Por: John Freddy Caicedo Álvarez*
El aire huele a genocidio porque la muerte de excombatientes que creyeron en la paz supera las doscientas personas, la muerte de las mujeres y los hombres que defienden los derechos humanos, de los pueblos y de la naturaleza en sus territorios ya se cuenta por centenas y la muerte de soldados, policías y guerrilleros tiende a crecer, como otro de los dramas que conocemos cada día.





















