La vivienda se vuelve mercancía, el suelo urbano un activo financiero y los barrios populares enfrentan nuevas formas de despojo. En medio de la incertidumbre global, crecen las luchas por el derecho al territorio, la permanencia y la dignidad urbana. Análisis de la crisis urbana hoy y las alternativas construidas desde los territorios.

Por: Carlota Rillo. REDHER
- Análisis internacional - Red de Hermandad y Solidaridad con Colombia (RedHer) socializado en la apretura de la Cumbre Urbana Nacional y Popular CUNAP realizada en Medellín 6-7 de junio 2026
¿Quiénes disputan las ciudades hoy y con qué intereses, y en ese marco, qué sectores económicos han salido fortalecidos o debilitados en el último período?
Empezaremos, porque las ciudades siguen siendo la expresión vívida de la lucha de clases, dónde el conflicto central es entre la clase dominante y la clase trabajadora, incluyendo sectores populares, precarizados y marginados y dónde la dominación de clase se da a través de la propiedad privada bajo la lógica capitalista. La propiedad privada se ve reflejada en diferentes ámbitos que deberían ser derechos y son realmente negocio del capital. La salud, la alimentación, la educación, la vivienda, el ambiente, el ocio.
Esta privatización ha sido justificada por el Banco Mundial en la Cumbre Mundial de Ciudades de 2016 en Singapur, como algo que llaman “regeneración urbana”, que se basa en hacer más rentables los suelos céntricos y costeros, fomentar zonas turísticas, proveer infraestructura para encarecer la vivienda en barrios humildes... etc. Y que para lograrlo, la participación del sector privado es fundamental, porque es la única forma de regenerar y rehabilitar zonas urbanas deterioradas.
Pues, a ver, del Banco Mundial no nos sorprende nada que sigan invirtiendo sus esfuerzos en justificar que la privatización trae mejorías a las ciudades, cuando claramente, sabemos que la privatización solo genera mayor miseria para las mayorías.
Para que tengamos el dato, esta Cumbre celebra su 10º edición el 14-16 de junio de este año en Singapur, y seguro podamos sacar buenas ideas al respecto en este encuentro. Gracias a esta privatización es que vemos que en el último período –ampliando el abanico para lo internacional a los últimos 10 años- las ciudades se han disputado entre el movimiento social, el capital financiero e inmobiliario, logístico, turístico y de servicios.
Entonces, por un lado:
- El capital financiero e inmobiliario que quiere valorizar del suelo urbano como activo financiero, promoviendo la gentrificación, los desalojos, la construcción de oficinas, viviendas de lujo y centros comerciales. Que casualidad que uno de los tres grandes centros inmobiliarios más grandes del mundo es Singapur (dónde se realizo la Cumbre), los otros son de EEUU y Reino Unido, y que de las tres inmobiliarias más grandes dos son de EEUU y una de Canadá. Como Blackstone (EEUU) que compró vivienda de protección oficial en el Estado Español para especulación.
- Luego, está el capital logístico. Con grandes plataformas de comercio electrónico, como Amazon (EEUU), Mercado Libre (Colombia), Aliexpress (China), y empresas de reparto que han reconfigurado las ciudades: construyendo grandes almacenes en periferias, precarizando el trabajo del reparto ultrainmediato, y bajo la lógica de priorizar la inmediatez para ser las empresas más rápidas de la competencia, han congestionando el tráfico y usado intensivamente el espacio público para su logística.
- También está el capital turístico y de servicios. Desde el sector turístico, se disputa el espacio público para hoteles con multinacionales como Marriott International (EEUU) que posee 9.200 propiedades con presencia en 146 países, Jin Jiang International (China) que posee 10.000 propiedades con presencia en 120 países, o Hilton Worldwide (EEUU) que pose 7.500 propiedades con presencia en 144 países.
- También se disputa el espacio público, para alquileres temporales como Airbnb (EEUU), y para la gastronomía y el ocio, encareciendo la vivienda y expulsando residentes (turistificación).
