Las parteras de Urama Grande y los falsos positivos. El batallón de la Verdad en la Jurisdicción Especial para la Paz.

Linea Conflicto Social y Paz

Por: Omar Eduardo Rojas Bolaños

Urama Grande fue un prestante pueblo comercial de la región de Dabeiba pero los militares, la guerrilla y el ejército les llevó la mala hora. A los habitantes del pueblo el tiempo no les ha permitido superar esa mala hora, todavía algunas de las viviendas de las veredas no tienen baño, de igual manera que las moradas construidas de guadua instaladas en algunos puntos de la falda del camino que conduce de Dabeiba al condado.

 

 

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La primera impresión de Urama Grande, o San José de Urama, fue la de ser un pueblo fantasma. La brisa de la tarde ensombrecía las viviendas de las únicas tres cuadras que tiene el poblado y sus hileras de casas que dan hacia el caño y la montaña. Ensombrecía el lugar algunas paredes de adobe que hoy en día se niegan a desaparecer, las que, al observarlas con cuidado, tienen las huellas de la metralla producto de los enfrentamientos entre la guerrilla y los paramilitares años atrás.

La excitación que produjo, esa incipiente mirada al pueblo, trajo a la memoria la producción de los años setenta de RTI la “Mala Hora” basada en la historia de Gabriel García Márquez. La persecución de los liberales por parte de los conservadores de los años de la violencia vino a la memoria. Hoy en día se persigue al campesinado, al estudiante, al maestro, al que piensa diferente, al que se atrevió entregar las armas por desear la paz, al que defiende el medio ambiente y al que habla por el que no quiere o no puede, no solamente en la región sino en todo el país.

Urama Grande fue un prestante pueblo comercial de la región de Dabeiba pero los militares, la guerrilla y el ejército les llevó la mala hora. A los habitantes del pueblo el tiempo no les ha permitido superar esa mala hora, todavía algunas de las viviendas de las veredas no tienen baño, de igual manera que las moradas construidas de guadua instaladas en algunos puntos de la falda del camino que conduce de Dabeiba al condado. Esa mala hora no les permite a algunos campesinos tener su propia parcela para sembrar, a otros contar con una porción de carne a la semana, a otros tener una estufa a gas de ahí que guisen en fogones de leña.

El realismo mágico se encuentra impregnado en el cañón de Campa Rusia, en las viviendas de las veredas, en las cuatro calles que existen en el condado, en la topografía y en los rostros de sus habitantes. San José de Urama parió “Las parteras de Urama Grande” de igual manera que permitió dos años de investigación del estudio acerca de las ejecuciones extrajudiciales, tema abordado en la obra bajo el realismo mágico. Existen otros Urama Grande, con historias parecidas.

La premisa de Martín-Baró alrededor de que la verdad no hay que buscarla, sino hacerla, no hay que encontrarla, sino realizarla históricamente, permitió rescatar de la memoria colectiva, no solamente algunos de los acontecimientos relacionados con los asesinatos cometidos por paramilitares, militares y subversión, sino de los falsos positivos cometidos por la fuerza pública. La historia de helicópteros del ejército transportando cadáveres sin que hubiera existido un combate real prevalece en la memoria de los campesinos que se atreven a contar.

Veían y escuchaban el ruido de las aeronaves y por la noche escuchaban en los noticieros que se habían dado de baja guerrilleros por enfrentarse a los militares. La mentira institucional se apoderaba de la población. Ningún campesino llegó a sospechar que se encontraban ante la estrategia más indecorosa realizada por integrantes de la fuerza pública. Las noticias de los medios de comunicación simplemente tenían la pretensión de armar todo un aparato de falsedades generando lealtad, no solamente hacia las fuerzas armadas sino hacia quien es considerado el sagrado corazón de algunos habitantes de la región.

Antes de operar la Jurisdicción Especial para la Paz soldados comparecían ante la justicia penal militar, o la justicia ordinaria, defendiendo a capa y espada a oficiales comprometidos con los falsos positivos. Se les pagaba el transporte y el hotel en Bogotá o en la ciudad donde se adelantará la investigación. Los mismos militares que juraban declarar toda la verdad en los despachos judiciales, con amplia sonrisa, relataban a otros compañeros historias de asesinatos cometidos por compinches o comandantes.

En Urama se escuchó relatos de asesinados en falsos positivos que eran enterrados en el Cementerio de Las Mercedes en Dabeiba, además de los encubiertos en Campa Rusia. Se rescató la historia logrando escribirla en el apartado “Cuando los muertos logran hablar” en “Las parteras de Urama Grande” reflejando que era la historia de centenares de necrópolis en el país. En ellos se encuentran cientos de desaparecidos que fueron asesinados, a sangre fría, en campos de batalla ficticios por parte del ejército.

Una gran unidad militar conformada por cerca de 2.000 soldados, suboficiales y oficiales se encuentran conformando el batallón de la Verdad. Algunos, como lo hemos referenciado, no solamente llegan con los soportes de los treinta asesinatos investigados sino con sesenta más. No es fantasía las historias de niños de catorce años asesinados en los falsos positivos como tampoco que los falsos positivos superan los cuatro dígitos.

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