¿Universidad para quién? la expropiación neoliberal del sentido de la Universidad: el caso de las instituciones privadas en Colombia

Linea Conflicto Social y Paz

Por: Nicolás Espinosa M, Alfonso Insuasty R

La creciente anulación de la vocación crítica de las universidades, la transformación de su pensamiento y su perfilamiento empresarial, ¿es parte sustancial de la exclusión política? Los límites corporativos al conocimiento crítico del país y sus impactos no solo dan cuenta de los efectos del modelo neoliberal, sino que han sido una de las estrategias para su profundización.

Universidad Empresa

La transformación reciente de la Universidad latinoamericana ha sido definida por las necesidades y premisas del modelo neoliberal. En este artículo tratamos algunos de sus impactos sociales en Colombia por medio del análisis de las lógi-cas que tales transformaciones han implicado para las universidades privadas; en particular, la gestión académica, la contratación y evaluación docente, así como la producción de conocimiento. Puesto que se trata de un modelo univer-sitario en función del mercado, las estrategias de control epistemológico en las instituciones privadas delimitan no solo las posibilidades de vincular la inves-tigación a sectores sociales subalternos, sino también la promoción de conoci-mientos considerados improductivos. Como límites corporativos al conocimien-to crítico del país, tales impactos no solo dan cuenta de los efectos del modelo neoliberal, sino que han sido una de las estrategias para su profundización.

Introducción

La redefinición neoliberal de la Universidad en América Latina se ha propuesto no solo ubicar los centros de conocimiento al servicio del mercado, sino también despolitizar a la sociedad civil y marginar la sociedad política. Vía ajustes estructurales que han orientado su servicio al mercado y que permite a las universidades funcionar como empresas, este proceso desnaturaliza sus apuestas. Como institución, de manera paulatina, la Universidad pierde de vista múltiples expresiones de la sociedad, en particular, aquellas enfocadas en el buen vivir y en las alternativas al desarrollo.

Este artículo es producto de una reflexión presentada en el pasado Tribunal Permanente de los Pueblos (Tognoni & Fraudatario, 2021), donde el estado colombiano fue denunciado como responsable del genocidio político que ha sufrido el país (Forero, 2021, s,p). Argumentamos que el control neoliberal al conocimiento es una de las prácticas sociales que permiten comprender el alcance del exterminio.

La creciente anulación de la vocación crítica de las universidades, la transformación de su pensamiento y su perfilamiento empresarial, es parte sustancial de la exclusión política que enmarca tal exterminio.

El marco de nuestro análisis toma en cuenta un contexto donde las reformas neoliberales se han visto apalancadas por una violencia estatal a gran escala. Carrillo Nieto (2010) nos recuerda que si para los organismos financieros internacionales la economía chilena es un éxito Quienes se congratulan al mirar el caso chileno

[...] olvidan que el modelo neolibe-ral inició con la ruptura constitucional y de la implantación de una dictadura militar que transformó radicalmente el pensamiento de la sociedad chilena y desarticuló a la oposición política a través de una feroz represión, de una magnitud tal que hasta el momento no ha sido posible contabilizar el número de personas detenidas, tortura-das o desaparecidas (s.p.).

Si bien Colombia no ha vivido de manera formal una dictadura desde hace más de medio siglo, la implementación de las reformas neoliberales y las apuestas por “el desarrollo” implican ajustes que se apoyan en la violencia, la represión y el exterminio. Los casos del genocidio de la Unión Patriótica (Gómez, 2008), del movimiento A Luchar! (Rojas, 2020) o de las comunidades arrasadas por Hidroituango (El Tiempo, 2018) nos recuerdan que exter-minios completos han ocurrido en medio de una democracia, no una dictadura. Esta es una de las paradojas de nuestra historia.

De acuerdo con Francisco Gutierrez (2014) se trata de “una anomalía” donde nuestro sistema político cuenta con un régimen de-mocrático de larga duración aparejado a una sistemática exclusión de sectores políticos de oposición. La reconocida “democracia más antigua de América Latina” ha vivido dentro de su periodo democrático, según este autor, dos “ciclos de represión exterminadora”: la violencia de mediados del s. xx y aquella vivida desde los años 80. Estos niveles de violencia, que superan con creces a las experiencias de las dictaduras del Cono Sur, han configurado formas institucionales de represión política y de exterminio dentro de la democracia.

