La crisis que atraviesa la USO trasciende una disputa sindical, pone en juego su memoria histórica, su autonomía frente al poder corporativo y la defensa de Ecopetrol. El desafío es evitar que la resistencia obrera termine administrada por los intereses del capital.

Por: Alfonso Insuasty Rodríguez*
Desde su fundación en 1923, la USO ha estado ligada a las luchas por los derechos laborales, la soberanía sobre los recursos naturales y la defensa del patrimonio energético nacional. Su historia se entrelaza con las disputas por el petróleo, la organización de los trabajadores y la defensa de Ecopetrol como empresa estratégica. Esta trayectoria no pertenece solo a una estructura sindical, forma parte de la memoria popular colombiana.
Por ello, la denuncia del Congreso de los Pueblos sobre el rumbo asumido por sectores de la dirección sindical, particularmente alrededor de su presidente Martín Ravelo y del tesorero Daniel Sossa, plantea una cuestión de fondo, ¿puede una organización obrera conservar su identidad histórica cuando sus decisiones se aproximan a los intereses empresariales y se distancian de las reivindicaciones de sus bases?
Desde la @usofrenteobrero agradecemos al señor Presidente de la República @ABDELAESPRIELLA por convocar a su Despacho a la Unión Sindical Obrera USO.
— USO Colombia (@usofrenteobrero) August 21, 2026
Nuestro compromiso superior es con la soberanía y autosuficiencia energética de los colombianos, el fortalecimiento de… pic.twitter.com/TYQ6ZH6g10
De la autonomía de clase a la captura corporativa
La amenaza para las organizaciones populares no siempre proviene de una agresión externa. También puede instalarse mediante burocratización, profesionalización de las dirigencias bajo lógicas neoliberales y separación progresiva entre representación y bases. Allí opera la cooptación corporativa.
No necesita destruir la organización, puede conservar sus siglas, estructuras y discursos mientras modifica sus prioridades y relaciones con el poder. Así, una organización puede continuar hablando en nombre de los trabajadores mientras sus decisiones responden a incentivos cada vez más alejados de su origen histórico.
Es una forma sofisticada de despolitización, no destruir la resistencia, sino administrarla. Cuando la negociación sustituye la movilización, la deliberación de las bases y la autonomía de clase, los intereses corporativos terminan delimitando aquello que la organización considera políticamente posible.
La Ética de la Liberación de Enrique Dussel, permite profundizar esta discusión, para Dussel, la crítica ética parte del reconocimiento de la vida concreta de quienes son subordinados, excluidos o sacrificados por una totalidad dominante. En el ámbito sindical, la pregunta no es únicamente si una decisión es legal o estatutariamente válida, sino ¿a quién beneficia, a quién perjudica y qué proyecto de sociedad reproduce?
Una organización obrera puede cumplir formalmente sus procedimientos y, al mismo tiempo, alejarse de su fundamento ético si deja de responder a las necesidades de trabajadores, comunidades y territorios afectados por el modelo económico. Aquí la memoria adquiere una dimensión política, la memoria obrera no es nostalgia, es conocimiento acumulado desde la lucha. Contiene aprendizajes sobre explotación, dominación empresarial, defensa de lo público y conquistas alcanzadas al costo de vidas y sacrificios. Debilitarla facilita presentar como inevitables relaciones de poder que otras generaciones cuestionaron y enfrentaron.
Ecopetrol: una disputa por soberanía
La discusión adquiere especial relevancia alrededor de Ecopetrol. Defender una empresa estatal estratégica no significa negar la eficiencia, la modernización o la transición energética; significa reconocer que los recursos energéticos tienen una dimensión económica, territorial y geopolítica. El petróleo no es únicamente una mercancía, su control incide en la soberanía, los ingresos públicos, la seguridad económica y la capacidad estatal para garantizar derechos. Por ello, cualquier privatización, tercerización o transferencia de funciones estratégicas al sector privado debe ser objeto de deliberación pública y no quedar subordinada exclusivamente a la lógica empresarial.
Defender Ecopetrol, entonces, no es solo una reivindicación sindical, es disputar quién controla los bienes estratégicos y en beneficio de quién se utilizan.
Una organización popular pierde fuerza cuando su dirección deja de responder a quienes representa. La democracia sindical exige más que elecciones, requiere deliberación permanente, control de las bases, transparencia, rendición de cuentas, circulación de información y capacidad efectiva para cuestionar las decisiones dirigenciales.
Frente a la burocratización o la captura corporativa, la respuesta no debería ser la fragmentación, sino más democracia-participación desde abajo. Las asambleas, trabajadores de base y organizaciones territoriales deben recuperar capacidad real de decisión. La autonomía sindical madura y construye cuando una organización puede dialogar con gobiernos, empresas y partidos sin convertirse en instrumento de ninguno de ellos.
Una herramienta de lucha, no una reliquia
La memoria de la USO no puede convertirse en un museo de nombres ilustres. Raúl Eduardo Mahecha, María Cano e Ignacio Torres Giraldo, entre otros otras, expresan una concepción de organización popular fundada en dignidad, solidaridad y capacidad colectiva para disputar las condiciones de vida.
El desafío es actualizar esos principios frente a la financiarización, la transición energética, la privatización de bienes estratégicos, la tercerización y las nuevas formas de precarización laboral. El capital también ha aprendido, no siempre necesita enfrentar al sindicato mediante la represión abierta; puede incorporarlo a una lógica de gestión, negociación y administración del conflicto que reduzca su capacidad de cuestionar las estructuras que producen desigualdad. Por eso, la autonomía obrera es hoy una cuestión estratégica.
La respuesta no puede reducirse a una disputa de facciones o cargos, debe abrir una discusión sobre el sentido del sindicalismo y su función social ¿para qué existe una organización obrera? Si existe para administrar intereses particulares, termina reproduciendo la lógica corporativa que dice combatir. Si existe para organizar trabajadores, defender derechos, disputar el poder económico y contribuir a la transformación social, debe permanecer vinculada a sus bases, territorios y luchas populares.
La dignidad no puede convertirse en moneda de negociación; la memoria, en decoración discursiva; ni la representación, separarse de quienes son representados.
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Recuperar la organización desde abajo.
Si una organización obrera pierde su autonomía, pierde también capacidad popular para disputar el rumbo económico, político y social del país.
La coyuntura de la USO debe servir, por tanto, para algo más que denunciar una posible desviación de su dirección, debe abrir una discusión nacional sobre el futuro del sindicalismo colombiano y sobre la necesidad de recuperar, desde las bases, su autonomía, su memoria y su capacidad transformadora.
Defender la organización obrera es, ante todo, defender el derecho de los trabajadores a decidir colectivamente qué organización quieren y qué sociedad están dispuestos a construir.
*docente investigador Universidad de San Bueanaventura Medellin, parte de REDIPAZ.
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