Ito, el guerrillero botánico de los Yariguíes.

Linea Formación, Género y luchas populares

Por: María Fernanda Arbeláez Méndez. El Tiempo

Reinaldo Ardila (Ito) el comandante del ELN que se dedicó a recorrer la serranía para descifrar la riqueza de su territorio.

 

 

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Ito se quedó con ese apodo por que su hermano mayor Orlando nunca fue capaz de repetir el nombre que le decían sus padres: Reinaldito. Y así lo conocieron siempre sus amigos, sus nueve hermanos; incluso, como comandante y jefe político del frente de guerra nororiental del Eln, esas pocas letras siempre lo identificaron.

Cuatro cosas constantemente estuvieron presentes en la vida de Reinaldo Ardila Gómez, recuerda su hermano Jaime. Un lapicero, una máquina de escribir, una cámara fotográfica y unos binoculares. Los usaba para las exploraciones que hacía entre los paisajes de San Vicente de Chucurí (Santander), donde nació el 26 de febrero de 1956.

Los recorrió de principio a fin, pese a vivir con su familia en la parte urbana del municipio, la herencia campesina de sus padres lo llevó a tener una marcada afinidad a estar entre los parajes naturales, caminarlos y explorarlos. Ese fue un punto de inflexión en su gusto por la biología, que lo llevaría a identificar varias de las especies de fauna y flora que se albergan en el Parque Nacional Natural Serranía de los Yariguíes.

Una tarea de años, que se fue combinando con la conformación de un periódico y el paso a una clandestinidad guerrillera.

Yariguíes, Santander, El Parque Nacional Natural Yariguíes cuenta con 59 mil hectáreas de extención.

Biología como segunda opción

Cuando no pudo entrar a estudiar Derecho en el único lugar que tenía en ese momento esa carrera en Bucaramanga, Reinaldo decidió presentarse en la Universidad Nacional de Bogotá para Biología y pasó. Era el año 1975, trabajaba desde antes con su papá, José Joaquín, en la compra y venta de cacao y café para ahorrar lo suficiente para su manutención.

El paso por los salones de clase le avivó su amor por la ecología y lo acercó incluso mucho más a su territorio. “Mi hermano hizo varios recorridos con compañeros de la universidad que venían a hacer trabajos en los Yariguíes. Él aprovechaba para hacer un diagnóstico biótico, de flora y fauna, en la parte del bosque andino, caracterizaba la vegetación. Eran trabajos que él iba adelantando para ciertas materias de la universidad”, indica Jaime Ardila.

El punto focal a esa zona llegó en 1977, cuando desde el Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente, Inderena, que se encargaba de manejar los temas ambientales en el país hasta la creación del Ministerio de Ambiente en 1993, se empezó a contemplar la posibilidad de crear un parque nacional en el sector de los Yariguíes.

“Ito quería promover el proyecto del parque. Entre 1979 y 1980, con un grupo de amigos de la región que estudiaban afuera, nos pusimos a trabajar en el desarrollo de la iniciativa, para promover ante el Inderena que se hiciera todo el diagnóstico del proyecto”, rememora Jaime.

Desde Bogotá, Reinaldo se encargó de conseguir documentación del tema para sustentar el trabajo. Entre los viajes de los amigos y las visitas a la familia, adelantaron paulatinamente los soportes para que fuera tomada en cuenta una gran cantidad de hectáreas como un área protegida del país.

Mi hermano hizo varios recorridos con compañeros de la universidad que venían a hacer trabajos en los Yariguíes

Ya en San Vicente de Chucurí no hacía otra cosa que recorrer las montañas y bosques, para identificar y recolectar de forma científica las especies de plantas que se le cruzaron en su paso. Todas las muestras las llevó al Inderena para hacer el registro oficial y fue de ahí donde las encontró más de 20 años después José Aguilar, biólogo e investigador botánico en los Yariguíes y coautor del informe ‘Las plantas en los Parques Nacionales Naturales de Colombia’.

“Las plantas que él entregó, y que hacen parte del estudio que yo adelanto sobre las plantas en Yariguíes, fueron recolectadas en 1982, más o menos. Son 215 muestras depositadas en el Inderena y sirvieron de soporte a Jorge Hernández para la creación del parque”, indica Aguilar.

En total, las especies de Reinaldo Ardila representan poco más del 15 por ciento de todas las que integran la lista de plantas que se encuentran dentro del catálogo botánico de este parque nacional.

“Después de que él dejara la zona, no se conoce que se hayan realizado otras recolecciones científicas en esas localidades hasta que nosotros ya pudimos nuevamente entrar a hacer exploración, después de 2008”, describe José.

Estos territorios durante años estuvieron catalogados como zonas rojas en medio del conflicto armado. “El área de la Serranía de los Yariguíes, que es donde está el parque, es una zona que está minada aún. Era un corredor básicamente entre el Magdalena Medio y los Andes, una zona estratégica que utilizó el Eln”.