En este artículo destacamos que uno de los escenarios que permiten al estado naturali-zar la exclusión política en el país se da por medio del control del tipo de conocimiento que se produce en el medio universitario. La reconfiguración a la que esta institución fue some-tida permite extrañarla de procesos políticos ciudadanos de oposición, cívicos, ambientales, étnicos, de género, entre otros. Sectores que, a la postre, son las principales víctimas de la represión y el exterminio.

Este texto se centra, en particular, en el impacto del modelo neoliberal en las Universidades Privadas, pues es en ellas donde las condiciones laborales y de financiación hacen más limitadas las posibilidades de libertad de cátedra, pensamiento y expresión. Destacamos y aclaramos, por supuesto, que en varias de ellas hay espacios académicos que aún resisten las presiones que limitan su contacto con sectores subalternos y con temas que critican el orden establecido.

Nuestra perspectiva plantea que la represión, para ser posible y efectiva, necesita de estrategias que la hagan socialmente posible, incluso legítima, por medio de recursos que van más allá de la fuerza directa del exterminio. Nos proponemos, pues, la inspección a la construcción de una condición hegemónica de dominación

Como trataremos en el texto, la reforma neoliberal ha implicado para las universidades un ajuste orientado en función de la empresa. Esto implica que asuman parámetros propios del mercado para la gestión académica, como productoras de bienes y prestadoras de servicios. Este modelo permite a instituciones privadas enmascarar la censura bajo parámetros tecnocráticos. Para dar cuenta de esto en el artículo trataremos varios apartados. (a) La transforma-ción de la Universidad y su adecuación al contexto neoliberal, (b) los impactos de la transformación en las lógicas institucionales y (c) en la producción de conocimiento.

La transformación de la Universidad y su adecuación al contexto político y económicoUna de las maneras que tiene el estado para transformar su relación con la sociedad se expresa en la reforma neoliberal a la Universidad. En Colombia se concretó por medio de una Ley General de Educación (Ley 115 de 1994) que orienta de manera clara un tipo de gestión y proyección universitaria al servicio de la empresa y los sectores productivos (Galindo et al., 2015).

En este apartado planteamos que dicho perfil delimita el carácter político de la Universidad, define las condiciones académicas de sus docentes, el carácter profesional de sus egresados y el sentido del conocimiento que allí se crea. A nuestro parecer, la naturaleza epistemológica de esta transformación consolida una apuesta de política cultural (la relación entre política, poder y cultura3) que constituye, pues, un marco de referencia que establece límites para la relación entre la función científica y humanista de la Universidad. Al restringir su papel social y carácter político se define un tipo de relación entre conocimiento académico y transformación política que excluye de su fórmula a sectores subalternos.

Esto representa, pues, una crisis de sentido derivada de un reciente proceso histórico. Así lo constatan múltiples trabajos que, en su conjunto, ofrecen información sobre el fenómeno regional (Borja & Insuasty, 2016) y su carácter global (L. Porter, 2003; Chomsky, 2013; de Sousa Santos & de Almeida Filho, 2009). Estos textos caracterizan dicha crisis como un proceso donde la Universidad ha sido reconfigurada en una suerte de simulación, alejada del sentido y esencia de esta. Es un proceso que niega el carácter de una institución que en sus orígenes se propuso la creación y la divulgación de conocimientos propios, saberes científicos originales y socialmente relevantes (Pavón y Ramírez, 2010).

Dicho proceso se expresa, entre otras cosas, en la asimilación y adecuación al modelo mercantilista. El diseño institucional universitario privilegia una lógica relacional universidad-empresa-estado, donde el estado orienta sus disposiciones (entre otras, las que regulan las Universidades) en función y al servicio de las empresas. En esa lógica relacional el proyecto de universidad que se proyecta “hacia afuera” queda subordinado a los intereses privados. Así mismo, ese modelo se proyecta “hacia dentro” de la Universidad en formas internas que privilegian la competencia y la promoción de sus integrantes bajo conceptos asociados al prestigio y medidos bajo criterios de productividad y eficiencia cuantitativa.

