10 AÑOS DE APUESTA POR LA CONSTRUCCIÓN DE UN MOVIMIENTO SOCIAL POR LA SALUD EN COLOMBIA

Observatorio K.

Hace 10 años por esta fecha (3 al 6 de octubre del 2001) realizamos en la ciudad de Bogotá el Primer Congreso Nacional por la Salud con la consigna central “El derecho a la salud: una vía hacia la paz”.

Sin lugar a dudas la iniciativa emprendida a comienzos del año 2000 por la Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, posibilitó desencadenar una dinámica de trabajo entre sectores sociales de diversas regiones del país que llevó a tener un momento de articulación y acuerdos en el Primer Congreso Nacional por la Salud.

Es de recordar que los motivos que nos llevaron a realizar el Primer Congreso Nacional de Salud fueron “el grave deterioro de la situación de salud en el país, el incremento de las distintas formas de violencia y del conflicto armado con sus implicaciones negativas sobre la vida y la salud de la población, las consecuencias cada vez mayores de la aplicación del actual modelo de seguridad social y la agudización de la crisis hospitalaria”.

Este Primer Congreso Nacional por la Salud nos permitió realizar un diagnóstico de los principales problemas de la salud en Colombia y establecer una agenda política para fortalecer la movilización social por la salud y la seguridad social en el país. Desde el punto de vista organizativo el Primer Congreso fundó al Movimiento Nacional por la Salud y la Seguridad Social (MNSSS) que se entendió como un escenario de organización y movilización social que debía permitir continuar desarrollando la dinámica organizativa que se desencadenó producto de la preparación del Primer Congreso.

Se definió constituir el MNSSS con un criterio de participación amplia, democrática y plural, respetando la diversidad de formas de organización social existentes, con una organización horizontal más que piramidal, con flexibilidad en la composición de las instancias de decisión, con amplia representación de todos los sectores sociales, étnicos, políticos y académicos, con niveles nacional, regional y local y con amplia representación regional y local en el ámbito nacional.

Desde entonces se ha buscado desarrollar la agenda propuesta para lo cual se ha impulsado una multitud de actividades: marchas, plantones, dos congresos nacionales más, campamentos humanitarios por el derecho a la salud, encuentro semanal martes por la salud, cacerolazos, asambleas y audiencias públicas, foros, debates en el senado, publicaciones en prensa y revistas académicas, videos, propuestas legislativas, campaña de impulso a la Octava Papeleta, entre otras.

Esta dinámica de movilización social por el derecho a la salud desarrollada en estos años por el MNSSS ha aportado principalmente en la ampliación del debate público en torno al problema de la salud en el país, en la articulación de diversos sectores sociales proclives al derecho a la salud y en la politización de la lucha por la salud, producto de entender que hay un elemento estructural responsable de la situación colectiva ligado a la política de Estado en salud.

Un salto importante en la dinámica

Esta experiencia del MNSSS da un paso de maduración importante producto de la realización del tercer congreso nacional por la salud en el marco de una coyuntura por la declaratoria de una emergencia social en salud en el país.

Con la realización del tercer congreso nacional por la salud a finales del año 2009 se definió un plan de trabajo cuyos objetivos fueron derogar la Ley 100 y construir un nuevo sistema de seguridad social y de salud como horizonte del trabajo y fortalecer el movimiento. En este sentido, se asumió como tarea central del conjunto de organizaciones sociales pertenecientes al MNSSS el impulso de un proceso nacional amplio de deliberación y construcción de una nueva Ley de Salud y Seguridad Social, a ser impuesta por la fuerza de la movilización social.

Por su lado, la coyuntura de la emergencia social forzó la toma de postura de los actores sociales y políticos en torno al tema de salud, con lo que aportó al desarrollo de la configuración de la identidad colectiva alrededor de la comprensión de la salud como derecho humano, que ha contribuido a articular más al interior del MNSSS.

El aspecto de lo identitario ha avanzado en la última etapa de la experiencia dado que ha posibilitado identificar con mayor claridad un “ellos” en el sentido que lo plantea Carlos Walter Porto-Gonçalves, cuando dice que es en los procesos de luchas sociales en los que se van construyendo las identidades colectivas, identidades que no se definen por sí mismas sino que por contrastes, donde la invención de un “nosotros” implica la identificación de un “ellos”, de este modo, la identidad se construye junto con la alteridad en situaciones concretas. Acá se ha venido dando los dos procesos al mismo tiempo: uno de mayor acercamiento por el reconocimiento de la salud como derecho y otro por identificar un adversario más claro ubicado en la figura de la intermediación, base estructural del modelo de Ley 100.

De este análisis y tal como se entiende un movimiento social, se puede decir que efectivamente hay un proceso relacional entre actores en el campo de la salud que ha posibilitando conformar un movimiento social por el derecho a la salud, pero que aún no logra configurarse como sujeto político capaz de conducir e impulsar las trasformaciones sociales y políticas necesarias para garantizar el derecho a la salud. Aún se requiere, como lo plantea Ricardo Delgado, enmarcar las desigualdades, las oportunidades políticas y las calidades organizativas de movilización y traducirlas en términos de injusticia, identidades colectivas y sentido de eficacia de la acción.

