afilados puntos de vista como si el 3 de enero no hubiese ocurrido y estuviéramos debatiendo aguerridamente en un cursillo sabatino de análisis crítico del imperialismo.
No es nueva esta postura. También cuestionaron los cambios en la política económica que se aplicaron a partir de 2018 para tratar de salir del laberinto de la guerra económica, la hiperinflación, las sanciones y la violencia orquestada por EEUU y sus socios locales. Cuando se creó la legislación antibloqueo, se pusieron constitucionalistas radicales, como si un país asediado y casi sitiado tuviera, además, el deber de amarrarse las manos ante los agresores.
Ahora llegan al extremo de decir que el gobierno se está valiendo de “una coartada” para aplicar políticas entreguistas, obviando el hecho de que ese gobierno tiene a su presidente y a su primera dama secuestrados y que se encuentra bajo la amenaza permanente de nuevos ataques con armas notoriamente superiores a las capacidades defensivas del país.
Volviendo al argot marxista, estamos frente a una izquierda tan, pero tan izquierdosa que opera objetivamente a favor de la reacción. ¿Con camaradas así, quién necesita opositores ideológicos?
(Clodovaldo Hernández / Laiguana.tv)
Tomado de: https://www.laiguana.tv/articulos/1463230-debate-soberania-estrategica-clodovaldo/
CONTEXTO - LEER: ¿Hacia dónde apunta la reforma parcial de la Ley de Hidrocarburos?














