Geopolítica imperial: Intervenciones estadounidenses en Nuestra América en el siglo XXI (Libro - Pdf)

Linea Formación, Género y luchas populares

Por: Clacso

Esperamos que este libro aliente la reflexión y la acción política frente a los impactos que puede tener para la paz y la estabilidad democrática regional el afianzamiento de operaciones militares lideradas por un hegemón imperial en declive. La coyuntura abierta por la pandemia de COVID-19 y la gestión autoritaria que la acompaña no puede actuar como un dispositivo de contención de las luchas democráticas y los justos reclamos de los pueblos por el respeto de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. 

 

 

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Presentación

Carolina Jiménez Martín y Jairo Estrada Álvarez

Durante la primera década del siglo XXI se desplegaron una serie de acontecimientos que pusieron en cuestión la hegemonía imperial alcanzada por los Estados Unidos después de la implosión de la Unión Soviética.

En efecto, el ascenso de China, la recuperación rusa, las derrotas militares en Oriente Medio, el importante despliegue de la movilización social y popular, así como victorias electorales de proyectos políticos progresistas y democrático-populares, en algunos casos con contenidos antiimperialistas en Nuestra América, la caída en el crecimiento de la economía mundial y el declive económico interno, entre otros, expresaron los límites del pretendido dominio universal del imperialismo estadounidense; su hegemonía exhibió tendencias al resquebrajamiento.
La crisis económica y financiera de 2008 fue una de las manifestaciones más claras de las dificultades que vienen afrontando los Estados Unidos para una gestión ajustada a sus intereses del capitalismo mundial. En ella se expresó la naturaleza contradictoria e inestable del modo de producción capitalista y la incapacidad para encontrar respuestas a las necesidades emergentes de la acumulación y de la de dominación política, propios de un sistema violento basado en el despojo, el derroche y la explotación.

Las tensiones y los desafíos que enfrenta la dominación imperial explican la contraofensiva estratégica que ha desplegado Estados Carolina Jiménez Martín y Jairo Estrada Álvarez 10 Unidos en las últimas décadas en la región. En efecto, se ha tratado de rehacer la hegemonía fracturada y de recuperar las posiciones perdidas a través de una política que conjuga la revitalización y
actualización de su concepto de dominación de espectro completo, con la articulación y coordinación transnacional de las fuerzas de la derecha, a través de:

i. Una pretendida recomposición de la geopolítica continental por cuenta de la continuidad y el fortalecimiento de los proyectos de derecha que han estado en el gobierno y la reversión de los avances progresistas o democrático-populares apelando a los más variados recursos (“golpes blandos” (Paraguay, Honduras, Brasil) y “cívico-militares” (Bolivia), sabotaje y accionar terrorista, bloqueo económico, manipulación mediática, “coordinación diplomática”, entre otros); lo cual incluye el fin de los proyectos políticos de Venezuela y Cuba, definidos por el exconsejero de Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump, John Bolton, como la “troika de la tiranía”. 

ii. La contención de los procesos de movilización y rebelión social y popular que se han apreciado en las últimas décadas en el continente, y cobraron nuevos e importantes impulsos en los años inmediatamente anteriores. 

iii. La limitación de la creciente participación de China y Rusia (en menor medida de Irán) en la economía y la política regional; y, iv. La búsqueda y el reforzamiento de garantías de acceso a recursos naturales (minero-energéticos y de biodiversidad) y sociales estratégicos para la reproducción del modo de producción capitalista.

En este contexto debe ser valorada la creciente militarización territorial (marítima, terrestre y del espacio aéreo) que se ha desplegado en la región durante los últimos años, y de manera  particular en 2020. Amparado en la retórica de la guerra contra las drogas se ha ampliado la presencia de fuerzas militares de los Estados Unidos (bajo el mando del Comando Sur) en el mar Caribe y el Pacífico oriental en el marco de la denominada operación ampliada antinarcóticos (Enhanced Counter-Narcotic Operations). También, se dio inicio a la Asistencia de Fuerza de Seguridad (SFAB por sus siglas en inglés) con la presencia de fuerzas especiales del ejército de los Estados Unidos en el territorio colombiano. Estos dos dispositivos se constituyen en
una clara amenaza a la paz regional y la estabilidad de los procesos de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

La situación de excepcionalidad generada por la pandemia de COVID-19, ha introducido nuevos elementos a la actual coyuntura de la región. Se han exhibido de manera descarnada los límites de diversa índole del orden social capitalista vigente en el continente, profundizando las tendencias de la crisis capitalista que se venían advirtiendo ya en el pasado más reciente. Desocupación en aumento, más pobreza e informalidad, desigualdades acentuadas, trabajo e ingreso precario (cuando lo hay), desprotección social sin límite, vida sin respeto, son algunas de las piezas que conforman la densa imagen de la ignominia que predomina en la mayoría de los países de la región y en los propios Estados Unidos. Desde las clases dominantes se ha recurrido al argumento de las “causas naturales” para exculpar cualquier responsabilidad sistémica y del modo de vida y de producción imperante en su formato neoliberal; ha  predominado la idea de hacer fluir el capital, para evitar el tendencia al decrecimiento de la tasa de ganancia en algunos negocios y para acrecentarla en otros, como es el caso del financiero, dado que los tiempos son propicios para atenazar aún más la sociedad, el Estado y los hogares por cuenta del mayor endedudamiento.

Sin duda, se pretende salir de manera impune de la excepcionalidad a través del retorno a la misma “normalidad” causante de la crisis. En ese sentido, la pandemia busca ser utilizada políticamente para propiciar acciones preventivas de disciplinamiento y control social y político, que permitan afianzar el régimen de dominación de clase, de cara a una situación que agrega argumentos y elementos nuevos a las aspiraciones y definiciones programáticas del movimiento social y popular, por ahora contenido por efecto de la situación imperante, pero muy seguramente en proceso de preparación de la protesta y la movilización cuando las condiciones lo permitan.