 

Esto lleva a plantear que la experiencia del MNSSS ha posibilitado configurar propuestas de carácter estructural, pero sin lograr adecuadamente conectar directamente con las necesidades de quienes cotidianamente padecen la violación del derecho a la salud y que requieren también de respuestas especificas a sus necesidades, o con las acciones puntuales que puede impulsar la gente para resolver su situación particular.

A pesar de esta situación, es claro que el impulso sostenido de las acciones colectivas por el derecho a la salud es lo que ha posibilitando la generación de un movimiento social en salud, solo que aún no logran darse las condiciones ni para que esta experiencia configure un sujeto político capaz de liderar el cambio, ni aún la situación logra ser interpretada suficientemente como una injusticia para que genere la indignación que avive una amplia movilización social que lleve a la transformación deseada.

 

Lecciones para aprender

10 años es un buen tiempo para hacer balances y ver qué lecciones ha dejado una experiencia como la del MNSSS. Ejercicio que sin lugar a dudas debe ser colectivo, dado que sobre los procesos siempre existe una diversidad de miradas de quienes participan en ellos.

La experiencia del MNSSS ha posibilitado establecer un proceso relacional entre actores a través del cual se han conocido y han podido ver hasta dónde llegan las identidades y en donde se diverge.

Un movimiento social es fundamentalmente un campo relacional en un aspecto sobre el cual hay identidad. Dado este carácter relacional se suele dar una alta movilidad, donde hay actores sociales que entran y otros que salen, razón por la cual no se puede entender como una estructura rígida y vertical. El MNSSS en sus orígenes en la práctica desarrolló una organización rígida lo que generó una debilidad en la convocatoria y en la articulación con más actores sociales y políticos; pero la propia dinámica política le ha llevado a cambios y hoy en día hay una mayor flexibilidad organizativa y una mayor apertura a los diálogos y establecimiento de alianzas, aspecto fundamental para fortalecerse.

Indudablemente el MNSSS ha sido un actor con capacidad para impulsar el debate público sobre el tema de salud con mucha capacidad argumentativa y propositiva para presentar salidas estructurales; pero esto a su vez como ya se ha mencionado, ha llevado a que la conexión con el conjunto de la gente sea débil en tanto no conecta con la necesidades cotidianas de quienes padecen la violación del derecho a la salud. Igualmente, no ha valorado de manera suficiente las acciones que la propia gente puede impulsar para resolver su situación, como por ejemplo el ejercicio de la tutela, lo que impide que la gente encuentre un valor sustancial en el MNSSS para sumarse a su propuesta y dinámica de movilización.

 

En este sentido habría que decir que la mayor lección es que a pesar de la adversidad y las limitaciones de recursos para actuar, del contexto hostil para la movilización social en el país, de posiciones aun muy rígidas de diversos sectores involucrados, lo que principalmente se debe hacer es sostener en el tiempo el conjunto de acciones colectivas por el derecho a la salud para mantener un campo relacional entre actores que puede conducir a fortalecer las identidades, madurar las propuestas, y de seguro ir encontrando por esta vía la configuración de un movimiento maduro con capacidad para ser sujeto político.

Retos para los próximos años

La vida del MNSSS sigue siendo pertinente y necesaria, en tanto los motivos de convocatoria del Primer Congreso hoy siguen plenamente vigentes en Colombia.

Pero hay un cambio en esta época y es que la identidad de los actores de la contienda política por el control del sector de la salud es más clara: unos proclive a la política de Estado en salud instaurada desde 1993, que ha sido hasta ahora el hegemónico, y otro contrarío a esta política, generador de un conjunto de acciones colectivas por el derecho a la salud en la búsqueda de transformar dicha política.

Tanto el actual contexto, como lo aprendido de lo andado en estos diez años de lucha  del MNSSS, deben permitir que en el próximo periodo se pueda avanzar en configurar el sujeto político del derecho a la salud que posibilite concretar las transformaciones que proponemos.

Para esto requerimos entonces generar procesos que amplíen la indignación de la gente por la situación en salud que padecemos; establecer dinámicas de trabajo que conecten con la realidad de la gente buscando salidas tanto concretas como estructurales, vía por la cual es posible ampliar la base del movimiento y de la movilización social por el derecho a la salud; tener una mayor versatilidad y flexibilidad en lo organizativo que permita sumar más que restar, teniendo como aspecto identitario central el reconocimiento de la salud como derecho humano y para esta fase concreta la eliminación de la intermediación del modelo de salud en Colombia; y un trabajo muy amplio en lo comunicativo y formativo utilizando de mejor manera los medios de comunicación alternativos que están a nuestro alcance.

Esperemos que por este camino en 10 años podamos estar reflexionando sobre un movimiento social por el derecho a la salud consolidado, que logró impulsar una dinámica de cambios cotidianos con la gente para hallar respuestas a las necesidades de su salud y a la vez, logró la implementación de un sistema de salud en Colombia garante del derecho.

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