Petróleo en aguas turbulentas: el ajedrez energético global.

Observatorio K.

Por: Alfonso Insuasty Rodríguez / Entre sanciones, rutas alternativas y tensiones geopolíticas, el petróleo redefine el poder global. De Rusia a Cuba y el Golfo Pérsico, emerge un sistema energético fragmentado que desafía la hegemonía occidental en plena crisis climática.

 

 

OIP 5

El crudo ya no fluye únicamente por ductos y rutas comerciales previsibles. Hoy circula por corredores geopolíticos en disputa, por circuitos financieros alternativos y por mares crecientemente militarizados.

Esta mutación expresa una reconfiguración profunda del poder global en la que, lejos de ser un simple insumo energético, el petróleo vuelve a ocupar, como en los momentos más críticos del siglo XX, un lugar central en la arquitectura del conflicto internacional.

Sin embargo, a diferencia de la Guerra Fría, el escenario actual no está regido por un orden bipolar estable, sino por una transición caótica hacia formas de multipolaridad aún en disputa.

El fin del monopolio del miedo

El llamado “orden basado en reglas”, categoría recurrente en la diplomacia estadounidense contemporánea, atraviesa una crisis simultánea de legitimidad y eficacia.

Como señala el Carnegie Endowment for International Peace, este concepto ha operado frecuentemente como un marco flexible sujeto a intereses estratégicos, mientras instancias multilaterales como Naciones Unidas, han reiterado la primacía del derecho internacional formal frente a interpretaciones unilaterales.

En este marco, las sanciones económicas han operado como instrumentos centrales de coerción, pero su uso intensivo ha generado efectos estructurales no previstos, incluyendo la proliferación de mecanismos y redes comerciales alternas (Council on Foreign Relations).

El International Monetary Fund advierte que estas dinámicas están impulsando una fragmentación geoeconómica que favorece la formación de bloques diferenciados, mientras instituciones como el Bank for International Settlements documentan el avance de sistemas financieros alternativos.

Rusia y la logística de la multipolaridad

La respuesta de Rusia a las sanciones impuestas por Estados Unidos, el G7 y la Unión Europea aceleró una reconfiguración logística de gran escala.

El elemento central de esta adaptación es la llamada “flota en la sombra”, una red de petroleros, banderas diversas y seguros fuera del sistema occidental, que permite sostener exportaciones hacia mercados como India y China, eludiendo el “price cap”, mecanismo impulsado por el G7 que fija un precio máximo al petróleo ruso para limitar sus ingresos, permitiendo su venta solo si se comercializa por debajo de ese tope.

El proyecto Russia Fossil Tracker, documentó cómo Rusia ha mantenido ingresos sustanciales por exportaciones fósiles pese a las sanciones.

Por su parte, la misma cadena de medios SER ha detallado que esta “flota en la sombra”, compuesta por cientos de buques, ha sido clave para sostener dichos flujos bajo restricciones.

Asimismo, el analistaenergético especializado en mercados petroleros y sanciones Sayantan Sarkar confirma que las sanciones han redirigido, más que detenido, los flujos de crudo ruso hacia Asia.

Estas evidencias muestran que el control occidental sobre las rutas energéticas ya no es absoluto. En su lugar emerge un sistema híbrido para occidente, formal e informal, que refleja una transición hacia un orden energético más fragmentado.

Energía, guerra y reconfiguración sistémica

En el contexto de las recientes tensiones en Medio Oriente, el petróleo ha retomado un papel central en la ecuación estratégica global.

El Golfo Pérsico y en particular el Estrecho de Ormuz sigue siendo un punto crítico, por allí transita cerca del 20% del petróleo mundial, lo que lo convierte en un nodo de alta vulnerabilidad sistémica.

Estas tensiones elevan el riesgo geopolítico y repercuten directamente en los precios internacionales del crudo.

Estados Unidos, como principal impulsor del régimen de sanciones, enfrenta una tensión estructural entre coerción geopolítica, la estabilidad de los precisos del crudo y la estabilidad económica global.

La U.S. Energy Information Administration muestra cómo las disrupciones en la oferta energética impactan de forma inmediata en los precios globales.

Esto obliga a una gestión pragmática y a menudo contradictoria de las sanciones, incluyendo flexibilizaciones tácticas para evitar choques energéticos. Se configura una 'coerción condicionada'.

