Por: Alfonso Insuasty Rodríguez. / Más que una isla, Cuba ha sido un proyecto histórico de soberanía, salud, ciencia, educación, deporte y solidaridad internacional. Con indicadores sociales de primer orden y un firme compromiso con el Sur Global, su experiencia es ejemplo para América Latina en temas de integración, dignidad y futuro.

Cuba ha desempeñado un papel singular en el sistema internacional, más allá de su tamaño geográfico o demográfico, la isla se constituyó en un referente simbólico y material para los pueblos del Sur Global en materia de soberanía, autodeterminación y construcción de alternativas frente a dinámicas de dominación.
Desde 1959, en un contexto marcado por la Guerra Fría, el surgimiento del Movimiento de Países No Alineados y las disputas por la hegemonía mundial, la experiencia cubana proyectó una narrativa de dignidad nacional que trascendió sus fronteras. Al presidir el MNOAL en 1979, La Habana impulsó con fuerza la cooperación Sur–Sur, la denuncia del colonialismo y la reivindicación del derecho al desarrollo como componente inseparable de la soberanía.
Cuba desempeñó también un papel relevante en los procesos de descolonización africanos, particularmente en Angola y Namibia, contribuyendo al debilitamiento estructural del régimen del apartheid sudafricano, reconocimiento que fue expresado públicamente por líderes como Nelson Mandela. Esta política exterior se articuló en torno a la idea de soberanía activa, no sólo resistir presiones externas, sino incidir en la transformación del orden internacional.
En el plano jurídico y político, la isla ha defendido sistemáticamente el principio de no intervención y ha denunciado el impacto del ilegal y criminal embargo-bloqueo estadounidense en foros multilaterales, donde año tras año una mayoría abrumadora de la Asamblea General de la ONU vota contra dicha política.
Internacionalismo médico.
Uno de los aportes más reconocidos de Cuba es su diplomacia médica. Desde 1963, cuando envió su primera brigada a Argelia, más de 400.000 profesionales de la salud han prestado servicios en más de 160 países, según datos oficiales cubanos. La Brigada Henry Reeve, creada en 2005, se especializa en desastres y epidemias; participó en la lucha contra el ébola en África Occidental (2014) y en la atención a la COVID-19 en distintos continentes.
En el plano interno, Cuba consolidó un sistema de salud universal, gratuito y preventivo, con uno de los ratios médicos por habitante más altos del mundo (superior a 8 médicos por cada 1.000 habitantes en diversos periodos). La atención primaria, médico y enfermera de la familia, constituye la columna vertebral del modelo.
En relación con el VIH/SIDA, Cuba desarrolló tempranamente programas de diagnóstico, seguimiento epidemiológico y acceso universal a tratamiento antirretroviral.
En 2015, la Organización Mundial de la Salud reconoció a Cuba como el primer país en eliminar la transmisión materno-infantil del VIH y la sífilis congénita como problema de salud pública. La cobertura terapéutica amplia y el enfoque preventivo permitieron mantener bajas tasas de mortalidad asociadas al VIH en comparación con otros contextos regionales.
Asimismo, Cuba registra históricamente una de las tasas de mortalidad infantil más bajas de América Latina, en algunos años por debajo de 5 por cada 1.000 nacidos vivos, comparable a países desarrollados.
Este indicador sintetiza la efectividad del sistema sanitario, la cobertura prenatal y la universalidad de servicios.
Ciencia, biotecnología y vacunas: soberanía tecnológica
A pesar de restricciones económicas severas, Cuba desarrolló un polo científico de referencia en América Latina. El Instituto Finlay de Vacunas y el conglomerado estatal BioCubaFarma lideraron el desarrollo de vacunas propias contra la COVID-19, entre ellas Soberana 02 y Abdala, logrando inmunización masiva con producción nacional.
Previamente, Cuba había sido pionera en la producción de la primera vacuna eficaz contra la meningitis B, además de desarrollar y exportar inmunógenos contra hepatitis B, Haemophilus influenzae tipo b y otros agentes. Esta estrategia respondió a una concepción de soberanía científica, reducir dependencia tecnológica y garantizar acceso universal a medicamentos y vacunas.
La articulación entre universidades, centros de investigación y sistema público de salud permitió formar generaciones completas de científicos, médicos e ingenieros biomédicos, consolidando capacidades endógenas en biotecnología.