En medio de todos esos años de investigación, Reinaldo nunca recibió el título de biólogo en la Nacional, ni alcanzó a ver el parque funcionando. La tesis que adelantó sobre el trabajo en la biodiversidad de su región nunca vio la luz. Jaime conserva aún el borrador del archivo y cientos de diapositivas con todos los hallazgos que dejó su hermano por cerca de una década.

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Yariguíes, Santander

El parque Yariguíes está ubicado en varios municipios de Santander, entre ellos San Vicente de Chucurí y El Carmen.

Yariguí Chucureño

Las letras persiguieron toda la vida a Ito, escribir se volvió un hábito diario que le parecía más natural que cualquier otra de sus costumbres. En sus años universitarios ganó algún dinero trabajando para dos revistas de la época. Deportes, cosas que pasaban en San Vicente y noticias judiciales llenaron las páginas que creó.

Fue hacia 1978 que decidió lanzar un periódico para la región, después de que desapareciera El Trópico uno de los diarios locales.

“Él hacía un tiraje de más o menos mil números, los mandaba sobre todo a San Vicente, pero también se repartían en Bogotá y Bucaramanga”, asegura Jaime.

Las ediciones iban entre las 20 y las 24 páginas. En esos años, Reinaldo buscó entre sus amigos quién le escribiera algunas líneas; sino, él se encargaba de completar cada uno de los contenidos, así lo señala su hermano.

Con el paso de los años, los artículos se empezaron a tornar más sociales, las necesidades campesinas se convirtieron en una temática frecuente. Así mismo, en las columnas las críticas comenzaron a ser más fuertes y con eso las amenazas.

Ito ya de ahí no volvió a San Vicente ya había operativo de buscarlo, y se tuve que ir cada vez más transformándose a la clandestinidad

“En 1987 nos pusieron una bomba en la casa para asustar a la familia, pero mi hermano ya no estaba acá. Solo había una persona, pero no estuvo en riesgo. Ito ya de ahí no volvió a San Vicente, al menos al pueblo, ya había operativo de buscarlo, y se tuve que ir cada vez más transformándose a la clandestinidad”.

Con eso, el periódico llegó a 38 ediciones. Reinaldo escribió la versión 39 y se la envió desde Bogotá a su familia, pero esta nunca fue publicada. “Venía tan duro con el problema que había aquí con la llegada de los paramilitares, que le dije a mi hermano mayor: ‘Este periódico toca no sacarlo porque está muy agresivo y nos pone en peligro como familia’. Entonces, el periódico se quemó, el último que él mandó en 1988, y hasta ahí llegó”.

Rubén Plata Ramírez

Antes de empezar la década de los 90, el nombre de Reinaldo Ardila desapareció y lo reemplazó un alias: Rubén Plata Ramírez. Su vinculación al Eln fue inminente y sus destrezas lo llevaron a escalar rápidamente dentro de la organización guerrillera, donde se convirtió en comandante.

“Él estuvo un tiempo en la zona de San Vicente, hasta que ya tuvo que irse porque empezaron a delatarlo y le complicó su estancia en esta región. Se fue para los lados del nororiente, en el páramo, porque él era un defensor del agua y de Santurbán, que fue donde murió”.

En los años en las filas de la guerrilla, Ito se encargó de mandar cartas a su familia; de vez en cuando, se arriesgaba a llamarlos, les preguntaba brevemente cómo estaban. No entraba mucho en detalles de su vida clandestina.

uchas veces nos decían que lo habían matado, durante muchos años yo estaba acostumbrado a que me dijeran eso, hasta que finalmente sí era la verdad

Jaime se encontró con él un par de veces, le explicó la razón por las que había escogido esas palabras como su nuevo nombre. “Rubén era por un chucureño que estuvo combatiendo con (Augusto César) Sandino en Nicaragua en el año 30, Rubén Ávila; Plata por ‘El médico’ que fue del M-19, de Zapatoca (Santander) y lo mataron en un atentado; el último apellido por Jaime Ramírez, un vocero contra oligarquía liberal, quien fundó el periódico El Trópico”, asegura.

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Un viernes, la muerte le llegó a Ito. El 4 de septiembre de 1998, en medio de un operativo de inteligencia, falleció junto a otros 14 milicianos. “Muchas veces nos decían que lo habían matado, durante muchos años yo estaba acostumbrado a que me dijeran eso de Ito, hasta que finalmente sí era la verdad la noticia y tuve que ir a reconocer su cuerpo”. Tenía 42 años.

Los últimos años como miliciano alejaron a Reinaldo de su afición botánica, pero las muestras que recolectó son ahora un aporte póstumo a la identificación de la riqueza natural de los Yariguíes. En las hojas secas permanece.

Las características del parque

Parque Nacional Natural Serranía de los Yariguíes

Este espacio natural está ubicado a una altura entre los 700 y 3.400 metros.

Redacción ELTIEMPO.COM

tomado de: https://m.eltiempo.com/vida/medio-ambiente/comandante-reinaldo-ardila-del-eln-que-identifico-plantas-en-los-yariguies-317108

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