¿La “más educada” o “la entronización de una hueca marca electoral”?.

Linea Conflicto Social y Paz

Por: Jorge Gómez Gallego*

Hay discurso que de tanto repetirse, se convierten en una especie de verdades aparentes, pero vacías. Algo así sucede en Antioquia con el estribillo de “la más educada”. Ponen la primera piedra o mueven la primera palada de tierra para cualquier obra de infraestructura, inauguran una huerta familiar o anuncian que habrá agua potable algún día en un municipio cualquiera y terminan diciendo que eso es para hacer de Antioquia “la más educada”. Las vías, edificios públicos o parques, están llenas de vallas con el slogan. El canal regional de televisión y los grandes medios de comunicación, especialmente los nacionales, están inundados con publicidad al respecto.

Los eventos mediáticos diseñados por el pequeño círculo del mandatario Fajardo, como el de las “Olimpíadas del Conocimiento”, que más  parece un reality que un evento académico o los propios parques educativos, pensados para perpetuar en piedra la memoria del mandatario, propenden por colocarle la impronta de un hombre concentrado en impulsar la educación como motor de desarrollo, no para mejorar su calidad de manera efectiva. ¿Puede respondernos el doctor Fajardo por qué, a pesar de que su equipo gobernó la ciudad de Medellín por 8 años, los resultados de los colegios públicos en las pruebas del ICFES y de la ciudad en las pruebas PISA son tan deplorables?
Considero pertinente abrir un debate serio al respecto. Decir que la educación es uno o el principal motor del desarrollo de un país, es como afirmar que para nadar es indispensable el agua o que no se puede respirar sin aire. Al mismo tiempo que es una verdad de Perogrullo, se ha vuelto una frase manida que sirve prácticamente para todo. Para defender la existencia de universidades y colegios de garaje, planes de cobertura educativa de pésima calidad o incluso para restringirle derechos a los educadores en aras de “mejorar” los de los niños y jóvenes, como la decisión de aumentar arbitrariamente la jornada de trabajo para los maestros.

Como se ve, también ha servido para impulsar proyectos personalistas de politiqueros que se visten de apolíticos como el del exalcalde de la Medellín “más educada” y hoy gobernador de la Antioquia.


Peor que todo lo anterior, es mantener el silogismo de manera unidireccional: educación = desarrollo, pues si este no se entiende de manera dialéctica, es decir en ambos sentidos, se convierte en una frase hueca y además falsa. No es cierto que la sola educación sea un factor de desarrollo. La educación termina, como en Colombia, convirtiéndose en una especie de adorno inútil, al no ir acompañada de un proyecto de nación que empuje al país por la vía de la industrialización, la producción agropecuaria que garantice la soberanía y la seguridad alimentaria, lo que pasa necesariamente por una defensa consecuente del mercado interno.

Educación en medio de libre comercio significa graduar bachilleres y profesionales para el desempleo o el “rebusque” y unos pocos con algún nivel de calidad para suplir las necesidades de multinacionales y monopolios especulativos, financieros o comerciales.

Suelen los demagogos de la “educación” colocarnos ejemplos como Corea o China, que han invertido porcentajes significativos de sus presupuestos en calidad, cobertura y pertinencia de la educación, pero nos ocultan deliberadamente que ese esfuerzo ha estado acompañado de la práctica de una rigurosa soberanía económica que implica que, o no han suscrito tratados de libre comercio de ninguna índole, o solamente lo han hecho de forma que se beneficie su aparato productivo. Nos ocultan sin rubor que los Estados en esas naciones, de forma paralela al impulso a la educación universal y de altísimo nivel, han patrocinado enormes proyectos de siderurgia o energía nuclear y que al capital extranjero le imponen severos controles y exigencias legales y tributarias.

Hablar en Colombia de educación como motor del desarrollo bajo gobiernos neoliberales adictos al libre comercio y a la “confianza inversionista” como el de Santos, no pasa de ser una charada de mal gusto.  Algo similar a recetarle a un paciente afectado por una grave infección únicamente la droga para la fiebre y el  dolor, pero negarle el antibiótico.

Periscopio 1: Con su reconocido odio por el POLO, el columnista León Valencia pregunta que cuando le vamos a pedir perdón a Bogotá, ¿será él el único ciudadano que no se enteró que el POLO expulsó a los hermanos Moreno y le pidió perdón al pueblo bogotano y colombiano por haberlos elegido a la Alcaldía y al Senado? En la página del POLO está la declaración, que además fue ampliamente difundida por los medios el 23 de septiembre de 2011 y que se tituló “El POLO ofrece disculpas a los ciudadanos que votaron por Samuel Moreno”.

Periscopio 2: Al Procurador no es que se le haya ido la mano con el Alcalde Petro, obró arbitraria y antidemocráticamente conforme a su reconocido fanatismo, como lo ha hecho en varias ocasiones anteriores. Por fortuna el POLO fue el único partido que votó en contra de su elección, cosa que no hizo el propio Petro en el periodo anterior.

*Diputado Asamblea Departamental de Antioquia

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