A continuación, explicaremos el alcance de los impactos exógenos y la naturaleza endógena de los mismos.

Impactos exógenos

En su origen, de acuerdo con el análisis realizado por Saldaña Campos (2017), la reconfiguración neoliberal tuvo consecuencias duraderas:

A partir de la década de los 80, se presentaron importantes modificaciones políticas, sociales y económicas que indicaban la presencia de nuevas tendencias y profundas alteraciones en los sistemas educativos de la mayoría de los países de la región. A diferencia de lo que ocurrió en otras latitudes del mundo, en donde los modelos de educación superior se reconstituyeron bajo pautas de orientación hacia la diferencia-ción institucional. En la región latinoamericana las tendencias y los cambios que se resintieron hicieron referencia a un largo periodo de contracción de los recursos eco-nómicos, provocó movimientos de adecuación constantes y alteraron de manera de-finitiva la relación de participación y de conducción de los sectores tradicionales de la educación superior; los que deterioraron la capacidad de legitimidad de los órganos de poder de sus propósitos y de sus estrategias (s. p.).

Cancino (2019) habla sobre cómo, a partir del experimento económico realizado en Chile bajo la dictadura, las medidas de estabilización, racionalización económica y priva-tización fueron el nuevo paradigma globalizador en los países del sur. Al citar el mercado como ente determinador de la economía, la cultura, la educación y la política, la autora indica que El Estado quedó reducido a un Estado mínimo.

En este contexto de ideas podemos entender que la reorganización neoliberal de los sistemas económicos en América se proyectó al campo de la cultura, de la educación, y en especial a las universidades que fueron sometidas a los dictados del mercado. Chile fue el pionero en la aplicación radical del paradigma neoliberal en las universidades y por eso nos parece relevante estudiar el caso chileno (p. 152).Como proceso de larga duración la transformación de la universidad pública se ha visto apalancada por una estrategia legal de reforma y ajuste estructural que, en térmi-nos administrativos e institucionales, ha significado un rediseño que naturaliza las lógicas neoliberales (Galindo et al., 2015).

Al parecer, estas apuestas han logrado su objetivo central: insertar a las universidades en la lógica del mercado. De acuerdo con el profesor Vega Cantor, esta lógica:Impulsa la privatización de la educación, el recorte del gasto público en el sector, el aumento de matrículas, el subsidio a la demanda, la flexibilización del trabajo docente, el hacinamiento en las escuelas y universidades públicas, la venta de servicios educativos, el desestímulo a las familias para que sus hijos no sean matriculados en lo que queda del sistema público, el impulso a una educación para el trabajo, basada en las competencias laborales...

Todo esto se corresponde con la nueva vieja división internacional del trabajo implantada por el capitalismo, según la cual los países periféricos (como Colombia) deben destruir su base industrial y convertirse en exportadores de bienes primarios de tipo agrícola o mineral, adecuarse a un capitalismo de maquilas, zonas francas y Tratados de Libre Comercio (2015, s. p.).

Como lo establecieron en su momento Torres y Schugurensky (2001) el énfasis de la transformación de las universidades apuntó a la eficiencia, más que a la igualdad de oportunidades; los estudiantes son considerados clientes y sus matrículas son cada vez más altas. Señalan los autores que: La base mercantil también incluye una orientación dirigida por la demanda, que introduce ciclos cortos y pone el acento sobre la orientación vocacional.

Por lo que concierne al sistema, las instituciones adoptan progresivamente un enfoque coordinado, que fomenta la distinción y la posibilidad de elegir. Esto lleva a una segmentación del sistema, con políticas de admisión más restrictivas en las instituciones de primera calidad y más asequibles en las instituciones de menor prestigio.