- Desde el sector servicios nos encontramos con las empresas de call centers, y los grandes centros de Inteligencia Artificial. Los call centers son la manifestación del subsector de servicios de bajo valor agregado pero altamente explotador. Se ubican donde hay un menor costo del suelo y mano de obra joven. Representan una de las principales fuentes de empleo formal precario en ciudades del Sur global como Argentina, India, Filipinas, Marruecos, o acá en Colombia. Son empresas multinacionales como Teleperformance o Concentrix, que oh casualidad, vienen de EEUU, Europa y Singapur. Aumentaron su facturación y su poder de lobby para obtener exenciones impositivas, leyes flexibles de jornada y reducción de derechos laborales.
En los centros de Inteligencia Artificial, se diferencian los centros de datos y los de entrenamiento. Los centros de datos se ubican en periferias industriales de clima frío y consumen hartos recursos (agua) alterando el ecosistema urbano sin beneficios sociales.
Y los centros de entrenamiento se ubican en países con mano de obra calificada pero barata como India, Kenia, Filipinas, Venezuela, Argentina, o en zonas empobrecidas dentro de países ricos como Appalachia en EEUU o Andalucía en el Estado Español.
Las empresas más grandes en el sector, son de EEUU, Chinas y ojo, de la entidad sionista (también conocida como Israel). Contratan jóvenes urbanos para etiquetar imágenes, transcribir audio, entrenar modelos de lenguaje (como ChatGPT), moderar contenido. Es un trabajo repetitivo, mal pago y psicológicamente desgastante.
El Estado en la mayoría de casos, actúa impulsando todos los capitales mencionados anteriormente. Por tanto, los sectores que han salido debilitados han sido el pequeño comercio tradicional, la pequeña hotelería, la logística a pequeña escala, las cooperativas de vivienda y autogestión barrial, y el transporte de gestión pública o social.
Pero frente a ello, se moviliza el actor más importante, nosotras y nosotros, el movimiento social. Luchamos, por el derecho a la ciudad, la vivienda digna, los servicios públicos, el transporte asequible y universal, la salud universal, contra los desalojos, entre otras luchas. Nos disputamos un uso social, no mercantil, del espacio urbano, que ponga en el centro la vida digna.
Finalmente, la disputa por las ciudades es, en el fondo, la disputa por la distribución de la plusvalía generada en el espacio urbano y por el derecho a decidir colectiva y popularmente su forma.

Carlota Rillo de Redher. Foto - ColombiaInforma
¿Cómo el régimen de guerra global que se viene consolidando hace décadas se concreta en las ciudades? (vivienda, reconfiguración paramilitar, persecución...)?
Empezaremos diciendo que la guerra, es la política por otros medios, y que en el capitalismo, se vuelve el mecanismo central de reconfiguración de la clase dominante. Entonces, ¿por que es la guerra?, sabemos que la guerra es por los recursos humanos y no humanos, porque nuestro trabajo siempre les salga mas barato hasta la esclavitud, eso es lo que incentiva el capital y el imperialismo y sus flujos de migración de la mano de obra. Que ante su justo levantamiento aplica un mismo modelo de represión.
No es nuevo que, por ejemplo, desde hace décadas, nos intentan reprimir con las leyes antiterroristas para la protesta social, el genocidio interno y externo de quien decide luchar, el control de los fertilizantes y combustibles como arma, y el control de la reproducción social mediante la vivienda, la salud y la educación.
En el último periodo -pongamos 10 años para lo internacional-. Hemos visto como:
Entorno a la vivienda. El contexto de crisis hiperinflacionaria en Argentina, dio la toma masiva de tierras y edificios, la policía reprime los asentamientos y criminaliza los recicladores (cirujas).
En Nairobi (Kenya), llevaron a cabo el desalojo forzoso de 3.000 personas del barrio Deep Sea, para construir una carretera financiada por la Unión Europea. El desalojo fue ejecutado por la policía y empresas de seguridad privada, bajo el pretexto de "renovación urbana", la que nombraba anteriormente, avalada por el Banco Mundial.
En Sudán, desde la guerra de Darfur –guerra entre élites–, se da la destrucción de campamentos de desplazados en muchas ciudades de Darfur por los paramilitares que controlan barrios enteros, saquean casas, cometen violencia sexual y reclutan por la fuerza, allí donde el control de la vivienda es una pieza clave de la guerra y el genocidio. Han convertido Jartum en una ciudad fantasma. Es la guerra como saqueo directo de las viviendas e infraestructura.
En el Estado Español, fondos de inversión como Blackstone, siguen desahuciando, y ciudades como Barcelona o Madrid son laboratorios de turistificación y gentrificación que expulsan a la clase trabajadora.
