OPINIÓN Contrario a lo que muchos auguran, el gobierno de Santos sí puede firmar un acuerdo de paz con las FARC y probablemente con el ELN.
Sostener un proceso de negociación y llevarlo hasta la firma de un acuerdo de paz no es una decisión sencilla para los delegados de una organización rebelde. Es un acto de valentía, me comentaba un dirigente de la izquierda abertzale del país vasco.
La sombra de la traición martilla sobre el cerebro de los negociadores y pueden llegar a creer que la dejación de las armas es una forma de capitulación y que para nada han servido tantos años de penurias.