El denominador común de estas tendencias es una pérdida progresiva de la autonomía institucional y un aumento paulatino del poder de las fuerzas externas (sobre todo el Estado y el mundo financiero) para influir en la dirección de las políticas universitarias, proceso que ha sido descrito en otra parte como el cambio de la universidad autónoma a la universidad heterónoma (2001, s. p.).

Los ajustes neoliberales no solo implican la transformación institucional, económica y social de las instituciones del estado sino también en las subjetividades de la población (véase Millones Espinosa, 2013; Segura, 2016). Puesto que las universidades son lugares donde se forjan expresiones complejas de dicha subjetividad, en términos culturales estas se han visto presionadas para producir (no “crear”) conocimiento, producir sujetos funcionales al estado y la sociedad que el neoliberalismo necesita.

Este fenómeno que vivimos en Colombia parece tener su correlato global, el Papa Francisco ha hecho un llamado a sumar fuerzas por un Pacto Global por la educación en donde “hay que dar la vuelta al modelo de desarrollo” (Vatican News, 2020). Un mensaje si-milar al del Encuentro Mundial por la defensa de la Educación Pública realizado de manera virtual el año 2020 (Bonilla, 2020).

La situación, en general, puede establecerse en los términos que Torres y Schugurensky nos proponen: los ajustes neoliberales tienen una firme orientación hacia el mercado. En este contexto, Pensar que las universidades puedan estar vinculadas tanto con la constitución de identidades democráticas como con la producción y la reproducción del saber con miras a incrementar la productividad podría considerarse una actitud romántica. Y esto sucede porque, para la economía del neoliberalismo y su homólogo cultural, el neoconservadurismo, la democracia es sólo una característica distintiva de un sistema político en la medida en que puede facilitar un proyecto político-económico particu-lar [De Sousa Santos, 1998] (Torres & Schugurensky, 2001, s. p.).

Impactos endógenos.

Ahora bien, “hacia dentro” de las Universidades el proyecto neoliberal se expresa en distintas formas de control. Entre otros elementos, dicho control lo podemos registrar en (a) las formas de contratación del cuerpo docente, (b) las formas como su desempeño es evaluado (valorado en términos de eficiencia) lo cual se realiza en función de mediciones e indicadores de impacto y producción; y (c) la transformación curricular de las instituciones (en los términos antes tratados de eficacia).

Al primer respecto tenemos que la forma de contratación docente produce una fuerza de trabajo intelectual domesticada. En Colombia las contrataciones se realizan bajo paráme-tros de una normativa laboral que establece para las instituciones públicas nombramientos oficiales (permanentes), tanto en públicas como privadas contrataciones a término defini-do, contrataciones parciales (hora cátedra) y en las universidades privadas contratos inde-finidos. El sistema de nombramiento permanente o de contratación indefinida, academictenure como se conoce en el mundo anglosajón, es una forma de estabilidad laboral que se asocia a la libertad académica (AAUP, 1940). Ese sistema está en declive en nuestro país.

De acuerdo con datos del 2015, según el Ministerio de Educación Nacional el sistema de educación superior contaba con 148.689 profesores, en promedio para ambos semestres, de los cuales 45.362 (30,5%) laboraban con un contrato de tiempo completo, 14.048 (9,4%) en la modalidad de medio tiempo y 90.763 (61,0%) con un esquema parcial o de hora cátedra (Melo, Ramos & Hernández, 2017).

La modalidad de horas-cátedra, que contrata docentes cuatro meses cada semestre, estuvo pensada inicialmente como una posible vinculación de profesionales que quisieran aportar sus conocimientos a la academia. Hoy día es una modalidad de empleo precarizada y generalizada. Quienes tienen contrato a término definido año tras año viven la incerti-dumbre de si serán contratados por 11 meses más.

Esta renovación depende de evaluaciones docentes vinculadas a lógicas de rendimiento económico (cuánto cuesta cada profesorvs. cantidad de matrículas pagadas), también en niveles de satisfacción de estudiantes que ahora son reconocidos como clientes. Un criterio de evaluación aún más perverso es el del plusvalor: cuánto puede producir, en términos económicos, un/a docente; cuántos recursos puede atraer, cuántos clientes más convocar.