Reconfiguración paramilitar. Allí dónde el Estado es incapaz de mantener el control con su fuerza represiva, subcontrata la violencia. Sin desconocer que hay muchos más ejemplos. Dos casos concretos y cercanos son los de Italia y el Estado Español.
En Italia, el resurgir fascista (Forza Nuova, Casapound) actúa como brazo callejero del Estado en la gestión de la crisis. Atacan okupas (viviendas recuperadas), centros sociales y sindicatos. Son la policía política no oficial, muy tolerados por el Estado mientras "limpian" la ciudad de lo que les resulta incómodo para su orden fascista.
En el Estado Español, grupos neonazis camuflados de nombres que parecen inofensivos como Hogar Social Madrid, Democracia Nacional atacan a inmigrantes, okupas y activistas. Se formó un grupo parapolicial para desahuciar a la gente, desokupa. Su función es amedrentar, amenazar y generar terror en barrios empobrecidos, mientras la policía es cómplice y utiliza sus mismas técnicas.
Persecución y genocidio. La vemos con la criminalización de la pobreza y la migración, las leyes de "seguridad interior" -misma lógica que la doctrina del “enemigo interno”-, y la violencia directa contra líderes sociales y sindicales.
El caso de Palestina (Gaza y Cisjordania), es desgraciadamente, la mayor expresión de genocidio en el último período. La ciudad de Gaza es la concreción máxima de una ciudad bajo régimen de guerra: sitiada, sin suministros, y bombardeada. La misma lógica, se ve en Jerusalén con el desalojo sistemático de familias palestinas (Sheikh Jarrah) para los colonos sionistas. Este no es un conflicto religioso, es una guerra de asentamiento capitalista-colonizador.
Vemos, como son reprimidas las expresiones de movilizaciones en solidaridad con Palestina. Como en Mannheim (Alemania), con el caso del activista palestino Mohamed Abu, que fue sancionado de estar en el espacio público cuando haya manifestaciones por Palestina, por cantar públicamente la consigna “Desde el río, hasta el mar, Palestina vencerá”.
En Bolivia, vemos la insurrección popular, liderada por los ponchos rojos, contra el “capitalismo para todos” del gobierno de Rodrigo Paz y sus políticas de eliminación del impuesto a las grandes fortunas, la ley de tierras y el fuerte incremento en los precios de los combustibles. Los medios de comunicación nacionales e internacionales (Estados Unidos y Argentina), utilizan una narrativa de "golpe de Estado", "narcotráfico" e “insurgencia” para criminalizar y deslegitimar la protesta. La represión interna es fuerte y además Milei envía aviones hércules, supuestamente para ayuda humanitaria, pero que también se utilizan para transporte de material militar.
¿Será que Milei dice la verdad y esta muy preocupado por lxs campesinxs, minerxs, indígenas, y sindicalistxs de Bolivia?. Bueno, no lo parece, porque en Argentina, el escenario represivo a la manifestación y protesta, especialmente desde Milei, se basa en un protocolo antipiquetes, no permitiendo el corte de calle, sin importar quién se movilice: jubilados, docentes, trabajadores culturales, etc. Los trabajadorxs de prensa reciben agresiones físicas y materiales sistemáticas. No se informa a dónde son trasladados los detenidos. Y hay una mayor presencia de policía civil en las manifestaciones, agrupados o infiltrados. Se ha agudizado la represión contra las mujeres que marchan ante feminicidios, marchas lideradas por el colectivo Ni Una Menos.
Mecanismos de vigilancia y control. Vemos como el auge de las redes sociales fomentan de estilo de vida disociado, desconectado de la realidad, individualizado, liberal y desmovilizado. Además se vuelve muy fácil para la inteligencia obtener información centralizada que persigue al movimiento social. Nos convertimos en otra materia prima para entrenar modelos y a la vez se construyen y prueban dispositivos masivos de control y vigilancia, como herramientas de reconocimiento facial (Argentina), bases de datos biométricos, drones policiales, o el puntaje crediticio (como mecanismo de control de clases). Todo ello para anticipar y neutralizar los levantamientos populares.
Ante este escenario el movimiento social, se organiza y lucha, como:
•Las ollas comunes gestionadas por movimientos sociales en Argentina y Palestina.
