Por: Rutas del Conflicto
En el Bajo Atrato, la Casa Castaño puso a prueba una idea que marcaría el futuro del país: la incursión del paramilitarismo en la agroindustria, especialmente en el cultivo de palma de aceite. A punta de masacres, desplazamientos y alianzas con militares, empresarios y funcionarios torcidos; los Castaño le arrebataron su tierra ancestral afro a los Consejos Comunitarios de Curvaradó y Jiguamiandó. Una fórmula que años más tarde replicarían por todo el país.




















