La nueva disputa por el poder ya no se libra solo en territorios y mercados, sino en datos, algoritmos e inteligencia artificial. Quien controla la infraestructura digital controla la información, las narrativas y, cada vez más, las decisiones colectivas.

La pregunta no es si habrá IA, sino quién la gobierna: ¿los pueblos o una élite tecnocorporativa global?