El castigo no puede ser absoluto sin generar efectos sistémicos adversos. Un ejemplo fehaciente de esta esquizofrenia geopolítica es la reciente y temporal liberación de sanciones para la compra de petróleo ruso; una medida desesperada de Washington para inyectar el mercado ante la crisis de suministros provocada por el cierre selectivo del Estrecho de Ormuz.

Esta maniobra de Irán, ejecutada como respuesta legítima a la agresión militar de EE. UU. e Israel, demostró que el 'garrote' de las sanciones entra en contradicción cuando toca los intereses de la propia supervivencia energética de Occidente.

En última instancia, el flujo de crudo ruso terminó siendo un temporal salvavidas de un sistema que, horas antes, pretendía asfixiarlo.

Rusia-Cuba y el Desafío al Bloqueo

En el Caribe, el reciente envío de petróleo ruso a Cuba pone en evidencia los límites y contradicciones geopolíticas del régimen de sanciones.

Al parecer Washington ha debido operar con márgenes de flexibilidad ante la llegada de crudo ruso al a isla. Suceso que ocurre en medio de un bloqueo que supera las seis décadas y que, lejos de relajarse, ha sido reforzado recientemente por Estados Unidos.

S&P Global muestra que Cuba depende estructuralmente de importaciones de crudo para sostener su sistema eléctrico, lo que la hace altamente vulnerable a sanciones y disrupciones externas.

En paralelo, países como Venezuela han logrado sostener e incluso reactivar sus exportaciones mediante redes alternativas, nuevos destinos y esquemas flexibles de comercialización, pese a años de sanciones.

Datos recientes muestran que sus envíos superaron el millón de barriles diarios en 2026, impulsados por ventas a Asia y el Caribe, evidenciando una recomposición del mercado energético más allá del control occidental.

Aún bajo agresión extrema de EEUU, bloqueos, reconfiguración forzada de su liderazgo político (como el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores) y control ilegal externo sobre activos estratégicos, el país continúa operando en circuitos energéticos híbridos, combinando licencias, intermediarios y alianzas.

Este comportamiento confirma una tendencia estructural, las sanciones no eliminan la capacidad de inserción, sino que la transforman, acelerando la emergencia de un mercado energético fragmentado y multipolar.

La International Energy Agency reconoce que los flujos de petróleo se están reorientando globalmente, particularmente hacia Asia y circuitos no tradicionales, como resultado directo de sanciones y tensiones geopolíticas.

La paradoja climática

Este reordenamiento ocurre en tensión con la crisis climática. Aunque existe consenso científico sobre la urgencia de reducir la dependencia de combustibles fósiles, la demanda global de petróleo se ha recuperado tras la pandemia y sigue en aumento.

La International Energy Agency proyecta que el consumo global superará los 103 millones de barriles diarios, evidenciando una persistente dependencia estructural del crudo.

En conjunto, estos elementos muestran que el aislamiento energético absoluto es cada vez menos viable. Las sanciones no eliminan flujos, los reconfiguran.

Y en ese proceso, emerge un sistema energético más fragmentado, donde la geopolítica, la necesidad material y la crisis climática coexisten en tensión permanente.

Hacia un orden energético fragmentado

El siglo XXI es el siglo de los corredores, rutas físicas, financieras y geopolíticas que erosionan la vieja hegemonía.

Del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur INSTC a la Franja y la Ruta, pasando por el petróleo “gris”, emerge un sistema en capas, uno dominante, aún anclado en Occidente, y otro en expansión no atado, basado en monedas locales, acuerdos bilaterales y redes alternativas.

Cada barril que evade sanciones es poder en movimiento, nuevo orden emergiendo. El control ya no reside únicamente en quien impone la regla, sino en quien tiene la capacidad de rodearla.

Pero esta disputa ocurre sobre una fractura mayor, la crisis climática. El mundo necesita dejar el petróleo, pero la geopolítica lo vuelve más central que nunca.

Para América Latina, el dilema es claro, subordinación o soberanía y esa decisión no será técnica. Será política, histórica y sin ambigüedades.

*docente investigador universidad de San Buenaventura Medellín. integrante REDIPAZ y grupo autónomo Kavilando.

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