De la prevención social a la reacción total. Supresión, asesinato, impotencia y silenciamiento del otro como medición institucional.

Linea Conflicto Social y Paz

Por: Omar Eduardo Rojas Bolaños*

Tan sólo en la ciudad de Bogotá cerca del 30% de los Centro de Atención Inmediata CAI han sido destrozados, es producto más allá del asesinato del abogado Javier Humberto Ordoñez, a las quejas e inconformidades por abuso de autoridad, actos de corrupción y acciones criminales de integrantes de la fuerza del orden, se suma la pérdida de credibilidad y confianza ciudadana en la institución de policía, de igual que el descontento de una población a que el Estado les ha quitado la oportunidad de soñar, de estudiar y de trabajar. Es urgente pensar en una reforma profunda y esencial pues si existen opciones.

 

 

00 abuso policia

Más que por capricho y soberbia, intereses individuales mercantiles y guerreristas conducen al debilitamiento de la institución que podría desplegar acciones para la construcción de un espacio social y legal donde, retomando las palabras de Estanislao Zuleta, los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse, “sin que la oposición al otro conduzca a la supresión del otro, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo”. El maestro del Elogio a la dificultad al escribir Sobre la guerra lo advertía al reconocer que el conflicto y la hostilidad son fenómenos tan constitutivos del vínculo social como por la interdependencia misma. El sueño de una policía amada, querida y requerida por la población se desvaneció con la instauración de la política de seguridad ciudadana la que, en contravía a la constitución de 1991, convirtió, lentamente, al ente encargado de garantizar la convivencia, la armonía y la construcción de espacios sociales para resolver conflictos ciudadanos, en el cuarto componente de las fuerzas militares. Algunos no se han percatado de ello puesto que recitan el articulado constitucional que da vida a la institución de policía.

Quienes se encuentran a la cabeza de la policía nacional, de igual manera que sus antecesores, no tuvieron la fortaleza de velar por los principios de una policía de proximidad, por la policía comunitaria. En pleno conflicto la policía comunitaria se había acercado a la población, y consciente de sus alcances y recursos buscaba, no solo garantizar la convivencia y la armonía de la cuadra, el barrio, la comuna, sino de reflexionar y debatir problemáticas de conflicto local. Aunque tenía contradictores en las mismas filas al postular una policía no guerrerista lograba inspirar a los policías encargados de la vigilancia rutinaria al entablar redes sociales en la base de la sociedad. Mientras que la medición del trabajo de policía era para algunos por el número de armas de fuego incautadas, el número de personas capturadas, el número de comparendos elaborados, la cantidad de “drogas” decomisadas, o el número de “terroristas” dados de baja, entre otros, para la policía comunitaria era la calidad de la interacción que daba a los ciudadanos, la manera de intentar resolver conflictos entre vecinos o de la cuadra. Se medía al policía comunitario por la capacidad de escuchar al ciudadano, no para que se convirtiera en soplón de su comunidad sino para desarrollar en conjunto acciones para garantizar la convivencia barrial. Un policía comunitario no ponía en riesgo a sus informantes.

La imagen de la policía comunitaria se posicionó, en especial, en barrios populares convirtiéndose en referentes sociales, los niños soñaban en un mañana llegar a ser policías. Una de las características del policía comunitario, además de su don de gente, era su transparencia, su integridad, su tolerancia. No se involucra en acciones criminales, tenía y vivía por la vocación al servicio, convive en la misma comunidad y respeta al ciudadano. En aquella época no había reunión entre comunidad y policía donde al menos no se compartiera un pocillo de agua de panela, un tinto y un pan. Las juntas de acción comunal era una de sus escuchas, organización hoy perfilada por las fuerzas armadas como uno de los enemigos internos del país, el manual de adoctrinamiento militar Guerra política a nivel táctico, “El eslabón de la acción integral” lo establece.

El ultimátum a la policía comunitaria lo dio quien fuera dos veces presidente durante la primera década del presente siglo. La policía nacional quedó sin el componente comunitario, sin redes barriales. El gobernante, junto al director general de la institución para la época, dieron fin a la policía comunitaria aludiendo que no podía existir dos policías, una admirada por el rol guerrerista y la otra incrustada en el seno barrial. En palabras coloquiales de algunos oficiales para la época, no podían coexistir al mismo tiempo una policía buena, la comunitaria, y una policía mala, la de la vigilancia rutinaria. La calidad de mala la establecían por el número de quejas por violación de los derechos humanos y la insatisfacción del servicio. En la segunda mitad de la primera década las inconformidades ciudadanas por el servicio de policía llegaban a 15.000, hoy superan las 60.000.

Nunca un policía comunitario se atrevería a darle cachetadas a un ciudadano; a humillarlo públicamente en procedimientos de policía; a golpearlo delante de familiares; a asfixiarlo entre dos o tres para conducirlo más frágilmente. Los desmanes de los dos últimos días donde, tan sólo en la ciudad de Bogotá cerca del 30% de los Centro de Atención Inmediata CAI han sido destrozados, es producto más allá del asesinato del abogado Javier Humberto Ordoñez, a las quejas e inconformidades por abuso de autoridad, actos de corrupción y acciones criminales de integrantes de la fuerza del orden, se suma la pérdida de credibilidad y confianza ciudadana en la institución de policía, de igual que el descontento de una población a que el Estado les ha quitado la oportunidad de soñar, de estudiar y de trabajar.

El accionar de policías responde al adoctrinamiento que reciben en las escuelas de policía frente al enemigo interno donde hasta los vendedores informales son adversarios. La lucha anticomunista, de igual manera que en el ente militar, se apoderó de las mentes de los servidores públicos de policía. El actuar de militares y policías simplemente responden al adoctrinamiento donde se busca la supresión del otro, matándolo, reduciéndolo a la impotencia, o silenciándolo.

Postdata: El reflexionar acerca de la cuestión militar y la cuestión policial, de igual manera que denunciar la violación de derechos humanos en redes sociales y el accionar criminal y delincuencial de servidores públicos es obligación social.

* Sociólogo, investigador, Coronel (r) de la Policía Colombia. Integrante de la Red Interunviersitaria por la Paz Redipaz, actual Consejero de Paz Conpaz Medellín por el sector Colombianos en el Exterior.

Referencias:

El Tiempo (2020). ¿Muerte del abogado Ordóñez podría ir a la justicia penal militar? 9 de septiembre.

Zuleta, Estanislao (2017). Elogio a la dificultad y otros ensayos. Biblioteca básica de cultura colombiana.

Ortíz T. (/f). Guerra política a nivel táctico, “El eslabón de la acción integral”

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