Por: Plataforma Global por el Derecho a la Ciudad (PGDC)
LaPGDC celebró la primera sesión de una Asamblea en dos partes, centrada en Vivienda adecuada, economía popular y el derecho a la ciudad frente la crisis del COVID-19, el viernes 17 de abril de 2020. Esta sesión de la Asamblea contó con 95 participantes – procedentes de movimientos y organizaciones sociales, organizaciones de gobiernos locales, redes y academia – de todas las regiones del mundo.

Las intervenciones trajeron a la luz una gran variedad de perspectivas, desafíos y propuestas en torno al derecho a la vivienda adecuada para personas en situación de calle e inquilinxs, la atención integral a lxs habitantes de asentamientos precarios y la protección a trabajadorxs de la economía popular (llamada informal, aunque es la que sostiene más de la mitad de la población en muchos lugares del mundo).
Si bien no es posible mencionarlas todos, se destacan a continuación algunos de los mensajes claves que surgieron de las presentaciones y el debate, donde también se habló de la solidaridad, la producción social de la salud y el imperativo de un enfoque transversal de género y diversidad.
Atención de la emergencia y transformaciones de mediano plazo.
Está claro que esta emergencia es una crisis que afecta todas las esferas de la vida individual y colectiva. Por un lado visibiliza y magnifica desigualdades sociales, económicas y de segregación espacial que ya teníamos, consecuencia de políticas neoliberales, de ajustes estructurales, de privatización y de reducción de la capacidad de acción del Estado y de la esfera de lo público.
Por otro, enfatiza la necesidad de enfocarnos en las prioridades y las posibilidades de cambiar el rumbo. En ese sentido, las intervenciones llamaron la atención sobre dos tiempos y lógicas distintas que están en juego: una de atención a la emergencia, que requiere muchas acciones urgentes y coordinadas, y otra de las transformaciones hacia la justicia social y la sustentabilidad en el medio y largo plazo. La intención en estas Asambleas es justamente reflexionar sobre la conexión entre esas dos lógicas, pensando en cómo lo que hacemos ahora contribuye a los cambios más de fondo que queremos ver.
El territorio y su función social
Las presentaciones señalaron distintos temas, actores, escalas y regiones, analizando las conexiones y desafíos entre ellos. Por un lado, se destacó la dimensión de la proximidad, con un enfoque barrial y solidario para el cuidado de la salud, la alimentación, los ingresos, las familias y vecinxs, etc. Pero a la vez, se puso de relieve la función social de la ciudad/propiedad, como el uso de hoteles, viviendas y otras infraestructuras vacías para personas en situación de calle o que necesitan aislamiento. La mirada territorial y la mirada de la función social de los espacios, centrales para el derecho a la ciudad, tienen mucho que aportar para la atención de la emergencia y las transformaciones de fondo.
Más coordinación y cooperación, bajo un enfoque de derechos humanos
También se enfatizó la necesidad urgente de colaboración más horizontal y más democrática entre actores e instituciones (gobierno, comunidades, sociedad civil) a distintas escalas (barrio, ciudad, nacional, internacional) para hacer frente a la pandemia y sus consecuencias sanitarias, sociales y económicas.
En ese sentido, salvo la Organización Mundial de la Salud, preocupa que no se haya visto una presencia tan activa de otras agencias de las Naciones Unidas hasta ahora.
En relación a esto, se señaló la urgencia de poner un enfoque de derechos humanos al centro de la estrategia, tanto para la atención de la emergencia como para las transformaciones de mediano y largo plazo.
Las organizaciones de la PGDC tienen esto muy claro: la universalidad e interdependencia de todos los derechos humanos, para todas y todos. La pandemia pone estas cuestiones de relieve, mostrándonos que no es posible separar el acceso al agua y el saneamiento, de la salud, la vivienda, la alimentación, la educación, el trabajo…
Priorizar la vida y los cuidados
La emergencia nos enfoca en la protección de la vida y la necesidad de priorizarla sobre todo lo demás. Se reconoce que muchos gobiernos nacionales y locales están tomando medidas en esta dirección, pero también se alerta sobre el riesgo de que esto se mantenga momentáneamente y sólo en la superficie, para después volver a lo de siempre (la respuesta a la crisis económica del 2008, que decidió rescatar bancos y especuladores por sobre las personas, no se puede repetir!).
La lógica de la llamada resiliencia puede querer decir volver al sistema anterior, que era terriblemente injusto, patriarcal y mercantil; la lógica que necesitamos parece ser una de ‘re-existencia’, que nos permita reinventarnos como personas y como sociedades, promoviendo los cambios profundos que necesitamos para el cuidado de la vida y el planeta.
Está claro que esto no lo van a hacer ni los gobiernos, ni las agencias multilaterales, ni mucho menos los intereses corporativos transnacionales, de motu proprio. Es por ello que necesitamos movilizarnos aún más y de manera más coordinada, y ése es el sentido de estas Asambleas virtuales. ¿Qué más podemos hacer juntxs y mejor para avanzar en estos cambios hacia una ética del cuidado?