Desde la perspectiva de la estrategia imperialista, la pandemia está siendo utilizada para acelerar planes ya diseñados. Los mayores rasgos autoritarios y arbitrarios del ejercicio del poder, que acompañan la excepcionalidad impuesta, no parecen encontrar los suficientes contrapesos en debate público (democrático) y en la propia movilización social y popular, dado el cierre y el confinamiento que se ha dispuesto. Nos confrontamos simplemente con los anuncios de las noticias, sin capacidad de reacción, salvo la que ofrece el uso alternativo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, y las que en todo caso expresan en la escenificación la política en la calle, pese a las limitaciones ya descritas.

A lo anterior se agrega una situación particular. En los Estados Unidos está en curso la contienda electoral, en la que el actual presidente Donald Trump aspira a la reelección en los comicios de noviembre de 2020. Si antes podía quedar alguna duda acerca de la singularidad que representa este exponente de la derecha más extrema, racista, machista, homofóbica y con un pensamiento con contenidos fascistas, tras la reciente publicación del libro de uno de sus más cercanos y antiguos asesores, John Bolton, La habitación donde ocurrió. 

Una memoria de la Casa Blanca, lo único que se puede agregar es la preocupación acerca de cómo se hace el día a día de la política imperial y del rol de una personalidad dispuesta a acciones aventureras y desesperadas, con el fin de lograr los propósitos y garantizar intereses de su proyecto político y de las fuerzas que le sirven de soporte. 

En ese sentido, y con fidelidad a una tradición que ha hecho parte de la política interior estadounidense, se deben descartar acciones que  busquen producir impacto en la opinión y concitar los apoyos electorales en sectores que no acompañan la reelección. Dado que Cuba y Venezuela se han constituido en focos de mayor atención de la política exterior de los Estados Unidos, no deben descartarse acciones de mayor hostilidad hacia estos países, dentro de las cuales también se encuentran las propias del intervencionismo militar.

El libro Geopolítica imperialista. Intervenciones estadounidenses en Nuestra América en el siglo XXI tiene el propósito de suministrar elementos de análisis para una mejor comprensión del “momento capitalista” en general, y de manera particular de las configuraciones más recientes de la estrategia del imperialismo en Nuestra América. 

Los trabajos realizados por investigadores e investigadoras de la región se ha organizado en tres partes. 

En la primera, El trasfondo de una hegemonía quebrada, se encuentran los textos que formulan propuestas de caracterización del capitalismo actual en el marco de la crisis y que aproximan análisis sobre la situación de la hegemonía imperialista, evidenciando su fractura y las dificultades que atraviesan los Estados Unidos para mantener su posición (pre)dominante, así como algunos de los rasgos de su estrategia de recuperación de posiciones perdidas. Más allá de los numerosos hechos que ilustran sobre el acontecer y la acción cotidiana de los Estados Unidos y de su política imperial, en esta parte del libro se exploran los factores que posibilitan un entendimiento en términos de una “crisis de hegemonía”. 

En la segunda parte, Las claves de la disputa por la reconfiguración geopolítica, el análisis se traslada a la situación que se vive en Nuestra América, con base en un presupuesto: hay una lucha intensa por la recomposición del campo de fuerzas en general, en la que al tiempo que se evidencian las pretensiones de los Estados Unidos por una recomposición del campo político en general, y una disposición geopolítica a su favor, se advierte la continuidad y persistencia de proyectos políticos contrarios a los intereses estadounidenses, que son presentados en los casos de Cuba, Venezuela y México, países que se erigen en estandartes de los principios de la soberanía y la  autodeterminación.

En esta parte del libro se incorporan trabajos que analizan las estrategias más recientes del intervencionismo de los Estados Unidos en la Región, y se abordan de manera particular procesos de militarización y de preparación de acciones militares (abiertas y encubiertas), orientadas a la desestabilización de Cuba, Venezuela y Nicaragua y que se erigen en amenaza para la paz regional.

La tercera parte del libro, Colombia: Viejas y nuevas amenazas del intervencionismo militar, contiene los trabajos que se ocupan de estudiar el lugar de Colombia en la estrategia de los Estados Unidos para la región, dentro la complejidad derivada de una guerra que no logra terminar, y de un proceso de paz incompleto que no termina de nacer. En ese aspecto, se muestra la importancia que tiene la definición de la trayectoria del proceso político en el país andino, en el sentido de agregar a los propósitos comunes de paz regional, o de articularse con la estrategia intervencionista de los Estado Unidos y de la derecha transnacional. Los trabajos se ocupan de las implicaciones que tiene la llegada de fuerzas especiales de la Fuerza de sistencia de Seguridad –SFAB–, coordinadas por el Comando Sur de los Estados Unidos y probadas en Afganistán, en el contexto de la “guerra contra las drogas”, sobre el proceso de paz y la implementación del Acuerdo firmado con las FARC-EP, la situación de la región, y específicamente sobre Venezuela, evidenciándose que se está frente a un inminente peligro de guerra regional. 

Esperamos que este libro aliente la reflexión y la acción política frente a los impactos que puede tener para la paz y la estabilidad democrática regional el afianzamiento de operaciones militares lideradas por un hegemón imperial en declive. La coyuntura abierta por la pandemia de COVID-19 y la gestión autoritaria que la acompaña no puede actuar como un dispositivo de contención de las luchas democráticas y los justos reclamos de los pueblos por el respeto de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. 

Bogotá, junio 24 de 2020

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