En segundo lugar, la evaluación docente es una presión constante sobre la contratación del cuerpo docente que define límites a su agencia. Recéndez & Lora Cam señalan que:

Estas formas de evaluación ligadas a la productividad, traducida a indicadores cuan-titativos lo que finalmente expresan es una baja, media o alta retribución económica para quienes son evaluados favorablemente, conformándose así un nuevo elemento de prestigio o desprestigio académico; en esta lógica el docente pierde su identidad, porque, en palabras de Díaz Barriga, al interior de las universidades ya no se nos pre-gunta ¿cómo te llamas?, o, ¿cómo te encuentras?, sino “¿qué nivel tienes?”, y ante la incredulidad que las evaluaciones generan “¿en qué nivel te pusieron?” (2003, s. p.) 

Privilegiar evaluaciones por resultados y no por los procesos ha impactado también a la investigación como función sustantiva de la Universidad. Al enmarcarse en una dinámica de mercado es prioritario que el docente investigador gestione sus procesos, y como hemos indicado antes, incluso la financiación. Bajo esta lógica las investigaciones que reciban mejores puntuaciones serán aquellas más eficientes en generar recursos vía cofinanciación.

Dado que en ciencias sociales no hay tantas convocatorias como en campos aplicados de la ciencia, las investigaciones con mejor opción de financiación serán aquellas que promuevan la institucionalidad.En tercer lugar, destacamos el lugar marginal que asumen los programas de ciencias sociales y humanidades en las universidades. Puesto que no se conciben como rentables ni pertinentes, parecieran estar en decadencia. Incluso hay una disminución paulatina de los “créditos” (término económico que califica el peso relativo de una asignatura en la ca-rrera) para los ejes de formación social, humanística y política. Como lo señala el profesor González Zapata

Las humanidades están amenazadas en la actualidad por una serie de vicisitudes como la radicalización de tendencias mal llamadas culturales, condicionamientos políticos y limitaciones económicas, a menudo al interior de las instituciones educa-tivas, que pretenden innovar en la educación sin respetar el ser mismo de las cosas. Incluso, muchos avalan el capricho de los estudiantes que demuestran apatía por este tipo de asignaturas, incapaces de salir de su zona de confort y de utilizar el juicio críti-co, convirtiéndose en “idiotas culturales” y a la sociedad en la “sociedad de la incultu-ra”, como lo afirmaba Ortega y Gasset. (2017, s. p.).

Refiriéndose a la lógica de las métricas de medición con las que se reconoce el esfuerzo docente, Yuri Jack Gómez Morales (2019) habla de una nueva economía moral que desde los años 90 profesa el “credo de la excelencia, la productividad y la internacionalización; el credo del new public management y es agenciado por sectores científicos que –aunque no necesariamente afines al neoliberalismo– son por lo menos funcionales al mismo. Gómez (2019) recalca que:

Para la élite científica nacional, las nuestras no son ciencias tan duras, o de tanta ca-lidad, pero en últimas, no son ciencias económicamente rentables que representen ingresos sustanciales para suplir la ausencia del compromiso estatal con la educación superior pública. El plan de inversión y obras públicas de la universidad, claramen-te, muestra con hechos concretos el resultado del desbalance económico y la lógica privada: al norte del campus [de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá] edificios nuevos o renovados, inteligentes, innovadores (por lo menos cuatro), calles asfaltadas, bien demarcadas, amplias calzadas con ciclo rutas, notas permanentes en los medios universitarios que celebran los logros en esas facultades. Por el sur, en cambio, huecos, edificios deteriorados, techos caídos, salones sin repotenciar y hasta una fantasmagórica Facultad de Arquitectura sin edificio. (s. p.)

Autoritarismo universitario para el libre mercado

Este modelo de contratación, de evaluación y de vocación socio-humanística, ¿qué tipo de docente produce en las universidades privadas? A nuestro parecer se trata, en términos generales, de una fuerza de trabajo intelectual domesticada en tanto carece de plena libertad para oponerse al modelo.

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