•las juntas vecinales y radios comunitarias en Bolivia
•los piquetes multitudinarios y el no pago de impuestos en Kenia
•La okupación para viviendas y centros sociales en el Estado Español
•La Escuela Normal Rural de Ayotzinapa en México.
•las cooperativas agrícolas y huelgas generales en Palestina
•los Comités de Resistencia, redes de apoyo mutuo, y escuelas clandestinas en Sudán
•las marchas estudiantiles en Chile
El régimen de guerra global, es lo que nos pasa aquí y ahora en cada ciudad: es el desahucio de nuestra vecina, el alto precio y mala calidad del transporte, es la mirada y bomba del dron, es el fascista que patrulla en nuestro barrio. Por ello, frente a la guerra global nuestra respuesta es la solidaridad y acción internacionalista, la asamblea popular, la olla comunitaria, la recuperación de tierras, la okupación de viviendas, los sindicatos, y el control de la producción.
La ciudad se convierte así en el lugar donde la guerra global se muestra en su crudeza, pero también donde se forja la única alternativa viable: el poder de la clase trabajadora organizado para abolir el régimen de guerra, es decir, para abolir el capitalismo.
¿Cómo está la correlación de fuerzas del campo popular hoy, qué tan cohesionado o disperso está y qué determina realmente su capacidad de movilización?
Actualmente el campo popular se encuentra en un estado de dispersión ofensiva, es decir que existen múltiples focos de resistencia que, de manera no sincronizada, cuestionan las lógicas capitalistas y el orden imperialista, pero no estamos cohesionados orgánicamente.
Existen grandes diferencias tácticas y estratégicas. La vía electoral - social demócrata versus la vía revolucionaria. Y encontramos esta diferencia por ejemplo en Argentina, mientras que el peronismo argumenta que es mejor esperar a las elecciones para que con un cambio de gobierno se vea un cambio real en la calles, el movimiento de jubiladxs que se manifiesta todos los miércoles frente al Congreso Nacional, defiende que a través de la organización y acción directa es como se logran los cambios estructurales.
También vemos esta fuerte diferencia en organizaciones sociales cuya defensa por los derechos humanos se ha convertido en su meta, mientras que otra organizaciones sociales lo utilizan como una herramienta para proteger la vida en contextos violentos, y no es lo que determina su movilización, sino que va más allá, por transformaciones estructurales.
O también en la espera frente a que el contexto que se de, o que el contexto hay que crearlo. Por ejemplo, ¿esperamos a que China desarrolle infraestructura, fuerzas productivas, y que algunos gobiernos progresistas no nos repriman tanto, o vamos a seguir construyendo poder popular y exigir cambios estructurales ya?
O el nacionalismo versus el internacionalismo. Cuando las luchas sociales se enfocan en la liberación nacional o cuando tienen una perspectiva más allá, de que es el sistema dominante, el capitalismo, el que tiene ser transformado a nivel global, para liberarnos.
Esta dispersión no es necesariamente sinónimo de debilidad, ya que puede permitir la adaptación a contextos muy diversos. Pero a su vez, es clave, articularnos como una alianza de clase a nivel internacional para fortalecer nuestras luchas.
El antiimperialismo como eje articulador, sigue siendo el principal factor de cohesión internacional del campo popular.
Cuba sigue siendo un símbolo de resistencia antiimperialista activo, con una política exterior que se basa en la solidaridad y acción internacionalista y la oposición a la hegemonía estadounidense, por eso el imperio gringo esta obsesionado con derrumbarla.
Históricamente y especialmente hoy, las agresiones contra Venezuela y Cuba por el imperio yanquee, en este continente nos recuerdan que nuestras luchas pueden ser aplastadas cualquier día por el imperialismo yanquee-sionista, que busca aniquilar a Palestina, Líbano, Irán.
Después de la agresión contra Venezuela, fuimos testigos de una red de organizaciones socialistas en EE. UU., vinculadas a la Asamblea Internacional de los Pueblos, que logró coordinar protestas masivas en más de 100 ciudades.
Es en las expresiones de solidaridad internacional que vemos que las ciudades están altamente interconectadas. Con las marchas en todo el mundo por Palestina, las movilizaciones globales en contra la empresa Glencore que extrae y exporta carbón generando miseria, contaminación y financiando el genocidio en Palestina. Además esa mirada colectiva de lucha también se refleja en los muros de las ciudades, en todo el mundo podemos ver un “ACAB”, o un “1312”, un “Vayanse al Carajo Yanquees de mierda”, un “No pasarán”, y reconocemos lo que significa.