Educación universal, igualdad escolar y desarrollo humano
La campaña nacional de alfabetización de 1961 erradicó el analfabetismo estructural en la isla en menos de un año. Desde entonces, Cuba mantiene tasas de alfabetización cercanas al 100% y niveles de escolarización universal en educación primaria y secundaria, con acceso amplio a educación superior.
El principio de igualdad escolar, mismo currículo, cobertura universal, gratuidad en todos los niveles, se tradujo en movilidad social intergeneracional.
Generaciones completas de profesionales cubanos y extranjeros, muchos de ellos provenientes de sectores históricamente excluidos, se han formado en instituciones de educación superior de la isla, entre ellas la Escuela Latinoamericana de Medicina, que ha graduado decenas de miles de médicos comprometidos con la atención primaria en comunidades vulnerables de América Latina, África y Estados Unidos. Este modelo formativo no sólo transmite competencias técnicas, sino una ética de servicio público y medicina comunitaria que ha impactado sistemas sanitarios más allá de Cuba.
Desarrollo Humano.
En términos de desarrollo humano, Cuba ha sostenido indicadores consistentes, esperanza de vida superior a 77 años en diversos periodos, mortalidad infantil entre las más bajas del continente, en determinados años por debajo de 5 por cada 1.000 nacidos vivos, y cobertura educativa universal.
Estos resultados adquieren particular relevancia considerando las restricciones económicas prolongadas derivadas del embargo criminal e ilegal estadounidense, que han condicionado el acceso a financiamiento, tecnologías y mercados.
Soberanía, integración y desafío histórico. La experiencia cubana ha sido faro, proyección y empuje de diversas corrientes revolucionarias, fuerzas de izquierda y también en corrientes progresistas latinoamericanas.
Cuba ha demostrado claramente que, la salud pública, educación universal, ciencia aplicada, el deporte pueden constituirse en ejes estructurales de un proyecto nacional soberano. No se trata únicamente de una orientación ideológica, sino de una arquitectura institucional que prioriza inversión social sostenida como fundamento de la legitimidad política.
Debilidad regional.
Sin embargo, el escenario regional contemporáneo evidencia fragmentación estratégica y debilitamiento de mecanismos de integración.
La agenda de soberanía regional, cooperación científica, seguridad alimentaria, integración energética y defensa coordinada de políticas sociales, enfrenta presiones sistémicas en un orden internacional asimétrico, donde las capacidades de coerción económica y financiera continúan siendo instrumentos de disputa geopolítica.
El debate excede coyunturas electorales y cálculos de corto plazo, remite a la viabilidad histórica de proyectos capaces de sostener dignidad, autonomía decisional y justicia social en América Latina.
La experiencia cubana funciona, en este sentido, como laboratorio político y social, exhibe logros tangibles, enfrenta limitaciones estructurales y obliga a repensar las condiciones materiales y políticas necesarias para sostener procesos de transformación.
Los gobiernos progresistas hoyo, han operado en entornos complejos, condicionados por dependencias económicas y presiones externas, lo que ha limitado la consolidación de agendas de integración robustas y sostenidas.
Los gobiernos pueden y deben hacer más, por ahora, parece siguen la ruta de la diplomacia discreta o estratégica, al tiempo, el cálculo electoral, no es claro. Lo que si es claro es la sensación de vacío y desazón, frente a la ausencia de un actuar contundente y coordinado.
El pueblo sigue en pie.
Por su parte, los pueblos han desplegado una potente red de redes de solidaridad transnacional, campañas de apoyo, articulaciones sociales, iniciativas humanitarias y acciones de denuncia en múltiples países.
Estas dinámicas expresan una dimensión de la política internacional que no depende exclusivamente de los Estados, sino de sociedades civiles organizadas que conciben la soberanía y la cooperación como bienes comunes regionales.
Cuba continúa siendo un referente para amplios sectores que asocian su trayectoria con resistencia, afirmación nacional y búsqueda de un orden más equitativo.
Su experiencia, reconociendo fortalezas y límites, es imperativa para pensar el futuro de América Latina y del Sur Global.
Evaluar esas lecciones históricas no implica reproducir modelos de forma mecánica, sino comprender las condiciones bajo las cuales es posible sostener proyectos orientados a la dignidad, la equidad y la autodeterminación de los pueblos.
Cuba NO ESTÁ SOLA!!!
Nuestra América libre y soberana!!
Nuestra América es región de Paz y Felicidad!!
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