La capacidad de movilización, depende:
Por un lado, de nuestra capacidad no solo para reaccionar, sino para construir previamente estructuras contrahegemónicas en la sociedad civil. El caso de Prosfygika (Grecia) es ilustrativo, el barrio histórico de refugiados (desde 1919-1922) posteriormente okupado y que se convirtió en una pequeña ciudad solidaria que resiste a través de las asambleas comunitarias, y la construcción de redes vecinales, escuelas, panaderías, centros sociales okupados, un hospital. Esto mantiene una fuerte memoria histórica de lucha que permitió organizar la acogida de refugiados, que permite hoy luchar contra la amenaza de desalojo, organizar la solidaridad internacional con Palestina, Venezuela, etc. de manera autónoma al Estado.
•"Guerra de Posición" global (Gramsci)
Por otro lado, de la integración de la lucha de clases con la agenda ambiental-ecológica. La contaminación, el despojo de territorios y las migraciones climáticas golpean desproporcionadamente a la clase trabajadora. La capacidad de movilización popular va ligada a la defensa del territorio, como claramente en Colombia, y también en Kenia dónde luchan contra el despojo de tierras por parte de multinacionales chinas o europeas.
La tensión entre la forma "Partido" y la forma "Movimiento". Este es uno de los mayores cuellos de botella actuales: la contradicción entre la necesidad de estructura (para sostener la lucha a largo plazo) y la necesidad de horizontalidad (para ser legítimo). Vemos como las organizaciones tradicionales (partidos de masas, centrales sindicales clásicas en sectores industriales en declive) se han debilitado, y el movimiento social se ha fortalecido aunque de manera desigual y contradictoria. El caso de Argentina, con sus movimientos sociales piqueteros y el kirchnerismo, muestran esta tensión: una alta capacidad de movilización territorial (movimientos sociales), pero una dificultad para traducir esa fuerza en una alternativa política nacional estable que no sea cooptada por el peronismo.
Por tanto, la correlación de fuerzas del campo popular es favorable en el campo de la resistencia y la solidaridad inmediata (Cuba, Palestina, Venezuela), pero desfavorable en el terreno de la construcción de una alternativa hegemónica global. Entonces, el "campo popular" hoy se parece más a un archipiélago que a un continente unificado: con islas de alta intensidad militante (Kenia, Argentina, Grecia) conectadas por corrientes de solidaridad (mareas), pero aún lejos de formar una masa continental que tome el cielo por asalto.
Ahora bien, para terminar rescato un texto que rescato de la Tricontinental, "La desesperanza y la desmoralización no deben ser el estado de ánimo de lxs pueblos del mundo."
Desde Cuba hasta Palestina y pasando por Colombia, quienes son bombardeadxs responden con todo lo que tienen a su disposición. Requieren que el mundo esté de su lado y que no caiga en el desaliento, pus el espíritu humano es demasiado poderoso para ser vencido por sus opresores y utiliza todos los caminos posibles para rechazar un mundo en el que esta historia de guerra sin fin determine nuestro futuro.
*Documento-Ponencia presentada como parte del espacio de instlacion de la CUNAP realizado el 6 y 7 de juio de 2026 en la ciudad de Medellín (Colombia)
_______________________________
CONTEXTO:
📘 Nueva edición | Revista Kavilando V17 N2📘 Nueva edición | Revista Kavilando V17 N2🟣 ¿La ciudad para quién?¿La ciudad para quién? La nueva edición de la Revista Kavilando (V17 N2) reúne investigaciones y reflexiones críticas sobre el modelo urbano neoliberal, la gentrificación, el conflicto territorial, el clima y las resistencias populares que disputan la ciudad como derecho y bien común.Investigaciones y reflexiones críticas sobre:🏙️ ciudad y neoliberalismo✊ acción colectiva y territorios🔥 gentrificación, conflicto y clima🌎 disputas urbanas en Colombia y América Latina👉 Editorial + 13 artículos académicos📄 Acceso a PDFs COMPLETO 🔗 Disponible ya: https://acortar.link/Iz17Jp














